martes, 22 de septiembre de 2015

LLanto

Tenía nueve años y esa mañana estaba dormida. Iba a la primaria, pero como mi turno “era el de la tarde” no me enteré de modo directo, todo era muy borroso y mamá y papá  (lo recuerdo muy bien) sacudían mi cuerpo regordeto para salir corriendo.

Adormilados, escuchábamos murmullos y llantos, pero nada estaba claro, nada entendía. Lo más nítido que aparece en la revoltura mental es la de mis padres llorando y abrazados, en el fondo un aderezo de diez de la mañana, con muchas mariposas y un sol radiante.  Así era Morelos, lugar de acontecimientos paradójicos. Pero más allá de las bardas caídas y calles fracturadas, se respiraba mucha incertidumbre entre las personas que caminaban ruidosas y pasmadas.


No había señal de televisión y los teléfonos públicos (único medio de comunicación en la distancia) no servían.

Mis papas lloraban más, y en el transcurso de las horas se supo que toda nuestra familia de la ciudad monstruo (así la recuerdo desde siempre) estaban bien, pero no así otros miles. Y mis papas… lloraban.

Yo me inventaba historias sobre el fin del mundo y una parte de mí, pequeñita pero potente estaba gustosa, porque el fin del mundo implicaba ya no ser burlada en la escuela, tener por fin un amigo. Eso me ponía feliz, me ponía triste.

El día veinte de septiembre, Elsa cumple años y en esa ocasión, ante una niña de dos años había pastel de chocolate muy cremosos que mamá había preparado. Era una noche opaca, la conversación no fluía y el mundo no se estaba acabando, más bien algunos de sus fragmentos caían en grandes pedazos.

Esa noche sentí una vergüenza doble: no podíamos tener una sonrisa plena para festejar a mi hermosa hermana, hacerlo me parecía desconsiderado (no tenía clara la noción de esa palabra pero sonaba grandota) pero además, en cuanto la entraña de la tierra se comenzó –otra vez- a revolver a las diecinueve cuarenta y cinco de la noche, salimos los cinco, abrazados, fuerte, fuerte al centro del jardín y mientras llorábamos –otra vez- me sentí tan egoísta (esa palabra sí tenía una contundente caracterización)  de que ese pedacito de mí “el de la patita fea” haya sido por un ratito más grande que las historias de los que ahora imaginaba perdidos, con muchos tabiques encima, cubiertos de polvo y partes rotas. Muchas mamás buscando a sus hijos, tal vez fragmentados, solitxs y sin abrazos, y una palabra suavemente desgarradora: desesperación.

Ellos rezaban y mis hermanas y yo, impávidas pensando que la casa se nos caería encima (¡Caray!-Niña-egoísta-pequeño-burguesa-que sí tenía-casa-mientras-muchxs-lo-habían-perdido-todo).

 La angustia de la ausencia, del nunca encontrar, del ser un número más entre los desaparecidos.  Pensaba tanto en muerte, que de recordarme a los nueve años, y recordar lo que vivimos también ahora, me estremece.

Pasaron los días y mi papá quiso ir al D.F a ayudar, pero muy rápidamente regreso con ronchas, mi mamá no me dejaba ver la tele y la constante era otra vez el llanto.

Poquitos años después, ya de puberta y robándome retazos del periódico “uno más uno” (había una sección del sábado de contenido erótico que coordinaba Huberto Batis, que aunque no entendía me parecía fascinante) vi imágenes del terremoto, me enteré de los diversos modos de solidaridad entre las personas, leí historias de otrxs que se seguían buscando a sus familiares, de héroes y heroínas anonimxs, de la rapiña, y de lo que sin duda me hacía abrir los ojos grandotes y en ese tiempo sin comprender: porque tantxs denunciaban a un señor canoso que hablaba de un terremoto como sí "no-pasa-nada", que incluso mandaba a la ciudadanía organizada desde la espontaneidad a sus casas y  un estúpido mensaje de “ahí yo les hablo si se hace falta”, al preguntar de quien se trataba, me contaron de la figura de "Presidente como representante del Estado” y desde ahí... comencé a desconfiar de todo lo que eso significara.  No entendía del todo, pero veía y sentía la rabia de las personas alrededor y por tanto puberta, insegura y con granitos en la cara también me enoje.



Pasaba los años y buscaba más información, me hacía fantasías sobre las personas sepultadas y el estadio lleno de cadáveres del que ahora es una plaza “famosa”, las últimas ideas de quienes quedaron ahí entre los nunca encontrados de la ciudad monstruo, después supe de Rockdrigo y de los niñxs en los cuneros, después la historia de las compañeras costureras, de esas mujeres que dejaron morir por “rescatar” a las máquinas de los empresarios, donde queda claro que la vida de las mujeres, las obreras, las pobres, no vale, no existe siquiera para el capitalismo voraz. Para ese entonces ya no estaba enojada, sino rabiosa, y la rabia se volvía llanto, y así como espiral y otra vez.



