Las brujas que somos

Las brujas que somos
La vida está en gran parte compuesta por sueños. Hay que unirlos a la acción: Anaís Nin

martes, 6 de enero de 2009

son los restos de lobos feroces amarrados para un nuevo cuento dulce



Es un colchón usado,
son los restos de lobos feroces amarrados para un nuevo cuento dulce,
es el aroma de quien muere y se pudre rápido,
es la noche testigo de mi cuerpo exiliado que retoza entre hadas y coladeras.
Diana Marina Neri Arriaga...

Nuestro cuerpo es un territorio político, donde empieza la revolución. ¿Cuándo comenzamos?


Guerra de la calle, guerra del alma


¿Cuántas veces he sido un dictador? ¿Cuántas un inquisidor, un censor, un carcelero? ¿Cuántas veces he prohibido, a quienes más quería, la libertad y la palabra? ¿De cuántas personas me he sentido dueño? ¿A cuántas he condenado por cometer el delito de no ser yo? ¿No es la propiedad privada de las personas más repugnante que la propiedad privada de las cosas? ¿A cuánta gente usé, yo que me creía tan al margen de la sociedad de consumo? ¿No he deseado o celebrado, secretamente, la derrota de otros, yo que en voz alta me cagaba en el valor del éxito? ¿Quién no reproduce, dentro de sí, al mundo que lo genera? ¿Quién está a salvo de confundir a su hermano con un rival y a la mujer que ama con la propia sombra?

Eduardo Galeano “Días y noches de amor y de guerra

domingo, 4 de enero de 2009

Mujer en reloj, un poema de Yiria Escamilla






Mujer en reloj

Sabemos que una mujer, a las 12 de la noche,
aguardará en una oficina el llamado de un médico voyerista
que revisará los moretones en su seno
(cerquita del corazón),
para que toque (con permiso provisional)
el coraje de una vagina violentada.
Porque ella ya no guardará silencio
con camisas de cuello alto,
con maquillaje y con la compasión de las vecinas,
porque nadie cree que la viole su marido.
Mientras, otra mujer, a la misma hora,
esperará junto al teléfono
a que alguien (un poco más solo que ella),
con nombre falso (también como ella),
se masturbe cuando finja ser una rubia de 19 años
con pechos grandes, por 14 pesos el minuto.

Al cuarto para las 3 de la mañana
habrá alguna mujer que recueste su cuerpo sobre otro
(igual o diferente),
evocará el primer rubor de su vestido
y esperará calurosa la llegada de un orgasmo.
Otra, mientras tanto, se desvestirá de prejuicios
y camisones largos,
para acariciarse sola
y apaciguar la frigidez.

Una mujer bien peinada, a las 5 y media de la mañana,
vestida con traje sastre y bolso de mano,
cuidará que sus medias no provoquen tanto
y estirará su falda;
esconderá su anillo y el sueño en su boca
y caminará presurosa por las calles,
antes de ser asesinada
por ese anillo y ese bolso.
Al mismo tiempo, una mujer de tez morena
velará a sus muertos,
juntará leña y valor,
y maldecirá a los militares
(y a otros más cuyos nombres ya sabemos).
A las 6 una mujer despertará temprano,
bañará los sueños diurnos
(a los nocturnos los dejará reposar otro poco)
confirmará que el espejo ha envejecido
(que eso de vestir santos no le acomoda),
y que le quedan pocos años para tener un hijo.
A la misma hora, unos minutos más o menos,
una niña jugará por obligación con las muñecas,
aprenderá a estar callada
y se acostumbrará a poner la mesa,
a dejar la escuela,
a festejar sus quince años,
y esperar quien la mantenga.

Al mediodía, una mujer de corta edad,
escapará de la última clase para entender el amor
con largos pasos, con un poquito de pasto encima
y será feliz.
Al mismo tiempo, una mujer, de cierta edad,
saldrá del trabajo con el cabello suelto,
recibirá un piropo por sus lindas piernas,
volteará indiferente la cabeza
y será feliz.

Sabemos que una mujer a las 2 de la tarde
recibirá a la oficialidad del amor,
le servirá la comida, ahogará los trastes y sus quejas,
y recibirá el pago semanal por tener la casa limpia,
por planchar las camisas,
y por la entrada exclusiva para vaciarse entre sus piernas.
Mientras, otra mujer, encanecida por los tintes,
buscará en sus bolsillos algunas miradas postizas,
cantará lo que dura un cigarrillo,
dejará de pensar, finalmente,
en los hijos y en los nietos
y brindará con el televisor.

Entendemos, perfectamente, que a las 3 en punto,
una mujer saldrá de la casa de su amante,
preguntándose por qué en la cama (y en el piso)
ese hombre eyacula culpas y atavismos;
por qué habría que comprometerse,
casarse o tener hijos,
por qué no simplemente se comparte esa cama
y ese piso.
Un poco más tarde, una mujer de más de 45,
deja los libros (un segundo es suficiente),
y decide que valió la pena
apropiarse de su cuerpo,
correr a su compañero
(algunos besos son prescindibles),
ir al cine o al teatro,
y hacer con ello lo suficiente para olvidar
(olvidar un segundo solamente).

Muchas mujeres de 4 a 10 de la noche,
asistirán a la escuela o al trabajo
(a ambos también)
se sentirán complacidas con que afuera llueva
y sabrán caminar sin que nada duela (y sin paraguas).
Otras mujeres, mientras tanto,
en el mismo horario verán televisión
y maldecirán la interferencia en la pantalla
y a esa lluvia.

Una mujer, pasaditas de las 11,
escribirá un poema harto disidente
(había que completar 7 cuartillas),
pensará que la poesía le está negada
y se quedará dormida.
Y una mujer, exactamente a la misma hora,
leerá un poema (mal rimado pero disidente)
pensará que a alguien se le ha negado la poesía
(pero había que revisar 6 cuartillas)
y dormirá también.


Yiria Escamilla

Segundo lugar en la categoría de Poesía del concurso internacional
Año 2000: Memoria Histórica de las Mujeres en América Latina
y El Caribe, organizado por la Universidad de El Salvador,
en El Salvador, Centroamérica
y diversas organizaciones culturales y sociales.

sábado, 3 de enero de 2009

Tengo muchos versos puercos


Tengo pasión Artaudiana.

Tengo versos puercos

Hoy tengo tantas ganas de revolcarme en lodo con ustedes

y... que busquen en mi ombligo algún resabio de suave sombra.


Estoy sucia como jamás imagine,

procaz delirio de belleza grotesca que escurren en libélulas pegajosas.

¿Por qué escandalizarse, huir ante el cuerpo minado de lo obsceno?

¿Es que nos miramos tan cerca de nuestros miasmasque tememos al hueso roto expuesto?¿Tememos que la pasión se asome al horror?

…Degusta trozos de vidrio y sentirás el rugir de tú garganta.

Juega con la polilla copulando en la punta de tus sudores,

y lo mejor: mezcla tus olores de calcetines sucios y bragas olorosas de semana y aspiren fuerte, fuerte mientras cojen.

¿Por qué no en lugar de joder al que se puso traje de prójimo,

de vivir en esa eterna y pasmosa indiferencia que te vuelve cruel y maquinico,

te avientas un gas con otro y te ríes?…

Juega a las escupitinas y chupa sobre el cuerpo de un desconocido la delicada hierba de saliva jugosa.

La carcajada de la muerte es el mejor acto de buen gusto.

Se fino, finamente guarro,

diviértete amando,

diviértete pudriendo a la desesperanza.
DIANA MARINA NERI ARRIAGA