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viernes, 25 de abril de 2014

Me gustan los disfemismos

He de compartir que uno –entre tantos- de los elementos que me fascinan de la construcción constante de lo que leo, entiendo y encarno sobre feminismo, es la resignificación que hago constantemente de las palabras. Cuando niña y aún joven, tenía cierta necedad de usar eufemismos y le daba un uso “políticamente correcto”, así intentando “cumplir” con algunas reglas del lenguaje, no caía en cuenta de lo colonizada que estaba; sin embargo de un tiempo para acá y poco a poco, soy partidaria de corromper de modo reflexivo y consciente las andanzas de un lenguaje “adecuado”, de reapropiarme y con ello arrebatar a los machos, los insultos y palabras con un origen patriarcal que pretendían ser burlas o vejaciones particularmente contra las mujeres y en el contexto específicamente sexual.

Me gustan los disfemismos y también me empodero con algunos de ellos. En un principio cuando escuchaba la palabra PUTA, enfurecía y argumentaba con fuerza por su no utilización al ser ofensiva, denostadora y muchos más etcéteras, sin embargo cuando leí sobre su fuerza etimológica desde la Putza y su primer uso griego como “mujer sabia” me sentí contrariada pero después tan contenta que la comencé a tomar como aspiración erótica-social.



Palabras como verga, pucha, papaya, puto, lencha, marica, guarra, pepa, culo, pito, entre una larga lista de sinónimos son ahora parte de un vocabulario erótico/postporno personal y consensuado, y precisamente de eso se trata: des-patriarcalizar, re-significar, re-apropiar, y con un lenguaje vívido, edifico nuevos placeres auditivos, que desde lo político me hacen gozar.
   

  

miércoles, 27 de marzo de 2013

BRUJA EN FUGA



BRUJA EN FUGA

Esta manía de quererte sin anteojos
lúbrica y desapegada
alocada y de coño insumiso

Esta manía de frotar el periódico en tu verga
Condimentar con leche las noticias del día

Esta manía de no saber tú nombre
Extrañarte como un lento sueño
                como un instantáneo verbo
                como una promesa muerta

Esta manía de ser una bruja que inventa amores
que se unta caracoles en delirio
que siempre, siempre
está en fuga



DIANA MARINA NERI ARRIAGA




PRÓXIMO ENCUENTRO




PRÓXIMO ENCUENTRO

Primero
escribió miradas y cigarras sobre mis labios
-Desbordó mi contorno- Luego,
               poco a poco
               desanudó mi culo... Entonces, 
               salieron todas las promesas que no cumpliré

El coctel de despedida quedó postergado
Esta vez no importo el ombligo o la punta del cabello
  -Había desbordado mi contorno-
y cuando esto pasa 
lo que sigue es un látigo 
y la posibilidad de un trío


DIANA MARINA NERI ARRIAGA





domingo, 3 de marzo de 2013

La desesperación de una madre



La desesperación de una madre

Mi madre no me amamantó.          Y ella
habla de horror
Mi primer rechazo
la jugarreta de un molusco
que quiere regresar a la mamada del cordón

Comprendo entonces
las zanjas de hielo
la brasa de viento que me otorga
la palabra sucia
y su saliva
siempre empapelada.

Por eso ahora
para no perecer en alguna tierna desesperación
busco tetas
recurro a las henchidas turbulencias
a sus dulces de leche
o sus pepitas de nuez

Tetas gozosas
que retozan en mi rostro
que se acomodan en mi ombligo
o se ofrendan a mis tetas
en un buen apretón

Tetas mías     vuestras
de otras mujeres que aún amamantadas
quieren el calostro de mi vulva
o la tierra de mis ojos
o la asimetría de mis pezones sudados de amaranto
La erección permanente de tetas vivas
que hoy le dicen a su madre
gracias
  

miércoles, 21 de noviembre de 2012

La humedad de la lectura

El placer comienza cuando el gusano está en el fruto.
Georges Bataille


La humedad de la lectura.

Cuando Rea llevó a Pierre al desenfreno

me quede ahí

iniciando mis propios bosques

clavándome el vibrador de tu catecismo obsceno.

Gracias Bataille
a mí también me encanta el fango.


Desbordo tu agujero

Quiero des-cifrar tu lengua pulsional
Por eso
d e s b o r d o tu agujero
grito tu falta
juego al relámpago insomne
sin embargo, otra vez los posibles se agotan.
Ya no hay recorrido  y aún no te he tocado.





domingo, 9 de mayo de 2010

Y… arañaron mis senos


Y… arañaron mis senos.



