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viernes, 25 de abril de 2014

Me gustan los disfemismos

He de compartir que uno –entre tantos- de los elementos que me fascinan de la construcción constante de lo que leo, entiendo y encarno sobre feminismo, es la resignificación que hago constantemente de las palabras. Cuando niña y aún joven, tenía cierta necedad de usar eufemismos y le daba un uso “políticamente correcto”, así intentando “cumplir” con algunas reglas del lenguaje, no caía en cuenta de lo colonizada que estaba; sin embargo de un tiempo para acá y poco a poco, soy partidaria de corromper de modo reflexivo y consciente las andanzas de un lenguaje “adecuado”, de reapropiarme y con ello arrebatar a los machos, los insultos y palabras con un origen patriarcal que pretendían ser burlas o vejaciones particularmente contra las mujeres y en el contexto específicamente sexual.

Me gustan los disfemismos y también me empodero con algunos de ellos. En un principio cuando escuchaba la palabra PUTA, enfurecía y argumentaba con fuerza por su no utilización al ser ofensiva, denostadora y muchos más etcéteras, sin embargo cuando leí sobre su fuerza etimológica desde la Putza y su primer uso griego como “mujer sabia” me sentí contrariada pero después tan contenta que la comencé a tomar como aspiración erótica-social.



Palabras como verga, pucha, papaya, puto, lencha, marica, guarra, pepa, culo, pito, entre una larga lista de sinónimos son ahora parte de un vocabulario erótico/postporno personal y consensuado, y precisamente de eso se trata: des-patriarcalizar, re-significar, re-apropiar, y con un lenguaje vívido, edifico nuevos placeres auditivos, que desde lo político me hacen gozar.
   

  

viernes, 4 de abril de 2014

¿De colores una canción poliamorosa?

Si, si  supongo que dirán: “Ay Diana, ¿De colores una canción poliamorosa? Sí está bien rosita… Je, je, je. Cierto; sin embargo, la pansexualidad y el poliamor aparece brevemente en uno de los párrafos, pero me permite entender el porqué de niña está canción era mi súper favorita y la tarareaba mucho, mucho.

Y hasta ahora me entero que la canta la Joan Baez, ¡con lo que respeto a esa mujer y sus cantos! Y como es primavera y es viernes y estoy de simple, se las comparto:


martes, 20 de noviembre de 2012

la cóncava posibilidad de la turba amorosa

Quiero mojarte el ruido del mañana
y con tanto rio, pensar sólo en tú verga.
Ya no son las piernas abiertas
sino la cóncava posibilidad de la turba amorosa.

domingo, 9 de mayo de 2010

¿El placer puede ser revolucionario?




¿El placer puede ser revolucionario?
Con Gioconda Belli, sí.

PRESENTA: Diana Marina Neri Arriaga.

Toda mi casa esta regada por mis poemas.
Me aparecen en la cocina, en el estudio,
en el dormitorio. Están extendidos a lo
largo de mi desorden, esparciendo su dulzura
por las horas tequiosas de la barrida y de
la arreglada de los cuartos, dándome ese
mensaje de que si hay algo vivo en mi,
de que mi vitalidad esta impregnada en
esos papeles donde he dejado el recuerdo
de estos momentos intensos en que yo
dejo de ser yo y me convierto en un poema[1].

Bajo pretexto de haber cumplido un año de que Gioconda Belli recibió el premio Sor Juana Inés de la Cruz 2008, que otorga la FIL y la Sogem, por su obra El infinito en la palma de la mano, pero más aún porque sus trazos pueden arropar la experiencia sensorial de la construcción femenina[2]/feminista, es que en tiempos de urgencias –me parece importante- compartir la obra poética de una escritora que destila revolución, rebeldía desde la cama, la palabra, calles y huelgas, poesía de acción cotidiana.
¿Existe una literatura femenina? Sin mantenernos al margen de tan amplia discusión, pero sí por el momento guardando una distancia es que me atrevo a proponer a Gioconda Bellí como una escritora de poesía feminista, no sé si con la militancia –a veces pareciera estricta- que exige tal vocación, sino con la fluidez de quien se sabe mujer, cuerpo y deseo, no en los estereotipos y marcajes culturales, sino en una cimentación sinuosa de libertades que ella misma rompe, retoma, regula y vuelve a trastocar[3].
La poesía latinoamericana escrita por mujeres ha tenido un vuelco importante a partir del siglo XX en lo que se refiere al posicionamiento de reconocerse como mujer que se resiste y trabaja contra el mentado papel histórico, y que este no es la herencia del carácter natural de ser mujer, sino de una construcción cultural cimentada en el orden hegemónico patriarcal imperante que puede tener nuevos resistencias, nuevas historias con importante espirales. De ahí que poetas como Alfonsina Storni (Argentina), Gabriela Mistral (Chile) y Juana de Ibarbourou (Uruguay) destacan como precursoras de la poesía feminista posterior[4]. En su momento, donde siquiera el discurso del feminismo había sido teorizado, ellas más allá de su vida, pero si con su obra e impostura denunciaron y criticaron la situación de las mujeres.
Llega la década de los sesentas y con ella, la contracultura en su apogeo, las revoluciones sociales, lúdicas y culturales, los planteamientos de la autonomía y contra el poder que se cierne en los cuerpos, están vivísimas y presentes las discusiones sobre el feminismo y el papel de las mujeres, donde entre tantísimos planteamientos destaca la discusión de lo público y lo privado, el placer y el derecho al cuerpo y al amor libre, además germinan en Latinoamérica las resistencias y lucha políticas, pero también las dictaduras y represiones.
Este es el contexto de nuestra autora, una mujer que con la Nicaragua que hay bajo su piel es volcánica, sísmica, y que desde 1970, incursiona en la poesía, escandalizando a la sociedad de entonces, que no entendía cómo una mujer casada hablara esas cosas de sexo y erotismo, a pesar de su marido. ¡Oh escándalo!
Sin embargo -Gioconda indómita- es un canto de árboles: guanacastes de mujeres rebeladas, ceibos de erotismo sobre los escritorios, almendros que renuncian al conformismo, robles que buscan hombres nuevos, jocotes y palmeras donde el cuerpo es para la Bellí, la carta astral en lenguaje cifrado.
Su obra es por supuesto prolija[5], específicamente en novela y poesía, además de una curiosa bitácora que ella sostiene cotidianamente y nos comparte a través de los espacios virtuales. Sus premios y reconocimientos son innumerables, pero para los devaneos de elogio mejor nos mesuramos y atendemos nuestro objetivo principal: Destacar la poesía feminista de Gioconda a través de los tres pilares que considero fundamentales en su obra, es decir, mujer, amor y erotismo. Categorías que no sobreviven per sé, sino son la conjugación además del compromiso ideológico y la lucha política, la afrenta contra el patriarcado y los convencionalismos sociales, además del nuevo modo de empoderarse con voz y cuerpo propio. Permíteme presentar sólo un asomo de la poesía de una nicaragüense erótica, feminista y revolucionaria.
LA GIOCONDA NO ES MONALISA, ES MUJER GOZOSA.

Que de tanto mirar y buscar el "Eterno Femenino" no se le desgaje la piel debajo de los ojos, dándole aspecto de viejo libidinoso, espiando a Susana en su baño solitario Sobre todo, que su totem majestuoso, no empiece a padecer súbitamente de pereza y se niegue a obedecer la mente, rehusándose erguirse cuando se le comanda, o venciéndose demasiado pronto cuando aún la gozosa intemporal no ha llegado siquiera al medio del camino. En fin, que recio de carnes, viril y erecto, mantenga siempre la pose del discóbolo desnudo aprestándose para el lanzamiento: la fría, irreal y eterna belleza de las estatuas[6].

Rebelarse y revelarse, rebelión y revelación van unidas siempre, como intuitiva y poéticamente lo destacó José Coronel Urtecho al presentar en febrero de 1974 el libro Sobre la Grama de Gioconda Belli, su primera producción poética donde se expresa y se reconoce como una mujer con capacidad de gozar, llena de energía y vitalidad. Es por decirlo, la primera definición que Gioconda hace de la mujer, a partir de una visión intimista, donde se reconoce humana/mujer a través de los latidos de la naturaleza, pues se afirma como naturaleza ella misma. Y al decir mujer, también canta amor, y abre los poros a la revolución y sus esperanzas.
.. Amo a las mujeres desde su piel que es la mía. A la que se rebela y forcejea con la pluma y la voz desenvainadas, a la que se levanta de noche para ver a su hijo que llora, a la que llora por un niño que se ha dormido para siempre, a la que lucha enardecida en las montañas, a la que trabaja -mal pagada- en la ciudad, a la que gorda y contenta canta cuando echa tortillas en la pancita caliente del comal, a la que camina con el peso de un ser en su vientre enorme y fecundo. A todas amo y me felicito por ser de su especie[7].

En una entrevista realizada en 1995 específicamente se le pregunta ¿Qué significa ser mujer y además escritora en Latinoamérica? Y esto es lo que responde:
Pienso que hay una carga emocional muy grande, hay una dosis de sufrimiento bastante grande en el hecho de ser mujer porque de alguna manera tienes que luchar con uñas y dientes por tu lugar en el mundo. Uno de los grandes problemas que hemos tenido las mujeres es asumir nuestro propio cuerpo. En este sentido soy una privilegiada, porque yo nunca me he sentido culpable, me he sentido rabiosa cuando he visto mis derechos pisoteados. No me he sentido víctima de los hombres, a los hombres machistas los compadezco. Nosotras las mujeres tenemos que tomar conciencia de nuestro poder, pero hasta ahora en Latinoamérica no lo hemos tomado de forma como yo recibí mi feminidad, que fue como un poder[8].
En la poética de nuestra nicaragüense las reflexiones que devienen de la carne y sus sentidos se insertan en los que algunos llaman el género testimonial que particularmente ha captado la imaginación de Latinoamérica, donde además siguiendo las hipótesis de los estudiosos en el campo, tal intimismo permite explicar en qué consiste la condición de ser latinoamericano. En esta labor y a partir de “su cuarto propio” es que se mira con detenimiento, se encuentra a sí misma, y se vuelve a buscar, todo a partir de una visión literaria femenina y el arrancar un tiempo que a las mujeres se les ha negado, por ello con ciertos resabios judeo-cristiano del sabor de la culpa es que dice:
Cómo será, me pregunto, no sentir incesantemente que uno debería ocupar varios espacios al mismo tiempo? No pensar, mientras se tumba uno con un libro, que se debería estar haciendo otra cosa. Asumir, como hacen los hombres, la importancia del tiempo que dedicamos al propio enriquecimiento. Las mujeres tenazmente sentimos que le estamos robando tiempo a alguien. Que quizás en ese preciso instante se nos requiere y no se cuenta con nosotras. Precisamos todo un entrenamiento para no borrarnos, minimizarnos, constantemente. ¡Ah! ¡Mujeres, compañeras mías! ¿Cuándo nos convenceremos de que fue sabio el gesto de extenderle a Adán la manzana[9]?
Su vida es una rica fuente de experiencias donde además el ser mujer y desenvolverse como tal es de sumo complejo, pues ha sobrepasado lo que de ella se espera; es poeta, activista, esposa y casi de manera inmediata incursiona en la política comenzando en las “grandes ligas”, pues se integró al Frente Sandinista, que para ese tiempo 1970, era una organización clandestina que buscaba organizar un movimiento armado que terminara con la dictadura somocista.
La gran aportación de la literatura testimonial, o de la literatura escrita como testimonio, además de explicar la condición de ser latinoamericano, permite subvertir, con la/s historia/s personal/es de testigos presenciales -reales o inventados- la "historia oficial" de la propaganda política contemporánea o la configurada por los textos canónicos de la tradición literaria[10].

