Las brujas que somos

Las brujas que somos
La vida está en gran parte compuesta por sueños. Hay que unirlos a la acción: Anaís Nin

domingo, 18 de septiembre de 2011

JUGANDO A DESDIBUJAR EL MUNDO: MITO DE LA MONOGAMIA

El mito de la monogamia.
                                                                                             DIANA MARINA NERI ARRIAGA

Cuentan los hombres que cuando los dioses crearon al mundo, a todo le pusieron no un lugar, sino varios, varios ordenes y caminos. Las mujeres sembraban hombres en invierno, para disfrutar de sus cosechas en verano. Hombres tuétano que sabían delicioso y que hablaban una lengua extraña, la lengua de los Nú.

Los dioses disfrutaban viendo a sus hijos divertirse, jugar y retorcerse en ese paraíso de encuentro, todos y todas hombres, mujeres y dioses tenían un cuerpo libre y abierto para experimentar placer, goce y otras lisonjas que como resultado de sus acuerdos grupales, habían decidido compartir. Sin embargo de los cielos, Manea "Dios de los corazones", convoco a algunos de sus hijos envidiosos para preguntarles que les parecía la organización del mundo. A la convocatoria participaron entusiastas todos aquellos que no podían convivir con los humanos y estaban condenados a esconderse para observar por la mirilla del cielo, entre ellos destacaba Trombú "guardián de las nubes", quien de inmediato cuestiono esa felicidad.

-¿Por qué son los hombres la cosecha y no al revés?-, Increpo.
Manea que era conocido por sus variaciones de carácter y su modo voluble de relacionarse con las mujeres, no supo que contestar. Todos los hijos entonces, hablaron de lo que habían escuchado de otros poblados lejanos, donde las mujeres eran presas, sirvientas, esclavas, reses de utilización, y donde ni siquiera se cosechaban sino todas eran sacadas de una productora de costillas, y por ende resultaban, dóciles, obedientes y sumisas. Sabían que ese no era un mundo feliz, pues la mitad de éste se encontraba esclavizado y otros tantos no entendían porque sí los dioses Rú yMa nos habían hechos iguales a partir de ser distintos, entonces había razón para mandar unos sobre los otros.

Pero lo importante decían estos dioses envidiosos, era que podía establecerse un reinado donde los dioses se constituirían la guía de la vida para los humanos y estos a su vez se erigirían como “trascendentales” ante otras especies, en fin un mundo triste y jerarquizado, y aunque nadie estaba contento, ¡Qué importaba! se podía proclamar sobre el “Orden natural del mundo”. No más amor libre, ni verbos compartidos, sino acumulación de cuerpos, reglas para el espíritu, solidez para las jerarquías.

De esa reunión salió un acuerdo, que evidentemente todos los otros Dioses que no habitaban el cielo no aprobaban, particularmente las fuerzas de la oscuridad que sabían que con tales medidas romperían con el equilibrio de la creación, y por supuesto que se negaban a volver a los humanos en presas de sus ambiciones y enajenados de fe. Pero poco importaron sus reclamos, Trombúles buscó en la tierra a los hombres de codicia, a los que "veneraban" el poder y ansiaban "tener" aunque sea un poco de su velo, y con la hegemonía de los primeros alineados, declaro la guerra y organizo a las nubes para esconderlas atrás del Prepucio y desde ahí, regodear con el sol todas las actividades.

Ya no había luna, ni noche. Reinaba un calor insoportable, las cosechas de hombres se secaron, y las mujeres dejaron de menstruar. Manea se encargo de dotar a humanos y dioses de una decepción infinita y la convirtió en el bastión de las emociones humanas, Las mujeres que danzaban voluptuosas dejaron de hacerlo y se fueron secando, algunos hombres bebían de su semen pero resultaba tan ácido que comenzaron devorar todo a su paso, "creyendo" que así volvería a sus delicias, pero por lo contrario, toda cosecha había terminado.

No quedo más, fueron a esas tierras donde había costillas e hicieron múltiples encargos, las mujeres eran diseñadas de acuerdo a las peticiones de Trombú, quien previamente se ceno acompañado de vino blanco a Rú y Má, los grandes padres/madres. Ahora sólo quedaba fijar las últimas reglas.