Son muy pequeños, apenas alcanzan el mes y no entienden porque la carnita protectora y llena de pelos que los amamantaba ya no llegó. No saben de dramas ni de extrañamientos, no tienen duelos ni lidian con la ausencia, sencillamente tienen pulsión, y con ella mucha hambre.
Son cuatro y parecen el reflejo de un mundo hambriento, que aunque no entiende el porqué de una situación así; de las desigualdades y jodidas luchas de clase, piden, exclaman, reclaman.
En casa de mis padres ya habitan tres gatos, dos iguanas, diez peces, un perro, ahora mi hija luna de visita y por ahora cuatro gatos blancos con manchitas en la sien, pintos, grisesillos y más blancos, más gritones, hermosos.
Las posturas en relación a que se queden en casa tienen dos vertientes: una de ellas alega que “no se puede hacer nada ya por el mundo” y por ende, el tener estos gatos genera más problemas, implica nuevos compromisos y si “uno se la pasara recogiendo animales, terminaría loco”. La otra dice, que “tal vez no se arregle el mundo, pero mientras tantos ellos están hambrientos”.
Y es cierto, no sólo están con una boca devoradora sino además se acomodan en lo calientito, les encanta la compañía y son seres sintientes que como tú y yo, les fascina la caricia, tiemblan ante las palabras calurosas, caminan en la vida si se perciben amados.
Comen cada cuatro horas, y mientras les hemos improvisado una mamila producto reminiscente de un tinte de cabello, ellos se afilan sus uñas en lo que pueden: cabellos, ropas de diferentes texturas, pieles y por qué no, los senos que se le acerquen.
Ya corretearon a Saturno, el perro french y sus tetitas, nomás no están desarrolladas para el asunto, además aunque tiene una actitud bien paternal se desespera bien pronto. De pantera la gata hembra en casa, nomás los ve y le corre con holgura y ojos enormes. Nomás no quiere.
Humanos y gatos en una relación compleja, y por lo menos para mí, muy comprometedora. Sus cuerpos son frágiles y hay que estarlos sobando, y cuidar que su aparato digestivo funcione pues es muy fácil que se “tapen”. Hay que tener tiempo, pues a cada ratito es importante cambiarles el lugar para mantenerlo limpio, hay que ver que la leche que es sólo la que ahora toman, no la primera que en un bote éste (además ¿saben de modo total cómo a las vacas les extraen la leche? Uf! Tomamos leche a partir de su violación y confín) sino ponerla a temperatura agradable y en la dosis precisa, hay que apapacharlos mucho.
Llevo cinco sesiones con ellos para su alimentación. En la noche tres ocasiones, y mientras escribo esto sus maullidos me indican que ya es el momento, ¡córrele Diana, tienen hambre!
Ohhh…. Pero anoche fue especial. Y lo contaré muy rápido pues el tiempo y la maña humana de colocarle los adjetivos a todo, me apresura.
Llevaba un pantalón de mezclilla muy cómodo (de aquellos donde aunque no resaltan o moldean nalgas… son los entrañables) y una blusa de algodón (por supuesto negra) y sin sostén. (tengo mi guerra interna contra ellos, aunque también el fetiche de la lencería)
Era tres de la mañana y la conversación que había sostenido con Alma estaba en un tono exquisito. Me tuve abruptamente que despedir y confieso que algunas humedades se habían quedado suspendidas en mis axilas, comisuras y por supuesto en los pliegues de mis pliegues, los humores frescos de mi vulva, las frutas de mis cabellos púbicos.
Fue entonces el pretexto perfecto para colocar a los cuatro gatos sobre mi cuerpo, no desnudo, no húmedo, sino fuerte y en actitud de madre humana alimentadora. Pero los jugos se combinan, la leche también, y mientras ellos tomaban uno a uno de su mamila, con toda peripecia mi mano descubrió una de mis tetas, donde los dejaba en el reposo y la espera mientras él o la otra (esto de los géneros es tan absurdamente humano), comían vorazmente.
¡Qué uñas… compañeros míos, que uñas! Finas, finísimas y rasgantes. Uno incluso al notar la protuberancia, quiso encontrar el pezón e ingenuamente hurgar en la matriz de una leche suntuosa. Pero no había leche, solo un pezón erguido y muy, muy duro. Había una humana que comenzaba lo viaje entre lo extático y lo doloroso (¿qué no es lo mismo?), pues mientras uno seguía comiendo, los otros tres en el seno izquierdo, rasgaban con la fuerza del sediento mordaz y al ver que nomás ese pezón no les funcionaba para su propósito, entonces se dirigían al cuello ha consquillear y seguir rasgando. Fue el oleaje de un seno, fueron unos arañazos que hoy son el comenzar de una semana tremendamente ocupada y espero también inasible y agitada.
Por favor, por favor, en una semana más cuando ya estén listos para la convivencia con humanos solidarios, que puedan ser compas de vida, adopten uno, o dos, o tres o los cuatro. Ya hoy comenzamos con la enseñanza del arenero, y en esta semana de otros menesteres. El tejido hacia su autonomía alimentaria va gestándose. Se trata de solidaridad, se trata también de un modo sencillo, apostarle a que sí se puede cambiar el mundo.
Te, se los llevo hasta donde me digan, uno de estos gatos quiere arañarte amorosamente la vida. ¿Les das una oportunidad?