Este carácter personal de su obra ha permitido entonces poner en relieve uno de los temas básicos del feminismo, el de lo público y lo privado, y dicho de otro modo: Lo personal es político. Y en la obra de Gioconda como la de las mujeres feministas de Latinoamérica a diferencia del feminismo norteamericano, trabaja en una reflexión directa sobre el cuerpo, la condición de sujeto mujer y todos los descubrimientos y cuestionamientos que esto conlleva, al mismo tiempo del placer y sus derechos.
De ahí que en la vida concreta, en lo más cercano, se crea política, y sea posible desnudar los componentes de poder que se juegan en la intimidad, no solo la política es sexuada sino el sexo es político, y en ese camino el sexo remite al género y por supuesto a la sexualidad; partimos de una relación sexuada donde se sostienen relaciones de poder y control que en el acto de la expresión continua –y aquí esta parte de la apuesta- se pueden desnudar, cuestionar, fisurar. En el canto de Gioconda y sin más aparente pretensión que la amorosa, la coloca diciendo en el poema El hombre que me ame:
(...)
II
El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
conque yo estaré al lado suyo.
III
El amor del hombre que me ame
será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.
IV
El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo.
V
El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca donde descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones,
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.
(…)
VIII
El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.
(…)
X
El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas,
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron separados
como seres de distinta estatura.

El modo aparentemente íntimo de actuar es resultado de una educación adquirida por todos los medios sociales posibles, es decir, el conjunto de los amigos, la escuela, los medios de comunicación, las enseñanza de papá y mamá y un largo etcétera, donde lo privado ya no resulta tal y viceversa, de ahí que vemos el proceso de una Gioconda nicaragüense que traspasa además el binomio represión/liberación externo, sino es un proceso también de la liberación de nuestras propias barricadas; por ello coherencia y unidad caracterizan su expresión poética.
La mujer nicaragüense jugó un importante papel en la liberación política de su país, pero, ante todo, su participación en la revolución sandinista como en el caso de Gioconda representó un movimiento de auto liberación, de búsqueda de su identidad; ella pertenece a la generación de poetas que crearon un estilo revolucionario de rompimiento con estructuras míticas y creación de otras, gestadas a través de su realidad social. Decidida a rescatar el lugar de la mujer, su obra plasma la incesante búsqueda de la identidad llamase femenina y/o humana y el encuentro con la conciencia social, a través de la actitud revolucionaria.
Mujer que se reconoce en el otro/a, se reflexiona cuerpo sujetado desde la alteridad como un discurso que sobreviene ilegitimo y que desde Gioconda se trabaja desde el cuerpo y la propia búsqueda acompañada de otras mujeres, otras voces, otras colectividades que crean nuevas revueltas.
En otra entrevista se le preguntó acerca del "feminismo". ¿Qué dices al respecto? Se le dijo ¿Qué es esto del feminismo? Y ésta es su respuesta:
Entiendo el feminismo como entiendo la lucha por la igualdad de todos los seres humanos. Las mujeres hemos tenido que tomar esa bandera porque en las aspiraciones de igualdad, desde la Revolución Francesa hasta la Bolchevique, no se consideraba la igualdad de las mujeres. No considero pues el feminismo como una lucha contra el hombre, sino como una lucha contra una organización social que margina a la mujer, la restringe al área doméstica y priva al mundo y a los espacios públicos de ese potencial enorme que reside en el 50% de la población. Mi literatura celebra la feminidad como una diferencia entre los sexos que enriquece la existencia. Intento reflejar a la mujer en un espejo donde se vea poderosa, llena de vida y dones. Intento quitar las sombras que, por siglos, han contribuido a desvalorizarla y hacerla sentir como ciudadana de segunda clase[11].

Y así caracteriza al feminismo[12], desde una óptica de complementación, el saberse mujer, el saberse hombre, el acompañarse en el camino. Su texto representativo en este sentido es:
Nueva tesis feminista
¿Cómo decirte
hombre
que no te necesito?
No puedo cantar a la liberación femenina
si no te canto
y te invito a descubrir liberaciones conmigo.
No me gusta la gente que se engaña
diciendo que el amor no es necesario
-"témeles, yo le tiemblo"
Hay tanto nuevo que aprender,
hermosos cavernícolas que rescatar,
nuevas maneras de amar que aun no hemos inventado.
A nombre propio declaro
que me gusta saberme mujer
frente a un hombre que se sabe hombre,
que sé de ciencia cierta
que el amor
es mejor que las multi-vitaminas,
que la pareja humana
es el principio inevitable de la vida,
que por eso no quiero jamás liberarme del hombre;
lo amo
con todas sus debilidades
y me gusta compartir con su terquedad
todo este ancho mundo
donde ambos nos somos imprescindibles.
No quiero que me acusen de mujer tradicional
pero pueden acusarme
tantas como cuantas veces quieran
de mujer[13].

Saberse mujer ante otro que se sabe hombre, no juegos de alteridad sino de reconocimiento, otro no como enemigo o invasor, sino como diferencia/igualdad que no lacera ni castra, diferencia que defiende y no acepta ningún juicio que desdeñe lo que nuestra diferencia provoca, de ahí que vigorosa nuestra autora asume una posición a lo que se le ha dado por llamar literatura femenina como light, afirmando:
(…) Yo no siento que haya esa división en mi literatura. Pero hay críticos vagos que no tienen nada qué hacer, que andan buscando categorías; mira cómo han categorizado casi toda la literatura que se escribe por mujeres ahorita en Latinoamérica como literatura light, y han hecho esa categoría de la literatura femenina, pero es una configuración artificial y a la postre creo que los grandes críticos no ocupan esas categorías[14].

En otro momento categórica sostiene:

Mi literatura no es femenina, es una literatura donde la mujer es protagonista. Nadie diría que Hemingway escribe una literatura masculina. Mi literatura es la visión del mundo desde la perspectiva de la mujer. La discusión sobre los asuntos de género no nos compete a los escritores de literatura, para eso están los ensayos y todo eso. Lo que hacemos es cambiar el papel de la mujer. Es la mujer actuando[15].

Y como mujer actuando nos muestra otro texto de raíz feminista con una lejanía importante que su primera obra: Apogeo de 1997. Una diferencia importante con sus obras anteriores radica en que abre para mostrar su desnudez y ya no la figura de la heroína del amor, sino la vulnerabilidad que provoca apertura ante los cambios, se desdoble, agita y exhibe que el paso no es sencillo, un autoexilio a tierra forastera.
Amores excesivos Corazones como árboles o caravanas de camellos, me construyeron un largo sótano de tristezas. … Es así que por días dejo de ser la persona familiar en la que usualmente me acomodo y me convierto en la mujer que desgarra vestiduras tras su sombra[16].
De su obra, Belli afirma:

En este libro he querido celebrar el apogeo, el cenit, en la vida de las mujeres. Ese momento fundamental de la existencia donde la integridad y la belleza física, coexisten con la sabiduría y la madurez del intelecto... Mi estudio enfoca aquellos temas que expresan el feminismo en la obra. Entre ellos analizo el tema de la toma de conciencia feminista, el del descubrimiento de sí misma como mujer, (que conlleva a una proclamación feminista) el tema de la maternidad, y el tema de la edad pero relacionado con la menopausia entre otros[17].

El yo femenino tiene un proceso de trasformación importante. Va de una monolítica "Mujer" hasta otra más convincente, como decíamos, desnuda. Gracias a ello, nos permite transpirar en las contradicciones humanas, donde se trastoca y desenmascara el rígido modelo cultural femenino que algunas compañeras también pretendían sostener, el de la mujer todo lo puede, invencible, por una nueva voz poética que ha emergido desafiando al poder patriarcal de otras maneras.
Todavía podemos hablar de las escritoras como exploradoras y que -al contrario del hombre, que ve la sociedad con ciertos valores inamovibles- todavía se están replanteando cuáles son los parámetros. Allí, en ese tanteo, a veces el hombre se convierte en un monstruo. A mí no me gusta hacer eso. Tan afectado ha sido el hombre como la mujer por toda esta concepción patriarcal. Claro, el hombre pareciera ostentar el poder. Pero también ha perdido parte de su humanidad, se ha tenido que desintegrar[18].

En su poesía constante, cambiante, selvática y viva, Gioconda no es una monalisa de sonrisa estática, sino una mujer que exige cantando, exige gozando una reinterpretación anti hegemónica de la constitución de los sujetos y principalmente del sujeto mujer. Aprende a ser mujer, resignificándose, llenándose de múltiples contenidos capaces de reflejar novedosas prácticas de sí que nuestra revolución nos entregó; mujeres que no necesiten más ni amos, ni maridos, sino nuevos compañeros -como dice Florence Thomas -dispuestos a intentar reconciliarse con nosotras desde el reconocimiento imprescindible de la soledad y la necesidad imperiosa del amor[19]. Una necesidad/necedad gozosa e indispensable en la obra de Gioconda Bellí.
Vestidos de dinamita
Me tengo que ir a comprar las pinturas con las que me disfrazo todos los días para que nadie adivine que tengo los ojos chiquitos (como de ratón o de elefante). Estoy yéndome desde hace una hora pero me retiene el calor de mi cuarto y la soledad que, por esta vez, me está gustando y los libros que tengo desparramados en mi cama como hombres con los que me voy acostando, en una orgía de piernas y de brazos que me levantan el desgano de vivir y me arañan los pezones, el sexo, y me llenan de un semen especial hecho de letras que me fecundan y no quiero salir a la calle con la cara seria cuando quisiera reír a carcajadas sin ningún motivo en especial más que este sentirme preñada de palabras, en lucha contra la sociedad de consumo que me llama con sus escaparates llenos de cosas inalcanzables y a las que rechazo con todas mis hormonas femeninas cuando recuerdo las caras gastadas y tristes de las gentes en mi pueblo que deben haber amanecido hoy como amanecen siempre y como seguirán amaneciendo hasta que no nos vistamos de dinamita y nos vayamos a invadir palacios de gobierno, ministerios, cuarteles... con un fosforito en la mano[20].

EL AMOR Y EL EROTISMO LA FUENTE DE SU ARS POÉTICA

Sus tres primeros poemarios, Sobre la grama (1970), Línea de fuego (1978) y Truenos y arco iris (1982) mostraban un elemento en común, que era la conceptualización del amor de pareja como una metáfora multivalente que representaba la unidad socio-política y de género en oposición a la tiranía. Ese amor era "arma contra la opresión… el deseo dionisíaco que vence a la muerte, a la desesperación”[21]. Nuestra poeta no cae de modo irresistible –aunque guarda sus momentos de contradicción- al modelo o mito del amor romántico per sé, no ubica el sacrificio, ni el papel cenicienta, no anda en búsqueda de su andrógino, es decir, completar su naranja partida, no juega con la tradicionales cartas pasivas al camino coercitivo y paradigmático de institucionalizar sus emociones/afecciones a través del matrimonio y la familia plena, no es la princesa rescatada del cuento rosa para vivir una eterna historia feliz, donde ella sea la que cuide y aguarde alegremente mientras los otros construyen historia. No, con Gioconda en el amor también crea historia, historias, se forjan revoluciones.
Gioconda ama con el cuerpo, se entrega, reclama y se estremece, no da caricias a medias, se sabe vulnerable y abre su desnudez para fortalecerse. Como mujer empoderada ama con los cabellos en la mano, no acepta engaños, ella no engaña, quiere comunicarse, ella lo dice todo, ansia estremecer, ella se estremece.
Cuando ella habla de una sociedad nueva y la construye desde su cuerpo, también está hablando de nuevas relaciones de amor.
Te quiero como gata boca arriba,
panza arriba te quiero,
maullando a través de tu mirada,
de este amor-jaula
violento,
lleno de zarpazos
como una noche de luna
y dos gatos enamorados
discutiendo su amor en los tejados,
amándose a gritos y llantos,
a maldiciones, lagrimas y sonrisas
(de esas que hacen temblar el cuerpo de alegría)

Te quiero como gata panza arriba
y me defiendo de huir,
de dejar esta pelea
de callejones y noches sin hablarnos,
este amor que me marea,
que me llena de polen,
de fertilidad
y me anda en el día por la espalda
haciéndome cosquillas.
(…)
Te quiero como gata agradecida,
gorda de estar mimada,
te quiero como gata flaca
perseguida y llorona,
te quiero como gata, mi amor,
como gata, Gioconda,
como mujer,
te quiero.