Los días diecinueve y veinte de septiembre de mil novecientos ochenta y cinco marcaron mi vida: 

Vi a mis padres abrazados y amorosos, me conocí egoísta y desconcertada, comencé a entender la complejidad y chispa activa de la colectividad, inicie en el asomo de las historias del mundo, y el nosotrxs ya no me sonaba una palabra bonita de los libros infantiles, sino la posibilidad de saberme –también- en el mundo; me supe macabra y fantasiosa, devoradora de historias de horror, me supe enojada, rabiosa y belicosa contra las injusticias provocadas por un estado y el mundo del dinero, y supe también que esa ciudad monstruo que en aquél tiempo, veía de lejos, sería también mi casa: luz y oscuridad para los pasos cotidianos. 


Llanto. Diana Marina Neri Arriaga, 21 de septiembre del 2015.      

jueves, 16 de julio de 2015

Pensar... sentir...

Pienso en Nestora, en Luisa Velázquez Herrera (Nuestra compa Menstruadora), en las mujeres que siguen levantado la huelga de Makilas Cartagena, las compañeras de la comunidad indígena de Santa María Ostula, y muchas que no conozco pero que con su tremenda voz, con su nombre y camino, tienen una acción, una denuncia; las que ahora mismo están abortando, las que comienzan a amarse, las que llevan fuertes mucho tiempo. Pienso en las mujeres que tienen miedo y en las que no, compañeras –todas- sepan que aunque parezca que el ruido nos distrae, la mutilplicidad nos dispersa, el dolor de las ausentes nos inunda, estamos acá con nuestra cuerpa llena de rabia creativa para saberlas en la memoria, para buscar alternativas de apoyo y movimiento, y desde todos los espacios (no siempre son las marchas, las acciones directas, las charlas de café, la firma de pronunciamientos, las redes sociales) sino con las vecinas, las mujeres en la calle, las compañeras en la escuela, las anónimas de la fila, ponemos la palabra firme, el pecho abierto y no sólo de esperanza (palabra tan gastada) sino con la confianza a los pasos dados, estamos dinamitando, construyendo.
¿Quién dijo que todo está perdido? Nos tenemos a nosotras… y eso nos vuelve imparables.


miércoles, 15 de julio de 2015

Sugiero avidez de deseo, curiosidades, peregrinajes

Sacar el amor a la calle, para discutirlo, desmenuzarlo, romperlo, reconstruirlo, y volverlo a romper ¿o armar?
Sacar el amor a la calle, para amar o contra-amar, sacarlo a empujones del sistema, deshacer su estética y hacerlo un tema, un discurso pensable. Lo niego como un orden instaurado que me da “hálito” o esperanza y… ¿los otros 5897 sentimientos?
Amor o no amor, afectos o afinidades
Sacar el amor a la calle, hacerlo hablar, interpretar, no creer, ni tener fe, sino construir confianza, dar pasos grandes haciendo preguntas, de vez en cuando hacerlo callar y de vez en diario vomitar su metafísica.
No quiero vivir en estado de interpretada… soy finita y eso que me dijeron del amor, también…
Sugiero avidez de deseo, curiosidades, peregrinajes.
Sugiero viajes internos en espiral.
Subvertirnos.


Mientras tanto...