Cotidiana y húmeda de la sangrita del seno izquierdo.

Diana Marina Neri Arriaga



"El cuerpo es la permanencia de un oleaje innumerable, la forma de un recuerdo, es decir una imagen. En cada hombre esa imagen repta con mutaciones casi inexpresables, pero ese inasible tiene la medida de su sexualidad"


Paradiso, cap. IX José Lezama Lima

domingo, 16 de agosto de 2009

Mi rostro entre tus nalgas



Meter mi rostro entre tus nalgas
Hurgar la luna suspirando el culo
Saberte plagado de mis besos
…humedad que te arrebata
un crepúsculo de manto rojo por tu sangre expuesta.
DIANA MARINA NERI ARRIAGA.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Ojos de sangre


Si acaso soy circe, es por la furia de tus pestañas que me estrujan.
No es un brebaje, son tus ojos con sangre que cada vez que ríen,
me convierten en puta ansiosa.


DIANA MARINA NERI ARRIAGA.

domingo, 25 de mayo de 2008

LA NOCIÓN DEL CUERPO ERÓTICO EN BATAILLE EN



Buena vida:

Les comparto entre los choritos de la vida y la disidencia, un texto que recién el miércoles 21 de mayo leí en el XXV encuentro nacional de estudiantes de filosofía en la BUAP en la Ciudad de Puebla, abierta pa' los jitomatazos y las palabras, Vale.


LA NOCIÓN DEL CUERPO ERÓTICO EN BATAILLE EN
CONTRAPOSICIÓN CON EL CUERPO MÁQUINA SADIANO:
LA PROPUESTA DE UN CUERPO POÉTICO


DIANA MARINA NERI ARRIAGA.

El cuerpo como un texto en fuga, el espacio del sentido y la aproximación del sin sentido, nuestro mayor signo ante el mundo, el lugar de todos los “riesgos que regulan el reparto de las fuerzas, los poderes y los códigos”.[1]


Considero que no solo es pertinente sino necesarisimo revisar las categorías fundamentales en torno al cuerpo y el modo en el que lo asumimos modernamente en occidente, en particular con relación a nuestra aproximación erótica, para ello establezco que Sade representa el paradigma de cómo los humanos utilizamos y cosificamos al otro, dándole la dimensión de existencia solo para la satisfacción de nuestras “parvedades” de contacto, uso y posesión. Al cuerpo entonces, se le ha vuelto preso, se le mecaniza, lo que implica una nueva forma de colocar al poder en el ámbito disciplina / docilidad, donde se corresponde una relación jerárquica sobre lo que fuese el cuerpo activo, constituyendo una anatomía política que coloca a los poderes como un ejercicio cotidiano que habita nuestros días.


El cuerpo es una superficie inscrita de eventos (delineados por el lenguaje y delineados y disueltos por las ideas), el lugar de la personalidad disociada (que adopta una ilusión de unidad sustancial) y un volumen de desintegración. La genealogía, como análisis de la decadencia, está situada así dentro de la articulación del cuerpo y la historia. Su tarea es exponer un cuerpo totalmente impreso por la historia y por el proceso de destrucción histórica del cuerpo.[2]

De ahí parto para desentrañar en el cuerpo los diversos lenguajes que lo habitan. Creo firmemente en Horkheimer y Adorno cuando apuntan que es el odio-amor hacia el cuerpo, lo que tiñe toda la civilización moderna. El cuerpo como lo que es inferior, es objeto de burla y maltrato, y a la vez se lo desea, como lo prohibido, reificado, extrañado.


...Sólo la civilización conoce el cuerpo como una cosa que se puede poseer, solo en la civilización el cuerpo se ha separado del espíritu como objeto, como cosa muerta, corpus. Con la auto degradación del hombre a la categoría de corpus la naturaleza se venga del hecho de que el hombre la degradó convirtiéndola en objeto de dominio, en materia prima.[3]

En este dominio, en estos modos nuevos de acceder al cuerpo, se ha permitido la manipulación de la naturaleza hasta el punto de moldearla acorde a los propósitos de uso, medios y fines. La pregunta Kantiana, siempre vigente, siempre incesante, sobre ¿Qué es el hombre? Nos lleva otra vez, irremediablemente a la apertura enigmática del saber del cuerpo, cuerpo en tanto ser de lo humano, cuerpo en tanto razón y objeto de estudio, cuerpo en tanto escritura, cuerpo subjetivable.