Es una felina que identifica su animalidad, su pulsión originaria y esta es la que ofrece en el amor, el cual no define, no sistematiza, no congela. El amor pasa por espacios diversos, no por el los mitos, encantamientos, el amor que congela o el la Eva rota, sino como rechazo de ser costilla que más bien parece Lilith, y donde siempre es cuerpo, renovación, compartir. Una comunicación que se vuelve ciclo vital, a veces languidez que extraña en los domingos, y otras tantas, perdición y gozo como nos confiesa en Todo sea por amor. Pero –insistimos- no es la mujer sacrificada, ni la Penélope que teje y se resigna, es la que por su madre y contra ella, le gusta ser. Una mujer que busca y no obedece y exige un hombre de los nuevos tiempos para crear camino.
Leámosla en un fragmento de Definiciones:

Podríamos tener una discusión sobre el amor.
Yo te diría que amo la curiosa manera
en que tu cuerpo y mi cuerpo se conocen,
exploradores que renuevan
el más antiguo acto del conocimiento.

Diría que amo tu piel y que mi piel te ama,
que amo la escondida torre
que de repente se alza desafiante
y tiembla dentro de mí
buscando la mujer que anida
en lo más profundo de mi interior de hembra.
(…)
Diría que amo tu voz
sobre todo cuando decís poemas,
pero también cuando sonás serio,
tan preocupado por entender
este mundo tan ancho y tan ajeno.

Diría que amo encontrarte
y sentir dentro de mí
una mariposa presa
aleteándome en el estómago
y muchas ganas de reírme
de la pura alegría de que existía y estás,
de saber que te gustan las nubes
y el aire frío de los bosques de Matagalpa.
Podríamos discutir si es serio
esto que te digo.
Si es una quemadura leve, de segundo,
tercer o primer grado.
Si hay o no que ponerle nombre a las cosas.
Yo sólo una simple frase afirmo
Te amo

Otro ejemplo claro de su búsqueda y sacar el amor de los moldes que le heredan y que ella con su poesía reconstruye, es extender el concepto amoroso en Línea de fuego por ejemplo, donde incorpora la protesta y la ilusión del futuro. Nicaragua se hace protagonista, pero las imágenes que utiliza, la constituyen como algo vivo. Los poemas de amor a Nicaragua son poemas de amor de pareja, carnal y también social, no posesivos ni excluyentes.
Apela a todos los hombres y mujeres de su país, de Latinoamérica, del mundo.
REGLAS DEL JUEGO PARA LOS HOMBRES QUE QUIERAN AMAR A MUJERES
I
El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.
(…)
VI
El hombre que me ame
hará poesía con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.
VII
Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario.
(…)
IX
El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-
o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.
(…)
XI
El amor de mi hombre
no querrá rotularme y etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.

Los poemas de amor están presentes en todos los ríos de palabras de Bellí, y no se circunscriben en palabras que abrazan el lugar común sólo del te amo, o el tu y yo, sino están insertas en la lucha política, en la Nicaragua insomne, en las otras mujeres que abraza, en el cuerpo, su ser mujer y su erotismo. Amor, cuerpo y erotismo es la triada que sostiene en su construcción de sujeto mujer/feminista, por lo que un elemento insoslayablemente nos coloca en el otro/a, fluye, se revuelve y como en sus novelas es siempre una mujer habitada.
Por ello transitemos al camino de su poesía erótica, la cual no confunde con el amor, pues no cae en la trampa patriarcal de encerrar el encuentro erótico a partir del amor, la protección y el príncipe azul superviviente que es como característicamente se ha instruido a las mujeres, sino rebasa todo sentido –colocando al cuerpo como móvil del deseo-, la resignificación del encuentro con el otro/a. Además la poesía erótica, también para nuestra autora, representa una parte de esta insurgencia necesaria que ha permitido a las mujeres ir conquistando espacios tradicionalmente relegados a los hombres. Por medio del erotismo, las mujeres pueden liberarse de alguna loma hacia el descubrimiento de su propio cuerpo y su más íntima sensibilidad[22].
Ella misma así lo señala: “(…) Empecé a escribir poesía erótica porque no tenía prejuicios ni tabúes con respecto al sexo, tuve la suerte de tener una madre muy sana que nunca me habló del sexo de una forma sucia o pecaminosa, al contrario siempre me lo planteó como una cosa hermosa y ser mujer me lo hizo sentir como un poder, no como una debilidad”[23].
Por tanto Bellí, habla del Cuerpo con la avidez abrevada y tranquila, y de su humedad cifrada, de sus selvas untuosas y sus vertientes, habla del erotismo, de la ciénaga viva como el pilar de la expresión y vida con/en el humano. Habla de la entrega radical, como la posibilidad de alcanzar “(…) al ser en lo más intimo, hasta el punto del desfallecimiento”.[24]
Quedará de nosotros
algo más que el gesto o la palabra:
Este deseo candente de libertad,
esta intoxicación,
¡se contagia[25]!

En su poética el cuerpo es el vínculo que se abre a la continuidad, a un estado de comunicación que sobrepasa los límites del yo, un ser obsceno que se perturba con la alteración de todos los territorios trazados; un ser que muere con y a partir del otro, un ser que refunda, renueva su historia a cada instante.
Tu cuerpo son todas las frutas.Te abrazo y corren las mandarinas;te beso y todas las uvas sueltanel vino oculto de su corazónsobre mi boca.Mi lengua siente en tus brazosel zumo dulce de las naranjasy en tus piernas el promegranateesconde sus semillas incitantes.Déjame que coseche los frutos de aguaque sudan en tus poros:Mi hombre de limones y duraznos,dame a beber fuentes de melocotones y bananosracimos de cerezas.Tu cuerpo es el paraíso perdidodel que nunca jamás ningún Diospodrá expulsarme
Y parece que Gioconda hubiese leído a la feminista francesa Hélene Cixous cuando ésta habla de la importancia de que las mujeres escriban sobre su cuerpo, ya que al hacerlo -dice- podrán liberar su inconsciente, silenciado durante tanto tiempo. Y en este camino Bellí no sólo habla de él, sino se lo apropia, se cuestiona y cuestiona a lxs otrxs, y por supuesto, no se arrepiente de nada:
No me arrepiento de nada
Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
(….)
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
-en horas de oficina-
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.


Ella misma habla de cómo concibe el erotismo, como se desenvuelve cuerpo/deseo/goce además redefiniendo el amor, un amor no impuesto sino desde la refundación de su sujeto mujer:
Hubo, recuerdo, quienes se refirieron a mi poesía como poesía vaginal, o quienes se escandalizaron de que una mujer aludiera al cuerpo masculino como par de su deseo. Aunque desde mis primeros poemas tuve conciencia de que revelaba la sensualidad de mi impulso amoroso, el tránsito de la manifestación espiritual de mi amor de mujer a un lenguaje donde el cuerpo ocupaba el centro metafórico, me pareció no sólo natural, sino más acorde con el género que cambió la comodidad eterna por el olor y sabor de una lustrosa manzana. Me parecía incongruente que en una cultura donde se exaltaba a la mujer como objeto de deseo, se considerara impropio que ella deseara a su vez. Pasar de ser la que es mirada a ser la que mira fue para mí un acto de libertad necesario. Mantener la ficción de la pasividad femenina era negarle el erotismo al amor y continuar validando la mentirosa y masculina noción de que hay un cazador y una presa. El verdadero erotismo, a mi juicio, no podía existir más que a partir de dos sujetos interactuando. De allí que el salto que dí y que sólo tiempo después reconocí como mi mayor y más feliz transgresión fue el de situarme como sujeto de mi propio erotismo. Al dejar de aceptarme como objeto, escribí desde una posición de poder, ergo “masculina”, redefiniendo el amor y la sensualidad en mis términos de mujer. Creo que, más que participar en una revolución, esto es lo más revolucionario que he hecho en mi vida[26].

Sencillamente un humana que también se llama cuerpo y lo textualiza, cuenta su historia, no depende, sino como -mujer autónoma- se sabe goce, y en la entrega hacia el otro y con el otro, puede por un momento, disolver poder, reconfigurar el modo de significarse y de estar. Es una metáfora táctil, es una mujer que no se inhibe, propone.
Y este es un cambio importante en la poética erótica de Gioconda donde no objetualiza las relaciones como pretende el individualismo moderno, además posicionándose frente al dualismo cartesiano, donde prefiere a partir de su transgresión, de su cuerpo todo, posibilitar una transformación en el modo de participarse y de estar con el otro.

Ahora bien, ¿cómo es que es que con el cuerpo punto posible de encuentro y de articulación “(…) por el que puede pasar el hilo del relato o las metáforas de un poema”[27], se enlaza, comunica o conecta eróticamente con el otro? ¿Cómo es que este espacio abierto donde comparto la multiplicidad, esta cimiente de extensión puede desarrollarse con otro que me significa, y donde juntos, nos volvemos síntomas de tempestades, voces que se vuelven pieles, ojos que se plasman en expresiones que nos hablan, que nos callan?
Los seres humanos -dice Georges Bataille- vivimos solo a través del exceso, por ello, hemos de estar abiertos, abiertos a la vida, y a la muerte.
El erotismo es un cuerpo que se escamotea a la materialidad aunque parta de ella, o mejor, es un cuerpo que se recrea o un cuerpo sobre el que se construye la poesía. Es por ello algo concreto, algo tangible, pero a la vez es un cuerpo inexistente en su concreción para detentarse en la concreción de la palabra. Cuerpo-texto que destruye el cuerpo - carne pero que se monta en él para transformarlo, para sustituirlo. Por ello es delito, es más, es perverso.[28]

La noción de cuerpo puede abrazar otros linderos, que al parecer nuestra poeta a aprehendido, la noción de un cuerpo con huellas de persistencia, un goce que sobrepasa la experiencia y que marca el misterio del cuerpo que habla. Entiendo entonces, que el acto erótico puede hacernos trascender en el instante de la totalidad universal.
Entre tus piernas
el mar me muestra extraños arrecifes
rocas erguidas corales altaneros
contra mi gruta de caracolas concha nácar
tu molusco de sal persigue la corriente
el agua corta me inventa aletas
mar de la noche con lunas sumergidas
tu oleaje brusco de pulpo enardecido
acelera mis branquias los latidos de esponja
los caballos minúsculos flotando entre gemidos
enredados en largos pistilos de medusa.
Amor entre delfines
dando saltos te lanzas sobre mi flanco leve
te recibo sin ruido te miro entre burbujas
tu risa cerco con mi boca espuma
ligereza del agua oxigeno de tu vegetación de clorofila
la corona de luna abre espacio al océano
De océano los ojos plateados
fluye larga mirada final
y nos alzamos desde el cuerpo acuático
somos carne otra vez
una mujer y un hombre
entre las rocas.

