Las brujas que somos

Las brujas que somos
La vida está en gran parte compuesta por sueños. Hay que unirlos a la acción: Anaís Nin

domingo, 30 de noviembre de 2008

Relación cuerpo y poder en Michel Focault

Entrevista a Foucault: las relaciones de poder penetran en los cuerpos

Extracto de una entrevista del año 1977 en la que Foucault explica el giro de pensamiento que adoptó con su primer volumen de "La Historia de la Sexualidad", especialmente en relación a su concepción de los mecanismos del poder.


L. Finas: Michel, hay un texto que me parece realmente asombroso desde todos los puntos de vista: el primer volumen de su Historia de la sexualidad, "La voluntad de saber". La tesis que usted defiende en él es inesperada y, a primera vista, simple, pero se hace progresivamente más compleja. En resumen, digamos que entre el poder y el sexo no se establece una relación de represión, sino todo lo contrario.

M. Foucault: Hasta cierto momento yo aceptaba la concepción tradicional del poder: el poder como un mecanismo esencialmente jurídico. Lo que dicen las leyes, lo que niegan o prohíben, con toda una letanía de efectos negativos: exclusión, rechazo, barreras, negaciones, ocultaciones, etc. Pero ahora considero inadecuada esa concepción.

Me serví de ella en la Historia de la locura, ya que la locura es un caso privilegiado: sin duda, durante el periodo clásico el poder se ejerció sobre la locura a través, prioritariamente, de la exclusión; se asiste entonces a una gran reacción de rechazo en la que la locura se vio implicada. Para analizar este hecho pude utilizar sin demasiados problemas esta concepción puramente negativa del poder, pero a partir de cierto momento me pareció insuficiente. Esto ocurrió en el transcurso de una experiencia concreta que tuve a partir de 1970-1972 en las prisiones. Me convencí de que el análisis no debía hacerse en términos de derecho, sino en términos de tecnología, en términos de táctica y de estrategia. Es esta sustitución del esquema jurídico negativo por otro técnico y estratégico lo que he intentado elaborar en Vigilar y castigar, para utilizarlo luego en la Historia de la sexualidad.

L. Finas: Quienes han leído su Historia de la locura en la época clásica, conservan la imagen de la gran locura barroca encerrada y reducida al silencio. En toda Europa, hacia mediados del siglo XVII, se construyen rápidamente los manicomios. ¿Diría usted que la historia moderna, imponiendo el silencio a la locura desató la lengua del sexo? ¿O más bien que la misma obsesión o preocupación por la locura y por el sexo desembocaron en resultados opuestos a través del doble plano de los discursos y de los hechos? En ese caso, ¿por qué?

M. Foucault: Creo, en efecto, que entre la locura y la sexualidad existen una serie de relaciones históricas que son realmente importantes, y que yo no había percibido cuando estaba escribiendo la Historia de la locura. En aquel momento tenía la idea de hacer dos historias paralelas: por un lado, la historia de la locura y de las clasificaciones que a partir de ella tuvieron lugar; por otro, la historia de las limitaciones que se operaron en el campo de la sexualidad (la permitida y la prohibida, la normal y la anormal, la femenina y la masculina, la de los adultos y la de los niños) Pensaba en toda una serie de divisiones binarias que habían impreso su sello particular a la división más global entre razón y sinrazón, que yo había intentado discernir al estudiar la locura. Sin embargo, creo que es insuficiente: si la locura, al menos durante un siglo, fue esencialmente objeto de operaciones negativas, la sexualidad por su parte estaba desde esta época atravesada por intereses distintos y positivos.

Pero a partir del siglo XIX tuvo lugar un fenómeno absolutamente fundamental. Se trata del engranaje, de la imbricación de dos grandes tecnologías del poder: la que tejía la sexualidad y la que marginaba la locura. La tecnología concerniente a la locura pasó de la negatividad a la positividad, y de binaria se convirtió en compleja y multiforme. Nace entonces una gran tecnología de la psique que constituye uno de los rasgos fundamentales de nuestros siglos XIX y XX; una tecnología que hace del sexo, al mismo tiempo, la verdad oculta de la conciencia razonable y el sentido descifrable de la locura (su sentido común) y que por tanto permite aprisionar a la una y a la otra según las mismas modalidades.