Y ese sábado… no participe en la marcha.
La calle –otra vez- fue tomada por el color, las fiestas y las orgullosas expresiones lúdicas que cada último sábado de junio del año, le hacen a la ciudad “políticamente correcta”, “respetar” y “tolerar” la diversidad sexual y genérica.
Año con año, desde el 2002 (los dos primeros como banquetera) activamente elaboro pancartas, pongo el cuerpo, el grito y las ganas para asumir desde la disidencia (por favor no se lea diversidad) mi acto político de decidir con cuantxs me acuesto, a cuantxs amo, y posicionar también que el género es también una violencia grandota y avasallante … en fin para aullar contra la heteronormatividad (palabra pomposa que mucho dice, pero pocxs letradxs entienden) que: ¡No hay libertad política sino hay libertad amorosa y sexual!
Me he posicionado en conjunto, con colectivos o de modo independiente, desde la rabia de la protesta, contra la les-bi-trans-fobia y contra todas las imposiciones amatorias, sexuales, eróticas etc, que en particular, a las mujeres nos imponen.
Respeto el carnaval (es catarsis y una vez al año salida del closet para algunes) respeto todas sus expresiones festivas (las desnudeces, bailes exóticos etc) e incluso respeto sus alegrías por las nuevas cárceles sociales a las que algunes –con urgencia- desean entrar (matrimonio igualitario), pero lo que sí no respeto, ni respetaré jamás, es el mercado rosa y su capitalismo voraz que logra fagocitar luchas; no respeto el sexismo y la misoginia de algunes que para “colocarse” socialmente en la lucha por el “ reconocimiento” denostan las luchas de otras, particularmente la de las compañeras en los feminismos; no respeto el especisimo, clasismo y racismo ni ninguna forma de discriminación.
Este año, no porté banderita, ni participe del experimento social del cara de libro del pride, (seguramente al colocar estas letras, también participo de otro experimento ya programado) no promuevo en ningún modo los matrimonios igualitarios, cuestiono la concepción de pareja y la univoca posición de colocar al “amor”, sin embargo, tampoco me les voy a la yugular y les insulto por estar adscritos ahí, mejor invito a leer entre líneas y abrir los panoramas, cavernas, castillos, abrir-se es también caer-se y no sé si ir, correr, entrar, a un lugar mejor o peor, sólo sé, que es otro lugar.
No grite, ni me jacte de estar con treinta amigxs divertidxs, no me tome la chela, ni la selfie, no presumí mis ropas. Estuve tímida parada en una esquina de bellas artes, cerca muy cerca de las sábanas blancas, manchadas de sangre de impunidad, rodeada de carteles y muchas, muchísimas personas, les que estaban en la vendimia de colores y chicharrones, les que estaban formades en larguísimas filas para entrar a la exposición de bellas artes, les participantes en las carpas del plantón de 43 horas por nuestros 43, las festivas, las expectantes, las ajenas, las involucradas.
Gente, personas, humanes. Entre elles, muchas se miraban, pero muchas no. Algunes se escuchaban, pero la mayoría no.
Mientras tanto represión en Estambul.
Decidí hacer una pausa, dos. Estar en medio del mundo, pero sólo mirar y transcurrir.
Mientras tanto resistencia en Xochicuautla.
Me estoy gritando, estoy cayendo, desde el suelo también se puede mirar distinto, participar del mundo, desde la reflexión y el silencio.
Mientras tanto a las mujeres en este país nos siguen criminalizando, nos siguen asesinando.
No participe en la marcha del sábado. ¿Cómo hacer desde otros caminos colectividad? ¿Hemos aprendido a mirar para adentro y después salir?
Mientras tanto persecución política en todo el país.
¿Desde dónde queremos caminar?
Mientras tanto la vida corre.




"Una verdadera concepción de la relación entre los sexos no debe admitir los conceptos de conquistador y conquistado; debe suponersolo esta gran cuestión: darnos sin límite con el objetivo de hallarnos más ricos, más profundos, mejores". (1906)
Emma Goldman, 'La palabra como arma'. Editorial La Malatesta)

Saliendo del retrete

Ella me tiró al retrete y después jaló la cadena
….
Me pierdo
Voy en espiral
Salgo de la cañería
 me recupero
y la vuelvo a pensar.
Quería enseñarle a ver dragones
Ella dijo que no.
Extrañaré su calorcito de escorpiona fuerte
Hace viento cuando la pienso
Me escondo de su furia contagiada
Influida
Y no…
no escucha.
Quería enseñarle a ver dragones

Y sólo me alcanzo para una sirena. 


martes, 14 de abril de 2015

Debate sobre el devenir de la cultura mexicana

Hace ya un ratote, es decir, en el 2012, participé en un debate organizado por los profesores/as del COLEGIO DE BACHILLERES sobre 

el devenir de la cultura mexicana, recién me encontré con los videítos y para que no se me olvide aquél encuentro, lo comparto por esta contundente virtualidad.

https://www.youtube.com/watch?v=LRmnm8miaUE


https://www.youtube.com/watch?v=FGMyEHdpsr4















https://www.youtube.com/watch?v=9akBMkhS7pE


https://www.youtube.com/watch?v=5DKDHlP8iIc



























Debate sobre el devenir de la cultura mexicana. Los Valores 3 de 4.wmv




Desconfiar del amor para liberar el deseo...

Y… si ¿Desconfiamos del amor para liberar el deseo como propone Orlando Esquizo siguiendo a Deleuze? Podríamos también ¿Estallar el cuerpo estereotipado que se exige de nosotras y disfrutar de nuestras carnes, pliegues y hendiduras sin esperar el ojo colonizado de nadie? ¿Sería posible cuestionar el régimen heterosexual creando colectividades lúdicas que comienzan con nuestras introspecciones?


Todas estas, estrategias de autodefensa feminista, nos dislocan de ser cuerpo cogible, para convertirnos en una cuerpa cogiendo.

Fragmento de la ponencia "Del erotismo de autoayuda al hágaselo usted misma: Reflexiones de una puta, puerca o libertina que también se llama feminista". presentada en el primer coloquio de las sexualidades prohibidas, ENAH, 26 y 27 de marzo del 2015, PUBLICADA PRÓXIMAMENTE. 

PROBADITAS DE CONTRA AMOR.

  Tiene mucho que no hablo de contra amor, y ya es urgente retomarlo en términos de la palabra escrita y hablada para compartir, ya que en l...