Éxtasis, es embriaguez, desdoblamiento, vacío, cambio, delirio. Para Bataille, el éxtasis es la única salida del no saber, al fusionarse y desaparecer en el instante el sujeto y el objeto, lo que permanece es el no saber, la noche. Por ello la experiencia interior es la ampliación de las posibilidades humanas hasta su límite. El cuerpo desnudo será la dimensión emblemática de la cancelación de la identidad.
Y esta es parte de la experiencia interior de Gioconda:
Aspira suspira
muérete un poco
dulce lentamente muérete
agoniza contra la pupila extiende el goce
dobla el mástil hincha las velas
navega dobla hacia Venus
estrella de la mañana
- el mar como un vasto cristal azogado -
duérmete náufrago.

La desnudez revela al cuerpo en su fragilidad, colocado en esa inminencia del derrumbe de todas las barreras de sí. El cuerpo desnudo, indefenso, es el cuerpo en su capacidad de entrega radical, despojado de otra máscara que no sea su espera. Es un cuerpo sometido a la presencia del otro, pero este sometimiento es la raíz de la intensidad que hace posible la voluntad de trasgresión. Los sujetos entregados a la desnudez experimentan esa intensidad ante el resplandor de la finitud escenificado y celebrado en la presencia del otro, pero esta intensidad tiene algo de oscuro, de incierto, de muerte.
Traspasa la tierra del fuego la buena esperanza
navega loco en la juntura de los océanos
cruza las algas ármate de corales ulula gime
emerge con la rama de olivo llora socavando ternuras ocultas
desnuda miradas de asombro
despeña el sextante desde lo alto de la pestaña
arquea las cejas abre ventanas de la nariz.

Para Bataille, pensar el erotismo es pensar en la colindancia del don extremo y el despojamiento de sí mismo; es hablar de la celebración de la vida como derrame de la voluntad de disgregación, como desbordamiento de la intensidad. El cuerpo es el fundamento, el destino último y la potencia de la lucidez. El cuerpo entonces, es desmoronamiento de los límites, lugar donde la trasgresión tiene el espacio concreto, herida abierta que no es nada, si el otro no me conforma, el otro que me constituye y que en el nudo carnal se hace partícipe de lo imposible.
Yo caliento tus noches
encendiendo volcanes en mis manos,
mojándote los ojos con el humo de mis cráteres.
Yo he llegado hasta vos vestida de lluvia y de recuerdo,
riendo la risa inmutable de los años.
Yo soy el inexplorado camino,
la claridad que rompe la tiniebla.
Yo pongo estrellas entre tu piel y la mía
y te recorro entero,
sendero tras sendero,
descalzando mi amor,
desnudando mi miedo.
Yo soy un nombre que canta y te enamora
desde el otro lado de la luna,
soy la prolongación de tu sonrisa y tu cuerpo.
Yo soy algo que crece,
algo que ríe y llora.
Yo,
la que te quiere.

Y en efecto, la que quiere y además se rebasa, es la de mujer cuerpo ya no frente al goce, sino con el goce. Claramente se rebela ante el modelo univoco de "Mujer" ese que condena y reprime los placeres, sino se explaya, fantasea y celebra su poder erótico Poemas como "Mujer Irredenta," "No me arrepiento de nada," "La mujer se encuentra a sí misma" y "Declaración narcisista" son muestras de ello.
El cuerpo no reclama caricias. Se acomoda en la fuente interior. Las ciudades, los parques, las avenidas sombreadas del recuerdo o la imaginación. Por allá alguien toca una música melancólica, alborotando el placer de viejos estremecimientos. La presencia del corazón, los pulmones, el hígado, las piernas procura una cierta mansa felicidad. ¡Cuantos años para esto! Cuánto tiempo buscando lo que estaba tan cerca.

Cuantos años y cuantos siglos para que el goce se desatara, para que las mujeres se empoderaran y éste fuera parte de nuestros pasos, y para algunas, pilar de las propias revoluciones. Desde la óptica de la nicaragüense en la relación con nuestro propio cuerpo, las mujeres hemos desarrollado una especie de emocionalidad orgánica que nos permite una vivencia totalizante entre logos y eros.
Entré a la lucha política por extensión de esta rebelión personal –la mujer que se revela, se rebela, dijo José Coronel Urtecho- y porque en las tardes de mi niñez una mujer sentada frente a su tocador y absorbiendo la luz vespertina del pequeño jardín del traspatio de mi casa, conversaba largamente conmigo sobre las responsabilidades del amor. A mi madre le debo no sólo la vida, sino la comprensión intelectual de lo que significa estar viva. Su asociación ética del azar biológico que, en su interior de mujer fértil, me había escogido a mí entre cientos de posibles criaturas; y la responsabilidad que esta suerte de lotería de la existencia traía aparejada, me marcaron profundamente. Esta lectura –romántica y quizás grandielocuente de mi propia génesis- fue el sustento intuitivo que me convenció de que mi condición humana demandaba que lo lúdico se expresara en términos sociales en la búsqueda de la felicidad común. Del erotismo de la carne pasé al erotismo de la Patria. Me sumé como tantos otros jóvenes de mi generación a la lucha de Eros, contra el Thanatos que a diario se nos aparecía en su encarnación de general de ejércitos y sumo dictador. Matar la muerte fue nuestra alternativa. La lucha como se vivió en el proceso que acabó con la dictadura somocista, fue una hazaña de la imaginación que inspiró su propia épica. Para mí, la revolución constituyó un hecho erótico. El cuerpo del hombre y mi propio cuerpo se metamorfosearon en el cuerpo del país y los amores humanos y ciudadanos se confundieron en uno solo. Nicaragua se hizo mi amante mítico y la misión de contarla y cantarla me poseyó. Fue así que me enamoré de ella, me comprometí, escribí apologías, soñé con un matrimonio perpetuo y una vejez feliz y de lo único de todo eso que reniego ahora es de los despojos de mi familia política[29].

Es la hora del más alto erotismo. El placer es revolucionario y la revolución erótica comienza en la palabra, los actos, las decisiones que nos llevan a la autonomía y la esperanza creativa que mujeres como Gioconda Bellí han tomado como el pilar de sus reflexiones. ¿Qué falta para que las mujeres se gocen, se abran al camino de lo inexpugnable y lo inaprensible? Por lo pronto, una lectura de cómo ella dice su “hoja de vida” nos permite admirar la capacidad lúdica inagotable del ser humano y su participación urgente en la dialéctica de la historia, que es también nuestra historia, en la desnudez de la vida con miedos y sin ellos, con certezas y muchas afortunadas incertidumbres.
Es urgente que las mujeres no nos auto saboteemos, nos atemos a las viejas formulas de la vida patriarcal que nos invisibiliza y a la postre desaparece. ¿Qué es lo que pasaría si abolimos los condicionalismos y nos abrimos a un proceso de autonomía y empoderamiento del ser humano/mujer que decidamos construir? Probablemente muchas de las claves estén en el cuerpo, y otra vez en la revolución del placer; exploremos y permitamos que Gioconda Bellí nos acompañe en nuestra propia música de búsqueda.






BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
Bataille, Georges, El erotismo, Tusquets, México, 1997.
Belli, Gioconda. Apogeo. Madrid: Visor, 1998.

---. El país bajo mi piel. Memorias de amor y guerra. Barcelona: Plaza y Janés, 2001.

---. Poesía Reunida. México: Editorial Diana, 1989.
---. “La poesía me sobrepasa”, Entrevista por Patricia Venti en (Heidelberg, Alemania, 1995) en http://www.letralia.com/152/entrevistas01.htm

---.DISCURSO DE INGRESO A LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA, en http://www.giocondabelli.com/conferencias/discurso%20ingreso%20RALE.htm

Garrido Lorena, 2005, «Storni, Mistral, Ibarbourou: encuentros en la creación de una poética feminista». Documentos Lingüísticos y Literarios 28: 34-39 www.humanidades.uach.cl/documentos_linguisticos/document.php?id=90
Grau-Lleveria, Elena. «La poesía erótica de Gioconda Belli: Tradición y alteración.» Afrodita en el trópico; erotismo y construcción del sujeto femenino en obras de autoras centroamericanas. 1999. 47-59

Glanz, Margo, “Poesía y erotismo” en Bataille Georges Lo imposible, Premia editores, México, 1989.
Iffland, James. Ensayos sobre la poesía revolucionaria de centroamérica. San José, Costa Rica: EDUCA, 1994.

Kearns, Sofía. Hacia una poética feminista latinoamericana: Ana María Rodas, María Mercedes Carranza y Gioconda Belli. Diss. University of Illinois at Urbana-Champaign, 1995.

Martínez Adelaida, FEMINISMO Y LITERATURA EN LATINOAMÉRICA en http://www.correodelsur.ch/Arte/literatura/literatura-y-feminismo.html

Palacios Conny en:
Gioconda Belli: La expresión del feminismo en Apogeo http://www.escritorasnicaragua.org/critica?idcritica=70

Ross Yazmín, GIOCONDA BELLI Y SUS PRESAGIOS Entre la nada y la utopía Extraído del semanario Brecha - Montevideo http://www.trovarelamerica.org/entrevista-desde-un-arcon-gioconda-belli-escritora-nicaraguense/

[1] Belli Gioconda, poema “cotidiano” del poemario Sobre la grama (1970-1974) en Poesía Reunida. México: Editorial Diana, 1989.
[2] A lo largo del presente trabajo siempre la palabra femenino aparece en cursivas, cuestionando así a la palabra en sí misma que contiene implicaciones y roles ideológicos que se encuentran en permanente discusión.
[3] Existe una literatura de mujeres o es simplemente literatura? Es absurda la separación entre literatura y literatura de mujeres. Sería como decir que la otra literatura escrita por los hombres es masculina. Es claro que existe un lenguaje masculino y otro femenino porque cada uno escribe como lo que es, y si soy una mujer hablo como mujer, hay un lenguaje particular que pertenece a la mitad del género humano. Pero hacer la separación entre literatura y literatura de mujeres es peyorativo, es como decir que nosotras las mujeres tenemos una cabeza y somos capaces de pensar, de ver con ojos propios el mundo. En Belli Gioconda, “La poesía me sobrepasa”, Entrevista por Patricia Venti en (Heidelberg, Alemania, 1995) en http://www.letralia.com/152/entrevistas01.htm
[4] Garrido Lorena, 2005, «Storni, Mistral, Ibarbourou: encuentros en la creación de una poética feminista». Documentos Lingüísticos y Literarios 28: 34-39 www.humanidades.uach.cl/documentos_linguisticos/document.php?id=90
[5] Desde mediados de los años setenta hasta nuestros días, esta autora ha publicado seis libros de poemas -Sobre la grama (1974), Línea de fuego (1978), Truenos y arcoiris (1982), De la costilla de Eva (1987), El ojo de la mujer (1991), Apogeo (1997)- y tres novelas -La mujer habitada (1988), Sofía de los presagios (1990) y Waslala (1996)-, obras con las que ha obtenido una excelente acogida por parte de público y de crítica.