Para sofocar de una vez por toda la libertad y las posibilidades de renovar las esperanzas, era necesario establecer algunas reglas sociales. Ya no más consensos ni palabra abierta, sino determinaciones divinas que colocaban a la propiedad privada y la acumulación como pilares de la nueva historia. De ahí que los nuevos hombres, las nuevas mujeres comenzaron una guerra, y no contra los dioses, sino contra ellos mismos. En una primera batalla el hombre acumulo mujeres y las preño como garantía de su triunfo, y a esto le llamo familia. Inculco el miedo sobre el cuerpo y la sutil prohibición a la experimentación entre todos, particularmente contra ellas y le llamo decencia. Finalmente Manea al morir decreto: El corazón late con fuerza no ante un humano, sino ante varios, ahí radica su poderosa capacidad de compartir, pero en una tierra estéril como la nuestra, sólo queda privatizarlo, por tanto el corazón deja de sentir, y no serán sino las instituciones las que decidirán a cuantos amar y cómo hacerlo, de no ser así, serán expulsados de esta panguea.

Así pues nació la monogamia y el modo en que hoy nos relacionamos hombres y mujeres.


sábado, 17 de septiembre de 2011

Algunos apuntes sobre la sororidad, affidamiento y camaradería amorosa como estrategias de subversión en la construcción de la identidad amorosa de las mujeres

Algunos apuntes sobre la sororidad, affidamiento y camaradería amorosa como estrategias de subversión en la construcción de la identidad amorosa de las mujeres
                                                                                
                                                                                            DIANA MARINA NERI ARRIAGA.
Si crees que puedes agarrarme, piensa otra vez:
mi historia fluye en más de una dirección
un delta que surge del cauce
con sus cinco dedos extendidos
Adrienne Rich
Hemos planteado que el modo en que se ha construido el amor romántico desde Occidente, promueve y permite una serie de experiencias que están condicionados por los procesos sociales e ideológicos, donde las mujeres han sido partícipes de tales modos amatorios y que actualmente están siendo cuestionados desde diversas lecturas académicas y de proyecto de vida donde destaca el feminismo y sus aportaciones teórico metodológicas.

La conformación de la subjetividad de las mujeres ha tenido una influencia decisiva en la práctica política cotidiana desde el marco de sus relaciones y modos de mirarse y relacionarse con el y para el otro; la cuestión medular –sin embargo- es el fortalecimiento de un imaginario reforzado que Mabel Burin llama como el poder de los afectos, es decir, la adscripción de un poder afectivo que conduce a las mujeres a moldear sus relaciones y con ello configurar su identidad a partir de una afiliación a un sistema de valores donde destaca sus percepciones sobre feminidad, la creación de un ideal materno, e incluso el de erigirse como madre universal en el vínculo cotidiano de sus relaciones, que reforzado a través de alguna presencia masculina que le brinde seguridad y confianza y que la lleva a afiliarse a los intereses del otro, a partir de sus necesidades y consolidándose como figura de alteridad. Dicho molde conlleva –además- una adaptación social en términos de las necesidades y exigencias del imaginario patriarcal que como decíamos implica la renuncia de sí, la disimulación, el recato, la manipulación, competencia con otras mujeres, pero sobre todo el de ganarse un lugar al que es posible renunciar si se presenta con la compensación de afecto y compañía.
De ahí que desde la infancia comiencen a fincarse modelos de dependencia que posteriormente serán afinados en las relaciones de pareja y en su proyección social del deber ser a través de los modelos de “ser buena” “decente” y buscar modos “fusionales” de permanecer con el otro y en donde el idealismo platónico interpretado por una tradición religiosa permite situar las relaciones monógamas con uno y para siempre.
Precisamente en la construcción de identidad es que en los modos amorosos occidentales consolidados en la modernidad, resultan herramientas eficaces precisamente cuando Simone de Beavouir señala que la inferioridad de la mujer proviene de lo que denomina una repetición de la vida, un confinamiento desde la vida privada que permite que los espacios familiares se fortalezcan desde los lazos del matrimonio, la vida en pareja y el trabajo doméstico. Dicha construcción identitaria es el producto de un caleidoscopio donde contribuye de modo determinante la constitución cultural de la masculinidad o de la feminidad a través de lo que Teresita de Laurentís denomina “la tecnología del género”.
Cito: “el género tiene la función (que lo define) de constituir individuos concretos en cuanto hombres y mujeres”
A partir de este panorama y ante la eminente necesidad de formar construcciones identitarias y subjetivas distintas, es que resulta importante que las mujeres no sólo revisen la naturaleza de sus proceso históricos sobre el modo de ejercer el amor, sino la manera en que se desenvuelven esas relaciones a partir de la otredad y de una definición de persona por un lado, y por otro en estrategias y medios de vinculación con otras mujeres que en el carácter ético político promuevan amistades de género y de ahí amor entre iguales.