Un cuerpo que de acuerdo al modelo del Marqués de Sade –tan vilipendiado pero venerado al fin-, se le instituirá en la noción de docilidad, un cuerpo que puede ser tomado, utilizado, sometido, transformado, seccionado. La realización sexual deviene de la participación de órganos; los falos son fuelles, tubos o piedras que se clavan incesantemente, y las vulvas, coños, y anos, simplemente orificios que desfloran nuevas y cada vez más osadas emociones.


Baste una radiografía actual del contrato sexual, para subrayar como los cuerpos se ponen a prueba en “el reino del paraíso sexual”. Pirámides y composiciones corporales que son marcadas por un ritmo, un tiempo y espacio en donde el cuerpo casi enjuto, es penetrado, golpeado, excretado, fornicado.


Cuerpos que reflejan la forma de relacionarnos con/en el mundo y con/en el otro. Espacio y dimensión de la existencia que pudiese analizarse desde un momento histórico y un entramado cultural donde desde el arte, la ciencia y la filosofía, se hace evidente el cuerpo como posible objeto de reflexión; o desde el psicoanálisis con la conceptualización de un cuerpo-pulsión; con el marxismo desde la teoría de la plusvalía y el hombre como fuerza de reproducción, o bien desde las nuevas corrientes históricas, la lingüística, el estructuralismo y sus variantes “post”; la poesía, la danza, o el teatro contemporáneos, des-atan al cuerpo del campo de la biología y facilitan verlo como una realidad dinámica y compleja, siempre inasible; desnaturalizan el cuerpo y lo relacionan con otro orden, orden de cultura, de poder, de discurso. O verlo desde una escena política y social donde se identifica la relación entre cuerpo y horror: el cuerpo de las guerras y del holocausto, de la mutilación, el cuerpo de la imposición de un sexo sobre otro; el cuerpo de la dictadura en Latinoamérica, los cuerpos de nuestras muertas todas las de Juárez donde la tortura y la desaparición, la mutilación y el desamparo hacen de telón de fondo para el dominio sutil y/o terminante de los cuerpos.


Ahora bien, ¿Para qué estudiar al cuerpo desde la reflexión especifica de Sade y contraponerlo con un cuerpo abierto a la disolución de la que habla Bataille? ¿Qué importancia tiene esto en nuestros días, mientras otros cuerpos se tecnifican, o vegetan en el olvido de millones, o mueren en guerras, en el hambre o en la indiferencia que es más que una muerte lenta?


Hablo del Cuerpo con la avidez abrevada y tranquila, de la humedad cifrada, de sus selvas untosas y sus vertientes, hablo del erotismo, de las ciénega viva como el pilar de la expresión y vida con/en el humano. Hablo de la entrega radical, como la posibilidad de alcanzar “al ser en lo más intimo, hasta el punto del desfallecimiento”[4].


Sostengo que nuestro cuerpo es el vínculo que se abre a la continuidad, a un estado de comunicación que sobrepasa los límites del yo, un ser obsceno que se perturba con la alteración de todos los territorios trazados; un ser que muere con y a partir del otro, un ser que refunda, renueva su historia a cada instante.


Sencillamente un humano que en la entrega puede disolver el poder, reconfigura su modo de significarse y de estar, de ahí que se considera que tales elementos deben tomarse como sumo necesarios para una valoración de las formas de convivencia política.


La propuesta de una alternativa para ser pensada, es estar en la conciencia de esa fusión erótica que rompe individualidades, que desplaza al sujeto y que se abre sin más a cuestionarse en la trasgresión, posibilitando una transformación en el modo de participarse y de estar con el otro. Preocupación nodal de nuestro tiempo.


Permítanme agregar además, que estoy convencida que en el juego o rejuego en el que se ejerce el poder, la dicotomía sexo&poder, tiene sus ámbitos de expansión y contracción perfectamente identificables en los modos de asumir occidentalmente nuestro cuerpo y el ejercicio de éste, a través de renovados contratos sexuales.


Por eso Sade, por eso la pregunta que inquietó a Beauvoir y que sigue ahora permanentemente vigente. “Las verdaderas relaciones del hombre con el hombre”.[5]


Desanudar entonces esa jerarquía, ese constante reacomodo de fuerzas y dominio que se abren en lo sexual, nos permitirá identificar que no será posible luchar en el mero terreno de lo social, en la arena del campo político y comunitario, sino se revisan primero y/o paralelamente las formas de convivencia erótica. Revisar estos mecanismos, subvertirlos, abrirse a la visión Batailleana, pudiese darnos elementos para estar listos a la fragua del gozo, del dolor lo mismo que a la muerte, o más allá de estas, para vislumbrar el éxtasis, y con la conciencia de está, intentar una convivencia diferente, no de utilización, cosificación, sino de identificación, reconocimiento al otro. Una relación entre continuos y que se abre a la comunicación del compartir. Bordes profundos que pueden volverse practicas de libertad.