[6]Belli, Gioconda. Apogeo. Madrid: Visor, 1998, 101-2
[7] ---. Poesía Reunida. México, op; cit.
[8] Belli Gioconda, “La poesía me sobrepasa”, Entrevista por Patricia Venti en (Heidelberg, Alemania, 1995) en http://www.letralia.com/152/entrevistas01.htm
[9] Belli Gioconda, Poesía Reunida, op, cit.
[10] Martínez Adelaida, FEMINISMO Y LITERATURA EN LATINOAMÉRICA en http://www.correodelsur.ch/Arte/literatura/literatura-y-feminismo.html
[11] ENTREVISTA A GIOCONDA BELLI, El arte y los artistas En http://www.mundoforo.com/archivo/mensajes/7610/candombeando/el-arte-y-los-artistas-entrevista-a-g-belli.html
[12] Entiéndase el feminismo de Gioconda Bellí como uno de los tantos modos de acceder y construir el discurso feminista, ubicado teóricamente en el feminismo de la igualdad, con todas las polémicas que con lleva desde la óptica del feminismo de la diferencia o el anarkofeminismo por sólo citar algunos ejemplos.
[13] Bellí Gioconda, Poesía Reunida, op, cit.
[14] http://www.casamerica.es/casa-de-america-virtual/literatura/articulos-y-noticias/gioconda-belli
[15] Ross Yazmín, GIOCONDA BELLI Y SUS PRESAGIOS Entre la nada y la utopía Extraído del semanario Brecha - Montevideo http://www.trovarelamerica.org/entrevista-desde-un-arcon-gioconda-belli-escritora-nicaraguense/
[16] Belli, Gioconda. Apogeo. Madrid: Visor, 1998, op, cit.
[17] Palacios Conny en:
Gioconda Belli: La expresión del feminismo en Apogeo http://www.escritorasnicaragua.org/critica?idcritica=70
[18] Ross Yasmín GIOCONDA BELLI Y SUS PRESAGIOS, op. Cit.
[19] Soy feminista Florence Thomas, Cofundadora del grupo Mujer y Sociedad
[20] en: http://www.laneta.apc.org/cidhal/suple/sembla.html
[21] Grau-Lleveria, Elena. «La poesía erótica de Gioconda Belli: Tradición y alteración.» Afrodita en el trópico; erotismo y construcción del sujeto femenino en obras de autoras centroamericanas. 1999, p, 51.
[22] CAMPELL BARR SHIRLEY, La mujer en la poesía latinoamericana: De musas a Feministas
[23] Belli Gioconda, “La poesía me sobrepasa”, Entrevista por Patricia Venti en (Heidelberg, Alemania, 1995) en http://www.letralia.com/152/entrevistas01.htm
[24] Bataille Georges, El erotismo, Tusquets, México, 1997, p. 22.
[25] Gioconda Belli. Línea de fuego (1974-1978) ,poema: QUEDARÁ DE NOSOTROS

[26] Bellí, Gioconda, DISCURSO DE INGRESO A LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA, en http://www.giocondabelli.com/conferencias/discurso%20ingreso%20RALE.htm
[27] Bataille Georges, El erotismo, op, cit.
[28] Glanz Margo, “Poesía y erotismo” en Bataille George Lo imposible, Premia editores, México, 1989.
[29] Bellí, Gioconda, DISCURSO DE INGRESO A LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA, op, cit.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Salpicadas y atorones poliamorosos que van desde las fantasias hasta los cerdos, desde la disidencia política hasta García Lorca











Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.
Ventana sobre la utopía.
Eduardo Galeano.
http://radiomenteabierta.com/lacasa/









El tema de nuestro próximo programa es: Salpicadas poliamorosas:

¿Es el poliamor una fantasía cumplida? ¿Cuando eres poliamoroso es por qué has cumplido con tú objetivo emocional? ¿Es este el modo de vida que quieres?

Un poquito de la vida de Cleopatra y Messalina, vida de reinas ¿vidas poliamorosas?

Salpicadas culturales de películas:
La poliamorosa Juegos de mujer y Mujeres infieles ¿película poliamorosa?

Y... cómo condimento especial:
Vida de cerdos, vida porcina ¿Sabías que los éstos animales son aún más inteligentes que los perros?

Además otros estornudos sobre los acontecimientos políticos actuales, pronunciamientos, notas e invitaciones.

Ahh, pero no es todo, nos acompañan musicalizaciones de la obra de Federico García Lorca, presentación del poeta Gustavo Tissoco, la fiereza Oaxaqueña de Ferrina, el derecho al delirio de Galeano, los modos de Sabines, y el peculiar andar de algunos y algunas desaforados que han tomado por asalto a la casa de los 1000 cuartos.

¿Nos vemos el 9 de mayo en el plantón de Molino de Flores para conmemorar 3 años más, 3 años de lucha?

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LA CASA DE LOS 1000 CUARTOS no da tregua, no tiene pausas, porque la vida está naciendo a diario, porque los encuentros en estos momentos son muy, muy importantes, y además porque la disidencia sigue y seguramente con el shock actual, pretenderán diseminarnos, aislarnos, arrebatarnos la palabra colectiva…
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¿Nos encontramos?
La cita es este próximo jueves 7 de mayo (desde las 7p.m. a las 8.30 p.m.)
También a nuestro modo decimos:
¡YA BASTA!
http://radiomenteabierta.com/lacasa/

Seguimos hurgando mundos, reconociéndonos en ojos cálidos, destruyendo la desesperanza....
Poliamor, erotismo, disidencia e incidencia política, resistencia y propuestas alternativas, voces desaforadas y deconstrucciones bizarras, amor, tribulaciones y en esta ocasión, mucha, muchísima música poliamorosa.
¿Nos acompañas?
Y... ¿ya escuchaste los postcads? Pues para el amor no hay tiempos fijos, reglas, normas, hay fluidez, desenfado, modos distintos.
En cualquier tiempo de tu camino, basta teclear:
http://radiomenteabierta.com/lacasa/
Y escoge uno de los programas que desees, y coméntalos, critícalos, tómalos y si quieres hacer al poliamor una de las casas de tú vida, bienvenide. Pero si solo tienes curiosidad, pues bienvenide.
De creatividad, curiosidad, utopía, magia, están construidos también los otros mundos.
Nos escuchamos, nos encontramos, estamos, sobrevivimos, resistimos.
http://radiomenteabierta.com/lacasa/
Posdata molón de información:
LA CASA DE LOS MIL CUARTOS, es un programa que se trasmite por el espacio virtual que pretende como experimento colectivo, poner las otras emociones en la mesa, en la cama, en el sillón, en la cotidianidad, precisamente en el escondrijo donde el amor se guarda o se atesora, en la cocina entre la sopita y el llanto alegre, un amor que se la juega entre las marchas y los presos políticos, entre la denuncia y el erotismo.
En este programa hablamos del amor libre, de la posibilidad concreta de compartir el amor como un asunto que puede ser de más de dos, amor de colectividades, amor que se rebela al estándar, a la noción tradicional de familia, monogamia, matrimonio. Aquí la locura, el rompimiento al status quo, la transgresión ante lo impuesto, el YA BASTA, forman parte del quehacer radiofónico.
......
Nuestro cuerpo es un territorio político, donde empieza la revolución. ¿Cuándo comenzamos?
http://radiomenteabierta.com/lacasa/

martes, 6 de enero de 2009

Nuestro cuerpo es un territorio político, donde empieza la revolución. ¿Cuándo comenzamos?


Guerra de la calle, guerra del alma


¿Cuántas veces he sido un dictador? ¿Cuántas un inquisidor, un censor, un carcelero? ¿Cuántas veces he prohibido, a quienes más quería, la libertad y la palabra? ¿De cuántas personas me he sentido dueño? ¿A cuántas he condenado por cometer el delito de no ser yo? ¿No es la propiedad privada de las personas más repugnante que la propiedad privada de las cosas? ¿A cuánta gente usé, yo que me creía tan al margen de la sociedad de consumo? ¿No he deseado o celebrado, secretamente, la derrota de otros, yo que en voz alta me cagaba en el valor del éxito? ¿Quién no reproduce, dentro de sí, al mundo que lo genera? ¿Quién está a salvo de confundir a su hermano con un rival y a la mujer que ama con la propia sombra?

Eduardo Galeano “Días y noches de amor y de guerra

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Ojos de sangre


Si acaso soy circe, es por la furia de tus pestañas que me estrujan.
No es un brebaje, son tus ojos con sangre que cada vez que ríen,
me convierten en puta ansiosa.


DIANA MARINA NERI ARRIAGA.

Soy la mujer


Recuerdas?. Alice Walker


¿Recuerdas?
¿Me recuerdas?
Soy la chica
de la piel oscura
y los zapatos gastados.
Soy la chica
con dientes cariados.
Soy la chica
negra de los dientes podridos
con el ojo herido
y la oreja destrozada.
Soy la chica
que sostiene a sus hijos,
cocina sus comidas,
barre sus patios,
lava sus ropas.
Oscura y pudriéndome
y herida, herida.
Yo daría
a la raza humana
tan sólo esperanza.
Soy la mujer
con la piel oscura bendecida.
Soy la mujer
con los dientes arreglados.
Soy la mujer
con el ojo sanado,
con la oreja que oye.
Soy la mujer: Oscura,
arreglada, curada,
que te escucha.
Yo daría
a la raza humana
tan sólo esperanza.
Soy la mujer
que ofrece dos flores
con raíces gemelas.
Justicia y Esperanza.
Comencemos. "

LA MARAVILLA DE SER LAS NUEVAS PUTAS BRUJAS: POLIAMOR Y FEMINISMO




LA MARAVILLA DE SER LAS NUEVAS PUTAS BRUJAS: POLIAMOR Y FEMINISMO.

(PRIMERA PARTE)
DIANA MARINA NERI ARRIAGA.

El cuerpo no reclama caricias.
Se acomoda en la fuente interior.
Las ciudades, los parques, las avenidas sombreadas del recuerdo
o la imaginación.
Por allá alguien toca una música melancólica,
alborotando el placer de viejos estremecimientos.
La presencia del corazón, los pulmones, el hígado, las piernas
procura una cierta mansa felicidad.
¡Cuantos años para esto!
Cuánto tiempo buscando
lo que estaba tan cerca.
Gioconda Bellí

El poliamor es un neologismo construido como discurso a principios de los años noventas, pero el amar como una propuesta colectiva, consensuada, honesta, libre de las ataduras impuestas, y que mira con recelo otras auto ataduras, es un constructo que ya desde hace mucho tiempo se le llama amor libre.


El siglo XIX es una pauta importante para hablar de un movimiento social que busca cuestionar la monogamia como único modo de relacionarse amorosamente, hacer frente a la imposición del matrimonio, contrato que no necesariamente tiene que ver con el amor, pero sí con la propiedad privada, la acumulación de mercancías y la opresión del cuerpo.

Nos atrevemos a establecer que el amor libre es una rebelión contra las instituciones y sus leyes, esas que pretenden coptar hasta el espíritu.

La lucha contra las imposiciones, es una tarea que las mujeres han encabezado desde los siglos XVIII y XIX y que se constituye como uno de los pilares que conforman el feminismo. Imposible no recordar los desafíos de una Olimpia De Gouges quien muere en manos de la guillotina de Robespierre exigiendo la abolición del matrimonio y su sustitución por un encuentro entre hombre y mujer en paridad de derechos. ¿Podíamos las mujeres seguir permitiendo ser consideradas como “menores de edad” y que nuestro cuerpo fuese la mercancía al “mejor postor”? La petición de Olimpia y de las mujeres era sencilla, sigue siendo sencilla: Reclama que los derechos del ciudadano de la revolución francesa se extiendan a las ciudadanas, no humanos de segunda clase, sólo humanos con derechos y deberes.

