martes, 27 de marzo de 2018

LAS AVENTURAS DE UNA BRUJA FILOSÓFA

Hola, me llamo Diana y estoy enojada con la manera en la que nos han querido imponer el mundo, pero estoy contenta porque desde hace muchos años desde la apostasía y la herejía emprendí algunas aventuras de reflexión que hoy quiero compartir contigo.
Bienvenida, bienvenide, bienvenido a "Las aventuras de una bruja filósofa" un espacio abierto para presentar andanzas filosóficas disidentes, marginales, feminismos, brujerias, paganismos, veganismos y antiespecismos, y ¡zaz! hasta cine, literatura erótica, zapatismo, poliamor, contra-amor y otras disidencias afectivas.
Una miscelanea que pretende abrir desde la duda y el asombro otras perspectivas de mundos, otros mundos posibles.
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TODOS LOS MIÉRCOLES POR LA TARDE SUBIRÉ CONTENIDOS. 

La palabra zapatista, es grande. Muy grande.

Estaba saliendo del baño (que por cierto, estaba muy limpio) y miren que éramos más de seis mil mujeres, y al salir una compa zapatista me mira y me pregunta: ¿y tu ya fuiste al baile?
Muy sonrojada le contesté: ¡ay! yo soy bien mala para la brincada y no soy le se mucho. ¿Y tu compa? ¿Vamos juntas?
Ay no, -me contestó- yo estoy en mi comisión y mi corazón se alegra de que ustedes bailen, para eso vinieron, para que aprendan y se diviertan.
-Pero vamos a divertirnos juntas, anda.
- no compañera, a mi me gusta mi comisión y cuando se está en la lucha, el baile es para más tarde.


Decidí que mi mejor baile, era estar con ella y nos quedamos un rato platicando, llenando cubetas, cuidando la puerta en aquellas que no había lacito, y nos reímos cuando le conté de el pipi-pie. Me contó que tenía dos niñas y que se las dejo al esposo que era desconfiado pero que también estaba en la lucha.
Después de un ratito me dijo: ya compañera, ya ve bailar, que no veniste a llenar cubetas.
-pero vine a aprender de ti.
- pues ya aprendiste, ya luego te invito a mi comunidad y sigues aprendiendo.
-no supe que más hacer o decir. Tenía muchas ganas de llorar. Estaba emocionada.


Le dije gracias compañera y me fui a ver a las chicas bailar. Que ganas de que las que ahí estábamos viendo o bailando, dejáramos de hacerlo un rato, para hacer también una comisión del baño, para tener aunque sea tantito de su disciplina y amor por la lucha. La palabra zapatista, es grande. Muy grande.

HISTORIAS DE TAXIS

Muy pero muy constantemente tomo taxi, no me da ningun gusto, pero trae una, la vida correteada y pues que se le va a hacer.
Podría contarles muchísimas historias, desde las machinas y que dan miedo, hasta las de compartires del instante.

El viaje de hoy a pesar de la prisa y el tremendo tráfico tremendo, fue bastante agradable, hablamos de lo feo que es el mundo gandalla, el oportunismo, la competencia y la corrupción, y me dijo con toda contundencia, que si queremos cambiar al mundo, tenemos que hacerlo nosotros. Y yo nomas agregue nosotras, nosotres.
Fue breve, fue una pizca de confianza ante esta ciudad que nos come a diario un poquito, un poquito cada día. Aunque a veces se lleva trozos más grandes. 

LA LIBERTAD DEL DIABLO

Everardo González con "la libertad del diablo" logra testimoniar historias plagadas de inmenso dolor con diversos rostros sin rostro. Con descarnados susurros que gritan por esas más de 200,000 personas que han sido asesinadas, desaparecidas, torturadas, desplazadas. Es también un canto doloroso para esas mujeres que siguen siendo esperadas por sus madres e hijas, porque el dolor de la desaparición es más tremendo que el de la muerte.

Hay testimonios de sicarios, de personas que pertenecieron al ejército, de madres, hermanos, hijas. Hay testimonios que desgarran y que nos sacan -otra vez- de nuestra burguesa zona de confort.
Por favor, ve al cine, socializala, comentala, que el horror no mate nuestra corazona, nuestra conciencia.