Por ello otra vez, la pregunta nos abraza de nuevo: ¿Podremos recuperar algún día nuestro cuerpo, enhebrar las historias sobre nuestros significantes corporales? ¿Liberarnos del ropaje de lo moderno en el sentido de funcionar de acuerdo a los preceptos de cuerpo cosa, cuerpo móvil, cuerpo de lo otro? ¿Cómo dejar de censurar el cuerpo, nuestra palabra, ese texto tan antiguo en que se nos inscribe la ruptura, ese cuerpo instrumento de disolución y desmoronamiento de los “limites” del yo, cuerpo del deseo abierto?


Su cuerpo pareció descubrirse con su desnudez, extendiéndose sobre sí mismo, nuevo, vivo e impersonal, como una frase nunca dicha, siendo la totalidad y cada una de las palabras, revelándose fuera de su ser dejando que Eduardo la tomara y acompañándola en su placer, para luego obligarla a seguirla en el suyo, hasta que uno y otro se confundía entre sí, extendiéndose sin limites, precipitándose de vacío en vacío, de plenitud en plenitud, en una serie de caídas interrumpidas hacia un espacio cada vez más amplio... tan inconmensurable dejo de existir, a pesar de que estaba más presente que nunca.[6]

De ahí que el proyecto que aquí se presenta, se encuentre estructurado a partir del amado y terrible cuerpo, las inscripciones e historia de éste campo lúdico y fértil desierto, de éste espacio de superficie y pliegue de profundidad. No cabe duda, que para “estar” frente a la “presencia” del otro, es el cuerpo el que me ha permitido ser mirado, escrutado o soslayado, llanamente “medido por una desdeñosa mirada o aún simplemente percibido por una mirada extraña”[7]


Siendo éste cuerpo como el colmo del mosaico de signos, como la enérgica voz simbólica que desde adentro me grita los susurros de la palabra, “...la piel, las manos, los ojos, la cara, no dejan de expresar, los gestos no dejan de significar, los vestidos no dejan de simbolizar y los propios silencios no dejan de hablar”[8]


Ahora bien, ¿como es que éste único punto posible de encuentro y de articulación “por el que puede pasar el hilo del relato o las metáforas de un poema”[9], se enlaza, comunica o conecta eróticamente con el otro? ¿Cómo es que este espacio abierto donde comparto la multiplicidad, esta cimiente de extensión puede desarrollarse con otro que me significa, y donde juntos, nos volvemos síntomas de tempestades, voces que se vuelven pieles, ojos que se plasman en expresiones que nos hablan, que nos callan?


Este es el punto central de nuestro texto, la hipótesis del cuerpo frente al desarrollo erótico con el otro, y la perspectiva desde las diferentes lecturas y modos de asumirse, por ello, Sade y Bataille nos han propuesto dos espacios de análisis para entender/entenderse distintos:


1) Entender la dimensión corporal y con ello, la relación erótica a partir de Bataille, siendo está una herramienta de la trasgresión, cada interdicto expresa así su cabal inutilidad ante la dentellada nauseabunda de la muerte o ante la exánime consecuencia del éxtasis amatorio.[10] Lo obsceno es decir, la extremosidad de la experiencia erótica, es la raíz de las energías vitales.[11]


Los seres humanos dice Bataille vivimos solo a través del exceso, por ello, hemos de estar abiertos, abiertos a la vida, y a la muerte.


El erotismo es un cuerpo que se escamotea a la materialidad aunque parta de ella, o mejor, es un cuerpo que se recrea o un cuerpo sobre el que se construye la poesía. Es por ello algo concreto, algo tangible, pero a la vez es un cuerpo inexistente en su concreción para detentarse en la concreción de la palabra. Cuerpo-texto que destruye el cuerpo - carne pero que se monta en él para transformarlo, para sustituirlo. Por ello es delito, es más, es perverso[12].

Así, su noción de cuerpo, abraza otros linderos, se bifurca en la noción de un cuerpo con huellas de persistencia, un goce que sobrepasa la experiencia y que marca el misterio del cuerpo que habla. Entiendo entonces, que el acto erótico puede hacernos trascender en el instante de la totalidad universal.


Éxtasis, es embriaguez, desdoblamiento, vacío, cambio, delirio. Para Bataille, el éxtasis es la única salida del no saber, al fusionarse y desaparecer en el instante el sujeto y el objeto, lo que permanece es el no saber, la noche. Por ello la experiencia interior es la ampliación de las posibilidades humanas hasta su límite. El cuerpo desnudo será la dimensión emblemática de la cancelación de la identidad.