Y que decir de la mujer muerta casi después del parto trayendo al mundo a la escritora de Frankenstein: Maria Wollstonecraft, quien por primera vez, llamaba “privilegio” al poder que siempre habían ejercido los hombres sobre las mujeres de forma «natural», es decir, como si fuera un mandato de la naturaleza. Wollstonecraft es radicalmente moderna puesto que pone el embrión de dos conceptos que el feminismo aún maneja en el siglo XXI: la idea de género ‑lo considerado como «natural» en las mujeres- es en realidad fruto de la represión y el aprendizaje social o como diría años después la poliamorosa Simone de Beauvoir en su máxima obra El segundo sexo: “La mujer no nace, se hace”.

Además abogo por la abolición del matrimonio, considerándolo como un instrumento de aniquilación para las mujeres que nos reduce al papel social y pasivo de madre y esposa, roles que abren paso al sometimiento en muchos de sus niveles.

Los debates que las mujeres iniciaron con fuerza clara y contundente, siendo claves en estos tiempos, están situados por un lado con la vertiente de poder contar con acceso a un control de natalidad, el derecho de los niños fuera del matrimonio, y por otro, a la reivindicación del derecho al placer de las mujeres fuera de toda institución. La afrenta ha sido, encerrar el cuerpo, atarlo, construirlo desde la pasividad, la resignación.

Cabe destacar que la vida de Wollstonecraft además de ofrecernos importantes reflexiones sobre el feminismo nos coloca en la vivencia cotidiana la posibilidad del amor libre con sus diversos vericuetos, no solo como un postulado teórico, sino como el compromiso de su vida, por ello Virgina Wolf escribió sin duda que, “la vida de Mary Wollstonecraft fue un experimento”.

Los humanos experimentamos y amamos, y se dice que con el amor se encienden y apagan todas las llamas, hasta esas que se desparraman, hasta la raíz de la razón.

La imposición heteropatriarcal nos ha negado desde hace siglos, la posibilidad libre de decidir a quien amar, como amar, inventar y recrear las lúdicas formas de conformarse en y con el otro, la otra, los otros.

Los diferentes sistemas y niveles de dominación y poder han situado al humano en el escollo de comprender que libertad, autonomía y colectividad también son ingredientes de la relación amorosa.

¿Quién signo que solo es posible enamorarse de una persona? ¿En realidad cuales son los intereses de la monogamia? ¿Qué hay más allá del velo cómico de las instituciones enarboladas como únicas posibles para el “amor” tales como la familia o el matrimonio? ¿Quién nos enseño a amar? ¿Conocemos desde donde cuando y por qué se ama?

Y si a esto sumamos que a las mujeres se les ha negado el derecho de decidir sobre su cuerpo, sus emociones, sus razones, sus creatividades, tenemos un imaginario social que en el siglo XXI comercia con el amor, lo fetichiza y lo vuelve otro instrumento de alineación y reificación.

La memoria es frágil y también sirve para que manipulándola, se escriba la historia; en los libros de texto cuando se escribe aborto, se pretende hacernos leer, muerte; cuando se habla de la resiginificación de nuestros vínculos eróticos y amorosos, se coloca la etiqueta: “promiscuidad y libertinaje”.

Hoy a una mujer empoderada y clara en la búsqueda de sus modos de amar, coger, sentir, ser, estar, gozar, fluir, se le llama PUTA.

No somos Emma Goldman o Anais Nin, no me siento Wollstonecraft, ni Mary Shelley, fueron muy lucidas Flora Tristán o Simone de Beauvoir, pero no, no soy ellas, soy lesbiana Lourdes o Maria o sexo servidora, soy Lucia o campesina, me llaman Lola o estudiante, hoy me puse Lupita o ama de casa, trabajadora domestica o dentista, indígena o transexual; pero todas ellas son como yo: mujeres, poliamorosas, y abiertas a la vida, locas y desafiantes, putas que recuperamos nuestro cuerpo y nuestro amor. No lo victimizamos, ni le ponemos “moño rosa”, no es un paquete o regalo, somos nosotras, las nuevas brujas libres.

Continuará…

domingo, 25 de mayo de 2008

LA NOCIÓN DEL CUERPO ERÓTICO EN BATAILLE EN



Buena vida:

Les comparto entre los choritos de la vida y la disidencia, un texto que recién el miércoles 21 de mayo leí en el XXV encuentro nacional de estudiantes de filosofía en la BUAP en la Ciudad de Puebla, abierta pa' los jitomatazos y las palabras, Vale.


LA NOCIÓN DEL CUERPO ERÓTICO EN BATAILLE EN
CONTRAPOSICIÓN CON EL CUERPO MÁQUINA SADIANO:
LA PROPUESTA DE UN CUERPO POÉTICO


DIANA MARINA NERI ARRIAGA.

El cuerpo como un texto en fuga, el espacio del sentido y la aproximación del sin sentido, nuestro mayor signo ante el mundo, el lugar de todos los “riesgos que regulan el reparto de las fuerzas, los poderes y los códigos”.[1]


Considero que no solo es pertinente sino necesarisimo revisar las categorías fundamentales en torno al cuerpo y el modo en el que lo asumimos modernamente en occidente, en particular con relación a nuestra aproximación erótica, para ello establezco que Sade representa el paradigma de cómo los humanos utilizamos y cosificamos al otro, dándole la dimensión de existencia solo para la satisfacción de nuestras “parvedades” de contacto, uso y posesión. Al cuerpo entonces, se le ha vuelto preso, se le mecaniza, lo que implica una nueva forma de colocar al poder en el ámbito disciplina / docilidad, donde se corresponde una relación jerárquica sobre lo que fuese el cuerpo activo, constituyendo una anatomía política que coloca a los poderes como un ejercicio cotidiano que habita nuestros días.


El cuerpo es una superficie inscrita de eventos (delineados por el lenguaje y delineados y disueltos por las ideas), el lugar de la personalidad disociada (que adopta una ilusión de unidad sustancial) y un volumen de desintegración. La genealogía, como análisis de la decadencia, está situada así dentro de la articulación del cuerpo y la historia. Su tarea es exponer un cuerpo totalmente impreso por la historia y por el proceso de destrucción histórica del cuerpo.[2]

De ahí parto para desentrañar en el cuerpo los diversos lenguajes que lo habitan. Creo firmemente en Horkheimer y Adorno cuando apuntan que es el odio-amor hacia el cuerpo, lo que tiñe toda la civilización moderna. El cuerpo como lo que es inferior, es objeto de burla y maltrato, y a la vez se lo desea, como lo prohibido, reificado, extrañado.


...Sólo la civilización conoce el cuerpo como una cosa que se puede poseer, solo en la civilización el cuerpo se ha separado del espíritu como objeto, como cosa muerta, corpus. Con la auto degradación del hombre a la categoría de corpus la naturaleza se venga del hecho de que el hombre la degradó convirtiéndola en objeto de dominio, en materia prima.[3]

En este dominio, en estos modos nuevos de acceder al cuerpo, se ha permitido la manipulación de la naturaleza hasta el punto de moldearla acorde a los propósitos de uso, medios y fines. La pregunta Kantiana, siempre vigente, siempre incesante, sobre ¿Qué es el hombre? Nos lleva otra vez, irremediablemente a la apertura enigmática del saber del cuerpo, cuerpo en tanto ser de lo humano, cuerpo en tanto razón y objeto de estudio, cuerpo en tanto escritura, cuerpo subjetivable.


Un cuerpo que de acuerdo al modelo del Marqués de Sade –tan vilipendiado pero venerado al fin-, se le instituirá en la noción de docilidad, un cuerpo que puede ser tomado, utilizado, sometido, transformado, seccionado. La realización sexual deviene de la participación de órganos; los falos son fuelles, tubos o piedras que se clavan incesantemente, y las vulvas, coños, y anos, simplemente orificios que desfloran nuevas y cada vez más osadas emociones.


Baste una radiografía actual del contrato sexual, para subrayar como los cuerpos se ponen a prueba en “el reino del paraíso sexual”. Pirámides y composiciones corporales que son marcadas por un ritmo, un tiempo y espacio en donde el cuerpo casi enjuto, es penetrado, golpeado, excretado, fornicado.


Cuerpos que reflejan la forma de relacionarnos con/en el mundo y con/en el otro. Espacio y dimensión de la existencia que pudiese analizarse desde un momento histórico y un entramado cultural donde desde el arte, la ciencia y la filosofía, se hace evidente el cuerpo como posible objeto de reflexión; o desde el psicoanálisis con la conceptualización de un cuerpo-pulsión; con el marxismo desde la teoría de la plusvalía y el hombre como fuerza de reproducción, o bien desde las nuevas corrientes históricas, la lingüística, el estructuralismo y sus variantes “post”; la poesía, la danza, o el teatro contemporáneos, des-atan al cuerpo del campo de la biología y facilitan verlo como una realidad dinámica y compleja, siempre inasible; desnaturalizan el cuerpo y lo relacionan con otro orden, orden de cultura, de poder, de discurso. O verlo desde una escena política y social donde se identifica la relación entre cuerpo y horror: el cuerpo de las guerras y del holocausto, de la mutilación, el cuerpo de la imposición de un sexo sobre otro; el cuerpo de la dictadura en Latinoamérica, los cuerpos de nuestras muertas todas las de Juárez donde la tortura y la desaparición, la mutilación y el desamparo hacen de telón de fondo para el dominio sutil y/o terminante de los cuerpos.


Ahora bien, ¿Para qué estudiar al cuerpo desde la reflexión especifica de Sade y contraponerlo con un cuerpo abierto a la disolución de la que habla Bataille? ¿Qué importancia tiene esto en nuestros días, mientras otros cuerpos se tecnifican, o vegetan en el olvido de millones, o mueren en guerras, en el hambre o en la indiferencia que es más que una muerte lenta?


Hablo del Cuerpo con la avidez abrevada y tranquila, de la humedad cifrada, de sus selvas untosas y sus vertientes, hablo del erotismo, de las ciénega viva como el pilar de la expresión y vida con/en el humano. Hablo de la entrega radical, como la posibilidad de alcanzar “al ser en lo más intimo, hasta el punto del desfallecimiento”[4].


Sostengo que nuestro cuerpo es el vínculo que se abre a la continuidad, a un estado de comunicación que sobrepasa los límites del yo, un ser obsceno que se perturba con la alteración de todos los territorios trazados; un ser que muere con y a partir del otro, un ser que refunda, renueva su historia a cada instante.


Sencillamente un humano que en la entrega puede disolver el poder, reconfigura su modo de significarse y de estar, de ahí que se considera que tales elementos deben tomarse como sumo necesarios para una valoración de las formas de convivencia política.


La propuesta de una alternativa para ser pensada, es estar en la conciencia de esa fusión erótica que rompe individualidades, que desplaza al sujeto y que se abre sin más a cuestionarse en la trasgresión, posibilitando una transformación en el modo de participarse y de estar con el otro. Preocupación nodal de nuestro tiempo.


Permítanme agregar además, que estoy convencida que en el juego o rejuego en el que se ejerce el poder, la dicotomía sexo&poder, tiene sus ámbitos de expansión y contracción perfectamente identificables en los modos de asumir occidentalmente nuestro cuerpo y el ejercicio de éste, a través de renovados contratos sexuales.