L. Finas: Su refutación de la hipótesis represiva no consiste, entonces, en un simple desplazamiento de acento, ni en una constatación de la negación o de la ignorancia por parte del poder. En el caso de la Inquisición, por ejemplo, en lugar de poner en evidencia la represión que se impone al hereje, se podría poner el acento en la "voluntad de saber".

M. Foucault: En efecto, he querido desplazar los acentos y hacer aparecer mecanismos positivos allí donde generalmente se privilegian los mecanismos negativos.

Por ejemplo, en lo que concierne a la penitencia, se subraya siempre que el cristiano sanciona la sexualidad, autorizando sólo algunas formas de ella y castigando todas las demás. Pero es necesario señalar también, en mi opinión, que en el corazón de la penitencia cristiana existe la confesión, y en consecuencia la declaración de las faltas, el examen de conciencia, y mediante esto toda una producción de saber y de discursos sobre el sexo que tuvieron una serie de efectos teóricos (el amplio análisis que se hizo de la concupiscencia en el siglo XVII) y efectos prácticos (una pedagogía de la sexualidad que posteriormente sería laicalizada y medicalizada)

También he hablado de la forma en que diferentes instancias del poder se habían de algún modo instaurado en el placer mismo de su ejercicio. Existe en la vigilancia, más exactamente en la mirada de los que vigilan, algo que no es ajeno al placer de vigilar y al placer de vigilar el placer. Igualmente, he insistido en los mecanismos de rebote. Por ejemplo, las explosiones de histeria que se manifestaron en los hospitales psiquiátricos de la segunda mitad del siglo XIX han sido un mecanismo de rebote, una respuesta al ejercicio mismo del poder psiquiátrico: los psiquiatras recibieron el cuerpo histérico de sus enfermos en pleno rostro, sin quererlo e incluso sin saber cómo es que ocurría esto.

Sin embargo, estos elementos no constituyen la parte esencial de mi libro. Me parece que hay que comprenderlos a partir de la instauración de un poder que se ejerce sobre el cuerpo mismo. Lo que intento mostrar es cómo las relaciones de poder pueden penetrar materialmente en el espesor mismo de los cuerpos, sin tener incluso que ser sustituidos por la representación de los sujetos. Si el poder hace blanco en el cuerpo no es porque haya sido con anterioridad interiorizado en la conciencia de las gentes. Existe una red de bio-poder, de somato-poder que es, al mismo tiempo, una red a partir de la cual nace la sexualidad como fenómeno histórico y cultural, en el interior de la cual nos reconocemos y nos perdemos a la vez.

L. Finas: En La voluntad de saber usted distingue entre el poder como un conjunto de instituciones y aparatos, y el poder como multiplicidad de relaciones de fuerza inmanentes al dominio en el que se inscriben. Ese poder lo representa produciéndose continuamente, en todas partes, en toda relación de un extremo a otro. ¿Es ese poder, si se entiende bien, el que no sería exterior al sexo, sino todo lo contrario?

M. Foucault: Para mi, lo esencial del trabajo que he emprendido es la reelaboración de la teoría del poder; no creo que el mero placer de escribir sobre la sexualidad fuese motivo suficiente para comenzar esta serie de seis volúmenes, si no me sintiera motivado por la necesidad de replantear esta cuestión del poder. Con demasiada frecuencia, según el modelo impuesto por el pensamiento jurídico filosófico de los siglos XVI y XVII, el problema del poder se ha reducido al concepto de soberanía. En contra de este privilegio del poder soberano, he intentado hacer un análisis que iría en otra dirección.

Entre cada punto del cuerpo social, entre el hombre y la mujer, en la familia, entre el maestro y su alumno, entre el que sabe y el que no sabe, transcurren relaciones de poder que no son la pura y simple proyección del poder soberano sobre los individuos. La familia, incluso la actual, no es una simple prolongación del poder estatal en relación a los niños; tampoco el macho es el representante del Estado en relación a la mujer. Para que el Estado funcione como funciona se hace necesario que entre el hombre y la mujer, entre el adulto y el niño, haya unas relaciones de dominación muy específicas, que tienen su propia configuración y una relativa autonomía.