-¿Quieres ver mis entresijos? -me dijo [Edwarda].


Con las manos agarradas a la mesa, me volví hacia ella. Sentada frente a mí, mantenía una pierna levantada y abierta; para mostrar mejor la ranura estiraba la piel con sus manos. Los "entresijos" de Edwarda me miraban, velludos y rosados, llenos de vida como un pulpo repugnante. Dije con voz entrecortada:


-¿Por qué haces eso?
-Ya ves, soy DIOS...
[...] Había guardado su postura provocante. Ordenó:
-¡Besa!
-Pero... ¿delante de todos?...
-¡Claro!
Temblaba; yo la miraba inmóvil; ella me sonreía tan dulcemente que me hacía estremecer. Al fin me arrodillé; titubeando puse mis labios sobre la llaga viva. Su muslo desnudo acariciaba mi oreja: me parecía escuchar un ruido de olas como el que se escucha en los caracoles marinos. En la insensatez del burdel y en medio de la confusión que reinaba a mi alrededor [...], yo permanecía extrañamente en suspenso, como si Edwarda y yo nos hubiéramos perdido en una noche de vendaval frente al mar[13].

La desnudez revela al cuerpo en su fragilidad, colocado en esa inminencia del derrumbe de todas las barreras de sí. El cuerpo desnudo, indefenso, es el cuerpo en su capacidad de entrega radical, despojado de otra máscara que no sea su espera. Es un cuerpo sometido a la presencia del otro, pero este sometimiento es la raíz de la intensidad que hace posible la voluntad de trasgresión. Los sujetos entregados a la desnudez experimentan esa intensidad ante el resplandor de la finitud escenificado y celebrado en la presencia del otro, pero esta intensidad tiene algo de oscuro, de incierto, de muerte.


Para Bataille, pensar el erotismo es pensar en la colindancia del don extremo y el despojamiento de sí mismo; es hablar de la celebración de la vida como derrame de la voluntad de disgregación, como desbordamiento de la intensidad. El cuerpo es el fundamento, el destino último y la potencia de la lucidez. El cuerpo entonces, es desmoronamiento de los límites, lugar donde la trasgresión tiene el espacio concreto, herida abierta que no es nada, si el otro no me conforma, el otro que me constituye y que en el nudo carnal se hace participe de lo imposible.


2) Nuestra segunda hipótesis se centra en la mirada a partir de los sentidos de la modernidad, en donde se ha enarbolado aún sin pensarlo o aceptarlo el discurso sadiano, un cuerpo que es relacionado como dijese Foucault con el orden, orden del placer, de poder, de discurso.


El poder, el saber y el placer son tres conceptos que se enlazan siempre en el discurso sexual Sadiano, en donde los libertinos infiltran y controlan nuestros cuerpos a través del placer. El otro solo existe en la medida de la necesidad del libertino, es una maquina ejecutante que debe recomponerse y operar de acuerdo a la composición de la obra, actúan como orquestadores, cómplices o victimas. La actuación sexual es un acto de equilibrio entre la pasión y razón, donde no hay desborde, no vértigo, en lo absoluto, desorden o experiencia de límite sino autoritarismo y represión. Y bajo condiciones tales, la concepción y el proyecto sobre el otro, está negada. De ahí que diga Batrhes: “La práctica sadiana está dominada por una gran idea de orden: los “desarreglos” se organizan enérgicamente, la lujuria no tiene freno, pero sí orden”[14]


A Sade tal y como paradigma de lo moderno, le preocupa el orden[15], el tiempo y la acción, se interesa por la particular coherencia del libertino, quien soberbiamente desempeña su papel de orquestador, y donde precisamente, todas las escenas lubricas están compuestas con sumo cuidado; sus personajes siempre bien diferenciados, nunca son mediocres, o representan lugares comunes, sino tienen una causa específica de existencia: libertinos que aceptaron el vicio como modo de vida (Dolmance etc), libertinos que se esfuerzan por crecer en el ámbito (Norceuil), virtuosos a los que se impulsa o se les obliga a vivir en el vicio (Sophie, Justine, Aline y Valcour, Eugene etc), y el pueblo, a quien desprecia y son objetos indispensables para decorar la escena, maquinas bien dotadas en el caso masculino, y bellos traseros dispuestos a ser profanados en el caso femenino. Solo eso. Desprecio. Dice Sade en un dialogo entre Norceuil y Juliette después de la celebración de una orgía: “-¡Qué imbéciles son estos seres - Dice Norceuil-; son las máquinas de nuestras voluptuosidades, y eso es demasiado poco para sentir nada. Tu espíritu más sutil me capta, me entiende, me adivina; Juliette, lo veo, amas el mal”[16].