Sería sencillo hablar de fraternidad o solidaridad que nos acerquen a los móviles de deconstrucción social, sin embargo, preferimos reposicionar la categoría de sororidad que implica además, un pacto político de género entre mujeres que se reconocen como interlocutoras, es decir, la visibilidad concreta de la reciprocidad y la potenciación de los aportes de las mujeres en su empoderamiento y auto crítica.



Desde Marcela Lagarde la sororidad es “(…) una política que trata de desmontar la misoginia… ¿Cómo lograr la sinergia entre mujeres diferentes que reconocen que la diversidad es un valor positivo, que se unen para universalizar los derechos y para contribuir a la valoración de los derechos de las mujeres en el mundo?”.



Partamos de desafiar la lógica platónica quien sostiene a través de Lisis en los Diálogos que es imposible la amistad entre iguales o dicho de otro modo, entre hombres buenos.



No discutiremos a fondo la tesis pero sí desde Marcela Lagarde sostenemos que es por supuesto factible la “amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se encuentran y reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario” .



Esta alianza de mujeres no es sencilla, dado la tradición cultural de mirar a las otras mujeres como ajenas, competencia, e incluso rivales en los temas del amor y la aceptación laboral/social. Reconocernos en otras mujeres, discernir las características propias y saber mirar –por ende- respetar las diferencias es el primer marco de voluntad que nos permite tomar decisiones propias con el apoyo de la otra.



De ahí una reflexión colectiva en reunión con otras mujeres que permita rebasar a la solidaridad dado que aún este concepto se vincula con un intercambio que mantiene las condiciones como están; mientras que la sororidad, tiene implícita la modificación de las relaciones entre mujeres.



Y más aún, abrazar en la medida de nuestros pactos el sentido de affidamiento que nace para nombrar la tutela entre iguales y donde en conjunto se cuestiona todo tipo de subordinación, pero en la ética de los cuidados el affidarse una mujer a su igual tiene un contenido de lucha política.



Este repensarse al paralelo de mirarse en compromisos colectivos y singulares y que de acuerdo a Lagarde es tan importante como la lucha contra otros fenómenos de la opresión y por crear espacios en que las mujeres puedan desplegar nuevas posibilidades de vida.



Le damos contenido sustantivo a la amistad, la presentamos en el campo de la nueva dialéctica sin amos y/o esclavos, sino entre iguales que se abren, confían, hablan, transforman.
Un amistad política que deviene en práctica efectiva. Un modo en que los ecos de “lo personal es político” permiten habitarnos.

En este placer que se convierte en estrategia política permite que las mujeres repensemos los actos de la vida cotidiana donde se inscribe –entre otras- la dependencia emocional que como ya decíamos potencializa la alteridad, esto es, la construcción de la relación del yo con el otro: la relación de intersubjetividad.



De ahí que la reconstrucción de identidades permite una camaradería amorosa que coloque al ejercicio efectivo de la autonomía como eje vector de la relación con el otro/otra.

Y aquí el francés Emilé Armand traza elementos importantes de análisis donde propone que las asociaciones de afinidad deberían ser escogidas y entabladas libremente con la posibilidad de interrumpirlas en cualquier momento que una de las partes lo deseen, con todas las premisas políticas de comunicación y honestidad que como condición sine qua non, nos permite el sustento de nuevos replanteamientos amorosos.

Se adhiere a una ética de la reciprocidad lo que resulta congruente con una relación entre iguales y mira que las posibilidades de autorealización -preferimos llamarla autonomía- son potenciadas por medio del ver las asociaciones libres con otros.

Revisar la tesis de la camaradería amorosa también nos permite cuestionar los paradigmas de monogamia nuclear y posibilitar un libre contrato de asociación que se finque en construir una amistad como tejido político que destaque premisas de sororidad, equidad y consenso, sin duda, ejes vectores de una propuesta colectiva.


libertariayfeminista.blogspot.com

Bibliografía:
Armand Emilé, “Individualismo Anarquista y camaradería amorosa”

Cuesta Cremades Berlem y Fuester Peiró Angela, “Habitar la amistad, resistir la precariedad. Amigas en tiempos precarios”, en ex aequo, número 22. 2010.

Burin Maribel, El deseo de poder en la construcción de la subjetividad femenina. El “techo de cristal” en la carrera laboral de las mujeres. En Almudena Hernando Gonzalo (coord.) ¿Desean las mujeres el poder? Cinco reflexiones en torno a un deseo conflictivo, Madrid, Minerva ediciones, 2003.