Por eso Sade, por eso la pregunta que inquietó a Beauvoir y que sigue ahora permanentemente vigente. “Las verdaderas relaciones del hombre con el hombre”.[5]


Desanudar entonces esa jerarquía, ese constante reacomodo de fuerzas y dominio que se abren en lo sexual, nos permitirá identificar que no será posible luchar en el mero terreno de lo social, en la arena del campo político y comunitario, sino se revisan primero y/o paralelamente las formas de convivencia erótica. Revisar estos mecanismos, subvertirlos, abrirse a la visión Batailleana, pudiese darnos elementos para estar listos a la fragua del gozo, del dolor lo mismo que a la muerte, o más allá de estas, para vislumbrar el éxtasis, y con la conciencia de está, intentar una convivencia diferente, no de utilización, cosificación, sino de identificación, reconocimiento al otro. Una relación entre continuos y que se abre a la comunicación del compartir. Bordes profundos que pueden volverse practicas de libertad.


Por ello otra vez, la pregunta nos abraza de nuevo: ¿Podremos recuperar algún día nuestro cuerpo, enhebrar las historias sobre nuestros significantes corporales? ¿Liberarnos del ropaje de lo moderno en el sentido de funcionar de acuerdo a los preceptos de cuerpo cosa, cuerpo móvil, cuerpo de lo otro? ¿Cómo dejar de censurar el cuerpo, nuestra palabra, ese texto tan antiguo en que se nos inscribe la ruptura, ese cuerpo instrumento de disolución y desmoronamiento de los “limites” del yo, cuerpo del deseo abierto?


Su cuerpo pareció descubrirse con su desnudez, extendiéndose sobre sí mismo, nuevo, vivo e impersonal, como una frase nunca dicha, siendo la totalidad y cada una de las palabras, revelándose fuera de su ser dejando que Eduardo la tomara y acompañándola en su placer, para luego obligarla a seguirla en el suyo, hasta que uno y otro se confundía entre sí, extendiéndose sin limites, precipitándose de vacío en vacío, de plenitud en plenitud, en una serie de caídas interrumpidas hacia un espacio cada vez más amplio... tan inconmensurable dejo de existir, a pesar de que estaba más presente que nunca.[6]

De ahí que el proyecto que aquí se presenta, se encuentre estructurado a partir del amado y terrible cuerpo, las inscripciones e historia de éste campo lúdico y fértil desierto, de éste espacio de superficie y pliegue de profundidad. No cabe duda, que para “estar” frente a la “presencia” del otro, es el cuerpo el que me ha permitido ser mirado, escrutado o soslayado, llanamente “medido por una desdeñosa mirada o aún simplemente percibido por una mirada extraña”[7]


Siendo éste cuerpo como el colmo del mosaico de signos, como la enérgica voz simbólica que desde adentro me grita los susurros de la palabra, “...la piel, las manos, los ojos, la cara, no dejan de expresar, los gestos no dejan de significar, los vestidos no dejan de simbolizar y los propios silencios no dejan de hablar”[8]


Ahora bien, ¿como es que éste único punto posible de encuentro y de articulación “por el que puede pasar el hilo del relato o las metáforas de un poema”[9], se enlaza, comunica o conecta eróticamente con el otro? ¿Cómo es que este espacio abierto donde comparto la multiplicidad, esta cimiente de extensión puede desarrollarse con otro que me significa, y donde juntos, nos volvemos síntomas de tempestades, voces que se vuelven pieles, ojos que se plasman en expresiones que nos hablan, que nos callan?


Este es el punto central de nuestro texto, la hipótesis del cuerpo frente al desarrollo erótico con el otro, y la perspectiva desde las diferentes lecturas y modos de asumirse, por ello, Sade y Bataille nos han propuesto dos espacios de análisis para entender/entenderse distintos:


1) Entender la dimensión corporal y con ello, la relación erótica a partir de Bataille, siendo está una herramienta de la trasgresión, cada interdicto expresa así su cabal inutilidad ante la dentellada nauseabunda de la muerte o ante la exánime consecuencia del éxtasis amatorio.[10] Lo obsceno es decir, la extremosidad de la experiencia erótica, es la raíz de las energías vitales.[11]


Los seres humanos dice Bataille vivimos solo a través del exceso, por ello, hemos de estar abiertos, abiertos a la vida, y a la muerte.


El erotismo es un cuerpo que se escamotea a la materialidad aunque parta de ella, o mejor, es un cuerpo que se recrea o un cuerpo sobre el que se construye la poesía. Es por ello algo concreto, algo tangible, pero a la vez es un cuerpo inexistente en su concreción para detentarse en la concreción de la palabra. Cuerpo-texto que destruye el cuerpo - carne pero que se monta en él para transformarlo, para sustituirlo. Por ello es delito, es más, es perverso[12].

Así, su noción de cuerpo, abraza otros linderos, se bifurca en la noción de un cuerpo con huellas de persistencia, un goce que sobrepasa la experiencia y que marca el misterio del cuerpo que habla. Entiendo entonces, que el acto erótico puede hacernos trascender en el instante de la totalidad universal.


Éxtasis, es embriaguez, desdoblamiento, vacío, cambio, delirio. Para Bataille, el éxtasis es la única salida del no saber, al fusionarse y desaparecer en el instante el sujeto y el objeto, lo que permanece es el no saber, la noche. Por ello la experiencia interior es la ampliación de las posibilidades humanas hasta su límite. El cuerpo desnudo será la dimensión emblemática de la cancelación de la identidad.


-¿Quieres ver mis entresijos? -me dijo [Edwarda].


Con las manos agarradas a la mesa, me volví hacia ella. Sentada frente a mí, mantenía una pierna levantada y abierta; para mostrar mejor la ranura estiraba la piel con sus manos. Los "entresijos" de Edwarda me miraban, velludos y rosados, llenos de vida como un pulpo repugnante. Dije con voz entrecortada:


-¿Por qué haces eso?
-Ya ves, soy DIOS...
[...] Había guardado su postura provocante. Ordenó:
-¡Besa!
-Pero... ¿delante de todos?...
-¡Claro!
Temblaba; yo la miraba inmóvil; ella me sonreía tan dulcemente que me hacía estremecer. Al fin me arrodillé; titubeando puse mis labios sobre la llaga viva. Su muslo desnudo acariciaba mi oreja: me parecía escuchar un ruido de olas como el que se escucha en los caracoles marinos. En la insensatez del burdel y en medio de la confusión que reinaba a mi alrededor [...], yo permanecía extrañamente en suspenso, como si Edwarda y yo nos hubiéramos perdido en una noche de vendaval frente al mar[13].

La desnudez revela al cuerpo en su fragilidad, colocado en esa inminencia del derrumbe de todas las barreras de sí. El cuerpo desnudo, indefenso, es el cuerpo en su capacidad de entrega radical, despojado de otra máscara que no sea su espera. Es un cuerpo sometido a la presencia del otro, pero este sometimiento es la raíz de la intensidad que hace posible la voluntad de trasgresión. Los sujetos entregados a la desnudez experimentan esa intensidad ante el resplandor de la finitud escenificado y celebrado en la presencia del otro, pero esta intensidad tiene algo de oscuro, de incierto, de muerte.


Para Bataille, pensar el erotismo es pensar en la colindancia del don extremo y el despojamiento de sí mismo; es hablar de la celebración de la vida como derrame de la voluntad de disgregación, como desbordamiento de la intensidad. El cuerpo es el fundamento, el destino último y la potencia de la lucidez. El cuerpo entonces, es desmoronamiento de los límites, lugar donde la trasgresión tiene el espacio concreto, herida abierta que no es nada, si el otro no me conforma, el otro que me constituye y que en el nudo carnal se hace participe de lo imposible.


2) Nuestra segunda hipótesis se centra en la mirada a partir de los sentidos de la modernidad, en donde se ha enarbolado aún sin pensarlo o aceptarlo el discurso sadiano, un cuerpo que es relacionado como dijese Foucault con el orden, orden del placer, de poder, de discurso.


El poder, el saber y el placer son tres conceptos que se enlazan siempre en el discurso sexual Sadiano, en donde los libertinos infiltran y controlan nuestros cuerpos a través del placer. El otro solo existe en la medida de la necesidad del libertino, es una maquina ejecutante que debe recomponerse y operar de acuerdo a la composición de la obra, actúan como orquestadores, cómplices o victimas. La actuación sexual es un acto de equilibrio entre la pasión y razón, donde no hay desborde, no vértigo, en lo absoluto, desorden o experiencia de límite sino autoritarismo y represión. Y bajo condiciones tales, la concepción y el proyecto sobre el otro, está negada. De ahí que diga Batrhes: “La práctica sadiana está dominada por una gran idea de orden: los “desarreglos” se organizan enérgicamente, la lujuria no tiene freno, pero sí orden”[14]


A Sade tal y como paradigma de lo moderno, le preocupa el orden[15], el tiempo y la acción, se interesa por la particular coherencia del libertino, quien soberbiamente desempeña su papel de orquestador, y donde precisamente, todas las escenas lubricas están compuestas con sumo cuidado; sus personajes siempre bien diferenciados, nunca son mediocres, o representan lugares comunes, sino tienen una causa específica de existencia: libertinos que aceptaron el vicio como modo de vida (Dolmance etc), libertinos que se esfuerzan por crecer en el ámbito (Norceuil), virtuosos a los que se impulsa o se les obliga a vivir en el vicio (Sophie, Justine, Aline y Valcour, Eugene etc), y el pueblo, a quien desprecia y son objetos indispensables para decorar la escena, maquinas bien dotadas en el caso masculino, y bellos traseros dispuestos a ser profanados en el caso femenino. Solo eso. Desprecio. Dice Sade en un dialogo entre Norceuil y Juliette después de la celebración de una orgía: “-¡Qué imbéciles son estos seres - Dice Norceuil-; son las máquinas de nuestras voluptuosidades, y eso es demasiado poco para sentir nada. Tu espíritu más sutil me capta, me entiende, me adivina; Juliette, lo veo, amas el mal”[16].


Así, el esquema de la actividad es más importante que el contenido mismo[17], elementos que se conjugan con la virtud y vicio en su más grado extremo, son los que se comunican, sin comunicación en sí,


Los héroes de Sade no comunican con la carne que zajan, no le dan al otro el placer, se niegan a fundirse en el nudo carnal; están perpetuamente aparte, tensos dentro de un proyecto que los desplaza. En su aislamiento magnífico parecen afirmar que el negocio es entre ellos y una trascendencia que no alcanzan, pero tampoco rechazan. La gran flaqueza de Sade es su incapacidad de asumir el vacío[18].

A partir del texto Sadiano, hemos considerado la manifestación latente de la modernidad a partir del cuerpo recortado, inventariado. Un cuerpo maquina que está comprometido al “destino de las pulsiones”. Pareciera entonces que “el prójimo es antes que nada un dispositivo que empalmar al suyo”.[19] Lo que me interesa entonces en el cuerpo de lo otro, es aquello que permita una adecuada regulación de mi goce, “la mejor conexión de los dispositivos”[20].


Tomaré lo que más me apetezca de la maquina de fornicar, culos, tetas, coños, sujetaré brazos y alzaré piernas. Entraré en trance con una absoluta despersonalización, no es mi cuerpo como frontera o régimen de experiencia, es la reducción maquínica, el imperio de la productividad máxima.