Así, el esquema de la actividad es más importante que el contenido mismo[17], elementos que se conjugan con la virtud y vicio en su más grado extremo, son los que se comunican, sin comunicación en sí,


Los héroes de Sade no comunican con la carne que zajan, no le dan al otro el placer, se niegan a fundirse en el nudo carnal; están perpetuamente aparte, tensos dentro de un proyecto que los desplaza. En su aislamiento magnífico parecen afirmar que el negocio es entre ellos y una trascendencia que no alcanzan, pero tampoco rechazan. La gran flaqueza de Sade es su incapacidad de asumir el vacío[18].

A partir del texto Sadiano, hemos considerado la manifestación latente de la modernidad a partir del cuerpo recortado, inventariado. Un cuerpo maquina que está comprometido al “destino de las pulsiones”. Pareciera entonces que “el prójimo es antes que nada un dispositivo que empalmar al suyo”.[19] Lo que me interesa entonces en el cuerpo de lo otro, es aquello que permita una adecuada regulación de mi goce, “la mejor conexión de los dispositivos”[20].


Tomaré lo que más me apetezca de la maquina de fornicar, culos, tetas, coños, sujetaré brazos y alzaré piernas. Entraré en trance con una absoluta despersonalización, no es mi cuerpo como frontera o régimen de experiencia, es la reducción maquínica, el imperio de la productividad máxima.


Inmediatamente mi cuerpo fue utilizado con un acerico de vergas de toda especie y tipo, que se clavaron en él, una, dos, tres, cuatro, cinco, seis...Hasta que perdí la cuenta. El asalto no se interrumpía, cubo tras cubo de esperma hirviente se vaciaba dentro de mi, miembro tras miembro penetraba en mi boca, en mi culo, en mi coño.[21]

Lo erótico entonces, es reducido por la modernidad al reducto de una maquina humana gobernada por el placer[22], el cuerpo es el depositario donde se enumeran el “agotamiento de las posibilidades de destruir a los seres humanos, de destruirlos y gozar con el pensamiento de su muerte y de su sufrimiento”.[23]


Claro es, que Sade es el primero en darle a la razón, el sentido de frenesí, sobre la negación de los cuales la conciencia fundó el edificio social y la imagen del hombre[24]. De tal modo, nos representamos “a nosotros mismos como entidades bien definidas y nada nos parece más seguro que el YO que funda el pensamiento, y cuando alcanza los “objetos” es para modificarlo para su uso: nunca es igual a lo que no es él”.[25]


Se trata del reflejo del hombre contemporáneo, de usar al cuerpo como conducto del “placer a todo precio”,[26] lo que facilita la valorización de las partes corporales y particularmente en la exigencia de las posibilidades sexuales que determinan al individuo, medidas estas en cuanto a la forma y el tamaño; la “estética” está contemplada a partir de la medida exterior y el funcionamiento. Sade, siendo ahora vivido en cualquier encuentro o aspiración de hombres y mujeres modernos, gusta de pieles blanquísimas, senos firmes, culos redondos y compactos, pequeñas cinturas, expresiones como “ostentaba la figura flexible y firme de una muchacha de diez años menos”[27] o “tenía puesta una enagua casi transparente que permitiría contemplar con ventaja los globos llenos y redondos de sus pechos y una cinturita de avispa que se ensanchaba en la magnificencia abombada y admirable de sus caderas”[28], son recurrentes y dan forma al cuerpo sadiano, cuerpo que se cerca a partir de sus contornos físicos, que se plastifica e inventaría a partir de los elementos anatómicos que se le trabajen y moldeen. Un cuerpo que es ahora “terriblemente ostentado, desacralizado, maquinizado, parcelado, contabilizado y unido extrañamente a una cabeza impasible que programa sus actividades y monopoliza su goce”.[29]


Precisamente está manera Sadiana de vivir y asumir el cuerpo, es el reflejo, y aquí la parte nodal del planteamiento, es la forma en que se establece la relación no solo en el campo de lo erótico sino en todos los renglones de la vida comunitaria.