De Beauvoir, El segundo sexo, Siglo XX, Madrid, 1975.

Foucault, M., Historia de la Sexualidad. La Voluntad de Saber. Siglo Veintiuno, Madrid, 1992.

Lauretis, T., Diferencias. Etapas de un camino a través del feminismo. Horas y Horas.

Fotografía: “La danza”- Henri Matisse


 


DE COMO LLEGO A MI VIDA LA BEAUVOIR O SOBRE EL CUERPO DOLIENTE AL CUERPO GOZOSO.

DE COMO LLEGO A MI VIDA LA BEAUVOIR O SOBRE EL CUERPO DOLIENTE AL CUERPO GOZOSO.

DIANA MARINA NERI ARRIAGA.

Los temas sobre el cuerpo siempre me han apasionado y como cualquier niña, las primeras observaciones que hice fueron a partir de “mi misma”. Debo compartir que no tengo un cuerpo estereotipo de acuerdo a los cánones sociales, y esta trampa me permitió estar enclaustrada en los temores del rechazo, de mirarme “con asco” ante el espejo y decir una y otra vez: ¿por qué a mí? pero al mismo tiempo “esa condición” me permitió cavilar largamente y en lugar de jugar y acariciar a las “barbies dotadas de poderes mágicos por estar delgadas” mejor, todo lo escribía en un reluciente cuadernillo forrado por muchos cuerpos de hombres y mujeres entrelazados donde frenética anotaba: ¿con que criterios se cataloga que un cuerpo es bello o feo? ¿Quién coloca estos cánones estéticos? ¿Soy bonita por el mero hecho de “tener” un cuerpo delgado? ¿Por qué particularmente las mujeres hemos de estar preocupadas por “agradar” a los otros a partir de nuestra apariencia física? Y de ahí pase a reflexiones más prácticas: ¿Qué le pasa a mi cuerpo que a diferencia de los otros, se acumula rápidamente más grasa? ¿Tendré cuarenta años y pesaré cien kilos?

Estas divagaciones se acentuaron cuando entre a la secundaria y los cuerpos de mis compañeras crecían ya algunas de ellas con sus voluptuosidades y con el volumen, también nuestras inquietudes, miedos y despistes. Para colmo era muy, pero muy enamoradiza y con una clásica historia amarilla, es decir, sin príncipes ni besos de cuento, sino sólo una chica “llenita” con muchos granitos y amplia sonrisa. Pero eso sí, muy preguntona.

Debido a ese masoquismo adolescente, busque refugiarme en predicciones fatales y llegar a importantes conclusiones tipo tragedias de Juan Gabriel de... “yo no nací para amar” y otras parafernalias mediáticas. Sin embargo en tercero de secundaria a través de una profesora de Biología de rostro adusto pero ojos chispeantes soltó una predicción única: “Jóvenes para entender por que somos obesos es necesario que no sólo hablemos de las adiposidades (término muy dominguero para mí en aquel tiempo) sino entendamos las bases neuronales y las variaciones genéticas que predisponen a una persona a alimentarse de más”.

Atónita, pregunte: -¿La gordura está en mi cerebro maestra?

A lo que congraciada contesto: -Sí Diana, apenas hay algunos estudios gringos por ahora, pero mejor preocúpate por cerrar la boca y pensar más.

Ante las risas burlonas de los compañeros vino la revelación de mi vida: ¿Por qué estoy tan preocupada en como veo físicamente y mejor de manera sencilla cierro al cerebro ante las criticas y abro la boca para compartir las experiencias, los enojos ante está situación? Fue así como llegue a través de un búsqueda desesperada a los quince años, a la Simone de Beauvoir y el “Segundo sexo”, donde particularmente y a través de los estudios culturales de la época, pero sobre todo con la reflexión filosófica, me enseño: La mujer no nace, se hace.

Aún sigo luchando con una que otra dieta y leyendo artículos sobre “comer bien para vivir mejor”, pero aún con más ahínco, leo y comparto ideas sobre el placer, el goce, y la maravillosa posibilidad de saberse en un territorio donde comienzan mis primeras batallas, y tal como dice Bergson: "Nuestro cuerpo es un instrumento de acción", una trinchera abierta y pensante, que más allá de medidas y pesos, gustos y desagrados que en la alteridad se juegan, éste se sabe cuerpo, “res extensa”, “res cogitans”, en fin, se sabe cuerpo de vida.