En mi opinión, hay que desconfiar de un modo de representar el poder que durante mucho tiempo ha dificultado su análisis; me refiero a la idea de que las voluntades individuales son el reflejo de una voluntad más general. Se dice constantemente que el padre, el marido, el jefe, el adulto o el profesor representan el poder del Estado, y que el Estado, a su vez, representa los intereses de una clase social. Pero esto no explica la complejidad de los mecanismos que entran en juego.

Fuente: Les rapports de pouvoir passent á lìnterieur des corps. La Quinzaine Littéraire, nº 247 (1977)

Identidades.org - Centro de sexología y estudios de género - Madrid
http://www.identidades.org/fundamentos/foucault_cuerpos.htm

Publicado por Jeannine Zambrano

martes, 25 de noviembre de 2008

25 DE NOVIEMBRE, NO ES SÓLO UNA FECHA MÀS, ES UNO DE LAS TANTAS VOCES DE LA RESISTENCIA


AQUÍ PENSANDO EN EL 25 DE NOVIEMBRE:
Día internacional de la No Violencia contra las mujeres



Cada vez que se acerca el 25 de noviembre, pienso en tantas cosas. Recuerdo siempre lo que significó la dictadura de Trujillo en mi país, tantas muertas y muertos, tantas personas desaparecidas, torturadas, el miedo y el terror que se instaló durante tantas décadas . Pienso en las secuelas de todas las dictaduras que se siguen reproduciendo como virus en la región, hoy con tintes más “democráticos”.
Pero pienso fundamentalmente en las Mariposas, las hermanas Mirabal, particularmente en Minerva, quien de las tres, a pesar de sus privilegios de clase, logró romper tantas asignaciones de la feminidad que se construía en la época. Me hubiese gustado saber si alguna vez pensó en el lesbianismo, qué pensó cuando supo que era de las primeras mujeres que se puso pantalones, que manejó camiones, que ideó el movimiento 14 de junio, movimiento que finalmente asesina al dictador.Me hubiera gustado saberlo no por la historia muchas veces mal contada, expuesta en el Obelisco del malecón de Santo Domingo, como si al menos ella, hubiese sido solo esposa, madre y mariposa sublime,sino por sus propias palabras que probablemente estaban llenas de rebeldía.
Cuando se va acercando el 25 de noviembre, pienso también en las distintas actividades, marchas, conciertos,que organizábamos las feministas años atrás, la mayoría autogestionadas, con la pasión del activismo, con la convicción de que estábamos haciendo nuestra propia revolución feminista, denunciando las distintas violencias que se ejercen hacia las mujeres,cuando ni siquiera pensábamos que se iba a imponer de forma tan abrumadora ese feminismo institucional tan hegemónico, tan poco creativo, que corre tras las metas del milenio,de los financiamientos, de las reformas gubernamentales, de las cuotas partidarias y que se pelea tanto por las representaciones.
Pienso, qué distinto sería el feminismo sino contáramos con tantas cómplices feministas del patriarcado, que reproducen lógicas desiguales, centralistas y que jerarquizan las organizaciones que dicen “representar” a tantas mujeres.
Y lo peor que pienso, siento y veo es cómo el Estado sustituye hoy las acciones que antes hacían los movimientos sociales.La mayoría de las actividades están organizadas por las instituciones gubernamentales y estatales y cómo tantas feministas legitiman tantas listas de asistencia. ¡!!Que mamera, como dicen aquí en Colombia!!!!!
Quiero conmemorar (no a celebrar como dicen muchas)este 25 de noviembre, recuperando la memoria, la de tantas mujeres asesinadas, violadas, golpeadas, anuladas, empobrecidas,. Pero quiero traer especialmente a esa memoria las millones de lesbianas del mundo que han sido, humilladas, anuladas, maltratadas, asesinadas por los Estados, por militares y paramilitares, por los varones guerrilleros. Estigmatizadas y violentadas por los medios de comunicación, por muchas y muchos representantes de los movimientos sociales, incluso por muchas que se dicen feministas, solo porque se han negado entrar las lógicas heterosexuales, impuestas como verdades absolutas.
Recordarlas en un 25 de Noviembre es no perder la memoria de la violencia que día tras día se ejerce sobre ellas, pero sobre todo, es hacer un homenaje a su valentía por crear autonomía desde sus cuerpos, desde sus sexualidades, desde sus vidas, por decidir no depender de ningún hombre ni sexual, ni emocional, ni simbólica, ni económicamente como lo dicta el régimen heterosexual que se asume obligatorio y natural.
Las recuerdo a ellas porque son las menos nombradas y recordadas en las conmemoraciones del 25 de noviembre, ¿o será tal vez que como dijo Monique Wittig: “las lesbianas no son mujeres”?
Ochy Curiel
Feminista autónoma
http://www.feministautonoma.blogspot.com/