Inmediatamente mi cuerpo fue utilizado con un acerico de vergas de toda especie y tipo, que se clavaron en él, una, dos, tres, cuatro, cinco, seis...Hasta que perdí la cuenta. El asalto no se interrumpía, cubo tras cubo de esperma hirviente se vaciaba dentro de mi, miembro tras miembro penetraba en mi boca, en mi culo, en mi coño.[21]

Lo erótico entonces, es reducido por la modernidad al reducto de una maquina humana gobernada por el placer[22], el cuerpo es el depositario donde se enumeran el “agotamiento de las posibilidades de destruir a los seres humanos, de destruirlos y gozar con el pensamiento de su muerte y de su sufrimiento”.[23]


Claro es, que Sade es el primero en darle a la razón, el sentido de frenesí, sobre la negación de los cuales la conciencia fundó el edificio social y la imagen del hombre[24]. De tal modo, nos representamos “a nosotros mismos como entidades bien definidas y nada nos parece más seguro que el YO que funda el pensamiento, y cuando alcanza los “objetos” es para modificarlo para su uso: nunca es igual a lo que no es él”.[25]


Se trata del reflejo del hombre contemporáneo, de usar al cuerpo como conducto del “placer a todo precio”,[26] lo que facilita la valorización de las partes corporales y particularmente en la exigencia de las posibilidades sexuales que determinan al individuo, medidas estas en cuanto a la forma y el tamaño; la “estética” está contemplada a partir de la medida exterior y el funcionamiento. Sade, siendo ahora vivido en cualquier encuentro o aspiración de hombres y mujeres modernos, gusta de pieles blanquísimas, senos firmes, culos redondos y compactos, pequeñas cinturas, expresiones como “ostentaba la figura flexible y firme de una muchacha de diez años menos”[27] o “tenía puesta una enagua casi transparente que permitiría contemplar con ventaja los globos llenos y redondos de sus pechos y una cinturita de avispa que se ensanchaba en la magnificencia abombada y admirable de sus caderas”[28], son recurrentes y dan forma al cuerpo sadiano, cuerpo que se cerca a partir de sus contornos físicos, que se plastifica e inventaría a partir de los elementos anatómicos que se le trabajen y moldeen. Un cuerpo que es ahora “terriblemente ostentado, desacralizado, maquinizado, parcelado, contabilizado y unido extrañamente a una cabeza impasible que programa sus actividades y monopoliza su goce”.[29]


Precisamente está manera Sadiana de vivir y asumir el cuerpo, es el reflejo, y aquí la parte nodal del planteamiento, es la forma en que se establece la relación no solo en el campo de lo erótico sino en todos los renglones de la vida comunitaria.


¿Cómo asumir las implicaciones con/en mi cuerpo? ¿Cómo intentar siquiera modificar las formas de convivencia política si no cambian la manera de concebir, de vivenciar las relaciones eróticas?
Por ello, ahora nos preguntamos como se organiza “un cuerpo” en un orden social de exclusión, cuál es el correlato corporal de “consumidor” como figura que ha ido desplazando a la de ciudadano de sus derechos. ¿Cómo se vivencian ahora los límites del cuerpo, el afuera y el adentro, cuando lo público y lo privado cambian de escenarios? ¿Qué impacto en la vivencia de un cuerpo propio tiene esta globalización salvaje, donde hasta las funciones biológicas más primarias como la procreación y el embarazo están regidas por la precariedad del empleo, la desocupación, la inseguridad? ¿Cómo comprender, es decir, interpretar, la posibilidad de la disolución del yo, la cancelación de la identidad, la desintegración del sujeto, cuando existe un hombre como Sade fiel representante ilustrado que nos recuerda que somos maquinas de la voluptuosidad, arrebato del placer, que hay que romper el cuello, “torcer la cabeza para contemplar a la vez, la cara y el culo”[30], para utilizar, destruir?


La apuesta y en este sentido creemos firmemente en Bataille es entender el cuerpo como sustrato, como sostén de la experiencia, la condición de arraigo en el ámbito de la existencia, y que posibilita formular el sin sentido cuando accedemos al rompimiento de los limites corporales, y alcanzamos con ello, la entera desnudez, la entrega radical a quien me dio plena existencia: el otro. El erotismo como trasgresión, como juego extático, elevación, tensión que irresistiblemente conoce a la “alegría hasta en la muerte”[31], tocar fondo, habitar al modo de Nietzsche, el abismo, esa especie de vértigo en el que el yo no le pertenece a nadie sino que es esa fuerza de la sensualidad la que crea ese despliegue de imágenes y metáforas, esa corriente vital que crea la luminosidad de lo erótico”.[32]


Y a partir de está premisa a la manera de lo señalado por Leo Bersaní, podríamos reconocer que a través de nuestro cuerpo se juegan los más elaborados mecanismos de poder y sujeción, pero si precisamente reconocemos todos estos ámbitos de control, que circundan y abrazan a muestro cuerpo, podremos entonces desenmascarar, denunciar, desnudar, esa coordenadas políticas que se encuentran desarrolladas en el acto erótico: heterenormatividad, activo/pasivo, penetrador/penetrado, etc. En fin, el juego binario del opresor/oprimido, roles que se resignifican y cambian a cada momento, y en donde ya hay una moral “valorada”, un establecimiento del nexo de conexión de “unos sobre los otros” y “los otros sobre los unos”, por que sin duda, no hay que perder de vista que en las “relaciones de poder, se encuentra uno ante fenómenos complejos que no obedecen a la forma hegeliana de la dialéctica”[33], siendo claro que uno de los puntos de expansión del poder es precisamente lo corporal, “...El poder se ha introducido en el cuerpo, se encuentra expuesto en el cuerpo mismo”.[34]


En el intento de desnudar a cada momento siempre bajo una nueva circunstancia el poder que nos atraviesa, podríamos atrevernos a romper las estructuras binarias, despojarnos por un momento de los discursos y hacer también de la perdida de poder un goce, es decir, es “(...)Casi imposible no asociar la dominación y la subordinación con la experiencia de nuestros placeres más inmensos”.[35] Lo que implicaría que más allá de asumir un texto pertinente sobre los fantasmas del poder y la subordinación corporal, podemos a través también de una apuesta política, romper los binarismos y apostarle al vértigo, asumir que alternativa y simultáneamente somos uno y potencialmente muchos, y siempre con una tensión perpetua y permanente en el campo de las posibilidades. Asumir un cuerpo dialogico, para después desmoronarlo, morir con el otro en el instante del paroxismo, apertura radical, creación de nuevas resistencias que nos permitirían, llevándolas al plano de la discontinuidad, a darle a cada momento, nuevos sentidos a nuestras relaciones de reconocimiento y convivencia con el otro. Desgarraduras que a cada momento se configuran, enlazan y reconvierten. Indispensable una trasgresión de las polaridades, que como Bataille ha propuesto, “podría ser el sentido profundo de ciertas experiencias místicas”.[36]


Lo que implicaría por ejemplo, una subversión del masoquismo, y de otras vías de comunicación erótica; cultivando también el placer en el reconocimiento de la perdida del poder, pero no para un amo, no para perpetuar binarismos y fragmentar la experiencia de la emergencia del vacío; sino precisamente para confirmar con claridad la liberación de uno mismo, posibilitar la disolución de sí, la ausencia de sí, la aproximación a la muerte, ser parte de todo para estar abiertos a todos. Una desidentidad liberadora, que permitiría sin más, la refundación de las formas de vida discontinuas, del separado y distinto por medio de la comunicación intima con el otro, esa comunicación que desgarra la crisálida protectora de su yo, para quedar abierto y desnudo ante la noche. Y desnudos y abiertos, recocernos, sabernos y posibilitar otras formas de comunicación.


He aquí la propuesta, ábrase la discusión.


[1] Hénaff Marcel, Sade: La invención del cuerpo libertino, Ediciones destino, Barcelona, 1980, p, 15.
[2] Foucault Michel, “Nietzsche, genealogía, Historia” en Lenguaje, Contramemoria, Práctica: Ensayos selectos y entrevistas, Ed, Donald Bouchard, Itaca, Cornell, University Press, 1977, p, 148.
[3] Horkheimer Max, Adorno W. Theodor, Dialéctica del Iluminismo, ed, cit, p, 274-275
[4] Bataille Georges, El erotismo, Tusquets, México, 1997, p, 22.
[5] De Beauvoir Simone, El Marques de Sade, Siglo XX, Buenos Aires, 1975, p, 50.
[6] García Ponce Juan, “El libro” en Novelas Breves, Alfaguara, México, 1996, p 333.
[7] Finkielkraut Alain, La sabiduría del amor, Generosidad y posesión, Gedisa, Barcelona, 1999, p, 22.
[8] Hénaff Marcel, Sade: La invención del cuerpo libertino, p, 23.
[9] Idem
[10] González Vidaña Braulio, Georges Bataille y la transgresión de la mirada, s.d.
[11] Sontang Susan, “Sade y Bataille” en Revista de la Universidad de México, Literatura y pornografía, Volumen XXXII, número tres y cuatro, noviembre- diciembre de 1977, p, 86.
[12] Glanz Margo, “Poesía y erotismo” en Bataille George Lo imposible, Premia editores, México, 1989.
[13] Bataille Georges, Madame Edwarda,, Tusquets, Barcelona, 1988, pp.48-49
[14] Barthes Roland, Sade, Fourier, Loyola, Ediciones Cátedra, Madrid 1997, p, 144.
[15] El orden es necesario para la lujuria, es decir, para la transgresión; el orden es precisamente lo que separa la transgresión del cuestionamiento. La razón es que la lujuria es un espacio de intercambio: una práctica contra un placer; los “desbordamientos” deben ser rentables; hay que someterlos por lo tanto a una economía, y esta economía debe planificarse en Barthes Roland, Sade, Fourier, Loyola, p, 156.
[16] Marques de Sade, Juliette, en Obras Selectas, Edimat, España, 1992, p, 123
[17] Horkheimer Max, Adorno W. Theodor “Juliette o Iluminismo y Moral” en Dialéctica del iluminismo, Sudamericana, Buenos Aires, 1980.
[18] Gaitán Duran Jorge, Sade Contemporáneo s.d.
[19] Hénaff Marcel, Sade: La invención del cuerpo libertino, p, 31.
[20] Idem
[21] Sade, Juliette, p, 136.
[22] Volleve Michel ed, El hombre de la ilustración, Alianza Editorial, p. 14.
[23] Bataille Georges, “Sade” en La Invención del Sadismo, Litoral, número 32, Ediciones de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, México, 1996, p, 67.
[24] Ibidem, p, 72.
[25] Ibidem, p, 74
[26] Bloch Iwan, Sade y su tiempo, Juan Pablos Editor, p, 22
[27] Sade, Juliette p, 12
[28] Ibidem, 13
[29] Hénaff Marcel, Sade: La invención del cuerpo libertino, p, 23.
[30] Marques de Sade, “Los ciento vente días de Sodoma”, en Obras completas, Tomo Segundo, Ed, Edasa, México, 1985, p, 264.
[31] Constante Alberto, La obscenidad de lo transparente, p.33
[32] Ibidem, p, 35
[33] Foucault Michel, Microfísica del poder, La piqueta ediciones, Madrid, 1992 p, 104
[34] Idem
[35] Bersani Leo, ¿El recto es una tumba? En Cuadernos del litoral Ediciones de la école lacanienne de psychanalyse, Córdoba, Argentina, 1999, p, 56
[36] Ibidem, p, 59.

PROBADITAS DE CONTRA AMOR.

  Tiene mucho que no hablo de contra amor, y ya es urgente retomarlo en términos de la palabra escrita y hablada para compartir, ya que en l...