lunes, 17 de noviembre de 2008

DISPUESTA Y DE MAÑANA


Hay manjares de aromas fresco y savía de mañana,

están las lunas de otoño que asumen humedades,

pero... esa boca catarina que prodiga blasfemias y lluvías de refugio hirviendo,

es el hálito que tomo de tú membrana rota.

Llega el amor ¿tendré que ocultarme o huir?



APUNTES PARA CONSIDERAR EL POLIAMOR EN NUESTRAS VIDAS


DIANA MARINA NERI ARRIAGA.


Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado,

Es ya lo se, el amor:
la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria
el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías,
con su pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos que cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.
Borges Jorge Luís, El amenazado.



La compleja vida poliamorosa retoma importantes elementos de carácter transgresor en su proceso de cocción ante el escenario de las diferentes peripecias sociales en el campo de las relaciones. Sin duda se trata, sino de una inédita posibilidad de amar y vivir en la honestidad de la no monogamia, sí de una alternativa clarísima ante los conflictos emocionales en que viven las parejas en un ámbito que absorbe frutos del heterosexismo, el matrimonio, sus implicaciones de familia y todo aquello que ha henchido a la institución amorosa.


¿Es probable que el poliamor efectivamente se instale en los escenarios amorosos de nuestro país y sus decisiones de vida?

Es factible que sus detractores, en diversos campos, respondan que existen con urgencia otros temas que corresponden a una agenda colmada de problemas económicos, políticos, sociales, etc, y que puede resultar ocioso reflexionar e involucrarse en la vida de cama y amor de las personas, y que si bien, el tema de la infidelidad es vigente, pertenece a una viña privada y al campo subjetivo de las emociones, precisamente en el espíritu puro de la sin razón.

Además, cuando se intenta profundizar sobre los semblantes de la infidelidad y sus causas, se recurre a los argumentos socio biológicos que supuestamente, evidencian la fragilidad del compromiso ante el temblor de la carne y fortaleciéndose por el imaginario popular a través de canciones, telenovelas, albures, etc. Jugando por un lado a la censura y la vara juiciosa, pero por otro, celebrando los esquemas de poder donde se exalta la virilidad o el triunfo de una supuesta nueva “feminidad”, que ya alcanzó en niveles estadísticos a la osadía masculina y que ahora también engaña y reta a su modo, la fundación familiar.

Lo que desafortunadamente se obvia con estas prontas y casi automáticas respuestas, es que ni el amor ni las decisiones que en torno a él se toman, son propios para ser clasificados y peor aún, expulsados del ámbito cultural, el cual ya desde hace más de seis siglos moldea el corazón.

El amor no es un tema que corresponda sólo al ámbito privado, y aunque los amantes efectivamente se pierden en la vorágine de la magia, -pero también en la paradoja del desencanto,- sus procederes son moldeados por un aprendizaje donde, por ejemplo, los resabios patriarcales se desenvuelven en el cortejo, la seducción, el juego de los roles y posteriormente en la división del trabajo, la economía familiar, y donde los gozos sexuales en papeles de activo y pasivo, siendo cada uno de éstos espacios donde se encuentra el sabor áspero de la posesión y la propiedad; desdibujándose la singularidad y los deseos del sujeto, actuando bajo las pautas colocadas por los mass media y su envoltorios repletos de estereotipos, prejuicios, dogmas, etc.

La discusión de lo público y lo privado ha evidenciado los conservadurismos con los que se cubre con un manto muy grueso –por ejemplo- el silencio y la invisibilidad de los actos violencia que han ocurrido contra las mujeres durante siglos, y que ha permitido bajo el “pretexto” del carácter íntimo de la situación, que se den las más atroces situaciones cobijadas por un espacio de aparente voluntad, y otra vez, de subjetividad que implicaría –señalan- poner las reglas de la interacción entre los humanos.

Pero… ¿Qué no es el amor un acto condicionado por la edad, los contextos sociales, los estatus culturales, los regímenes legales y que generalmente esta asociado con matrimonio, propiedad, familia, etc?

¿Es el amor un fetiche de consumo en el que se han permitido nuevas formas de enajenación?
-Que decir del Encanto y los globitos del catorce de febrero.

¿Será que intentaron empaquetar al amor y ofrecerlo como una mercancía que llego de lo público para habitar lo privado?

Las preguntas están abiertas. Aunque el gozo y la sangre pueden ser elementos intrínsecos del amor, también nos han adoctrinado que el sacrificio y el sufrimiento también lo son. Por lo que queda aún por develar todos los arraigos e implicaciones históricas que pueden hacer del amor un asunto ideológico y político.

De ahí que ahondar en todos los vaivenes de una relación amorosa y poner sobre la mesa temas como: celos, honestidad, lealtad, comprensión de la libertad y la autonomía de los cofrades amorosos; e incluso plantear el por qué del amor, implicaría analizar sino se trata en realidad de un espeso maquillaje que sublime la necesidad de compañía o miedo a la soledad, siendo estas, cuestiones que sitúan en el abismo la tan añorada estabilidad.

Sería un craso error, apostar a nuevas verdades y establecer paradigmas que celebren el poliamor como el fin de la infidelidad, pues este fenómeno sin duda cultural, es de sumo complejo; pero el hecho de plantear la posibilidad poliamorosa estableciendo que si es factible un intento incesante entre los amantes para significarse y plantear con honestidad los apetitos y pretensiones con otras personas fuera del ámbito monogamico, puede resultar insólito, pero también como una prueba de un acto de amor profundo. No hay desplazamientos o falta de entrega, sino todo lo contrario, la amistad, la cofradía permite una honestidad que permite la creación de nuevas tardes, y una intimidad aparentemente prohibida por lo social que desafía nuestras propias vulnerabilidades.

¿Podemos ser capaces de proyectar nuevos consensos en planos de equidad? ¿Es posible establecer pactos que de modo efectivo nos permitan acceder a saberse en la mirada del otro, la otra, respetando su campo de otredad?

¿Somos capaces de iniciar un proceso complejísimo de reelaboración de nuestros esquemas culturales, deconstruyendo y cuestionando cada elemento que damos por innato en el controversial concepto de la naturaleza humana?

Escudriñar las diversas posibilidades y probabilidades e iniciar un replanteamiento de nuestro modo de amar, nos permitiría -por ejemplo,- enfrentar las falacias sociales que acomodan una gran trampa para nuestros miedos, tal como la sinuosa afección de los celos; además del desafío de reapropiarse, resginificarse en cuerpo y deseos, en símbolos y nuevos enigmas.

¿Yo soy el otro? ¿Somos los otros?

¿Hay posibilidades de colectividad ante el amor? O será que definitivamente tuvo éxito el cuento grotesco que pintaron de rosa para enseñarnos que entre más posesión igual a más amor, y que en las sumas triunfaba la contradicción: te doy egoísmo, te doy entrega. Dame dolor, te doy dolor.

Llega el amor ¿tendré que ocultarme o huir?

ADIOS


Lo has dicho ya:
Descarnado e implacable.
Si ceder es reconocer la masacre, entonces come lo suficiente
antes de que fermente.

AÚN ERES EL DRAGON DE MI CARNE

Deseo que me desnudes con furor…
y en el fondo una trompeta rusa entonando lamentos.

viernes, 7 de noviembre de 2008

SÁBANA

Puedo hacer crónicas de fantasias prestadas,
nicotínas ajenas y a punto de quemar,
puedo nombrar lo que mi oruga desearía pero sólo huele desde el mar rojo,
pero no me pidas que abra la sabana frente a tí
soy un credo perdido entre hombres de rostro duro y labios gruesos
estoy henchida y reviento.

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