¿Cómo asumir las implicaciones con/en mi cuerpo? ¿Cómo intentar siquiera modificar las formas de convivencia política si no cambian la manera de concebir, de vivenciar las relaciones eróticas?
Por ello, ahora nos preguntamos como se organiza “un cuerpo” en un orden social de exclusión, cuál es el correlato corporal de “consumidor” como figura que ha ido desplazando a la de ciudadano de sus derechos. ¿Cómo se vivencian ahora los límites del cuerpo, el afuera y el adentro, cuando lo público y lo privado cambian de escenarios? ¿Qué impacto en la vivencia de un cuerpo propio tiene esta globalización salvaje, donde hasta las funciones biológicas más primarias como la procreación y el embarazo están regidas por la precariedad del empleo, la desocupación, la inseguridad? ¿Cómo comprender, es decir, interpretar, la posibilidad de la disolución del yo, la cancelación de la identidad, la desintegración del sujeto, cuando existe un hombre como Sade fiel representante ilustrado que nos recuerda que somos maquinas de la voluptuosidad, arrebato del placer, que hay que romper el cuello, “torcer la cabeza para contemplar a la vez, la cara y el culo”[30], para utilizar, destruir?


La apuesta y en este sentido creemos firmemente en Bataille es entender el cuerpo como sustrato, como sostén de la experiencia, la condición de arraigo en el ámbito de la existencia, y que posibilita formular el sin sentido cuando accedemos al rompimiento de los limites corporales, y alcanzamos con ello, la entera desnudez, la entrega radical a quien me dio plena existencia: el otro. El erotismo como trasgresión, como juego extático, elevación, tensión que irresistiblemente conoce a la “alegría hasta en la muerte”[31], tocar fondo, habitar al modo de Nietzsche, el abismo, esa especie de vértigo en el que el yo no le pertenece a nadie sino que es esa fuerza de la sensualidad la que crea ese despliegue de imágenes y metáforas, esa corriente vital que crea la luminosidad de lo erótico”.[32]


Y a partir de está premisa a la manera de lo señalado por Leo Bersaní, podríamos reconocer que a través de nuestro cuerpo se juegan los más elaborados mecanismos de poder y sujeción, pero si precisamente reconocemos todos estos ámbitos de control, que circundan y abrazan a muestro cuerpo, podremos entonces desenmascarar, denunciar, desnudar, esa coordenadas políticas que se encuentran desarrolladas en el acto erótico: heterenormatividad, activo/pasivo, penetrador/penetrado, etc. En fin, el juego binario del opresor/oprimido, roles que se resignifican y cambian a cada momento, y en donde ya hay una moral “valorada”, un establecimiento del nexo de conexión de “unos sobre los otros” y “los otros sobre los unos”, por que sin duda, no hay que perder de vista que en las “relaciones de poder, se encuentra uno ante fenómenos complejos que no obedecen a la forma hegeliana de la dialéctica”[33], siendo claro que uno de los puntos de expansión del poder es precisamente lo corporal, “...El poder se ha introducido en el cuerpo, se encuentra expuesto en el cuerpo mismo”.[34]


En el intento de desnudar a cada momento siempre bajo una nueva circunstancia el poder que nos atraviesa, podríamos atrevernos a romper las estructuras binarias, despojarnos por un momento de los discursos y hacer también de la perdida de poder un goce, es decir, es “(...)Casi imposible no asociar la dominación y la subordinación con la experiencia de nuestros placeres más inmensos”.[35] Lo que implicaría que más allá de asumir un texto pertinente sobre los fantasmas del poder y la subordinación corporal, podemos a través también de una apuesta política, romper los binarismos y apostarle al vértigo, asumir que alternativa y simultáneamente somos uno y potencialmente muchos, y siempre con una tensión perpetua y permanente en el campo de las posibilidades. Asumir un cuerpo dialogico, para después desmoronarlo, morir con el otro en el instante del paroxismo, apertura radical, creación de nuevas resistencias que nos permitirían, llevándolas al plano de la discontinuidad, a darle a cada momento, nuevos sentidos a nuestras relaciones de reconocimiento y convivencia con el otro. Desgarraduras que a cada momento se configuran, enlazan y reconvierten. Indispensable una trasgresión de las polaridades, que como Bataille ha propuesto, “podría ser el sentido profundo de ciertas experiencias místicas”.[36]


Lo que implicaría por ejemplo, una subversión del masoquismo, y de otras vías de comunicación erótica; cultivando también el placer en el reconocimiento de la perdida del poder, pero no para un amo, no para perpetuar binarismos y fragmentar la experiencia de la emergencia del vacío; sino precisamente para confirmar con claridad la liberación de uno mismo, posibilitar la disolución de sí, la ausencia de sí, la aproximación a la muerte, ser parte de todo para estar abiertos a todos. Una desidentidad liberadora, que permitiría sin más, la refundación de las formas de vida discontinuas, del separado y distinto por medio de la comunicación intima con el otro, esa comunicación que desgarra la crisálida protectora de su yo, para quedar abierto y desnudo ante la noche. Y desnudos y abiertos, recocernos, sabernos y posibilitar otras formas de comunicación.


He aquí la propuesta, ábrase la discusión.


[1] Hénaff Marcel, Sade: La invención del cuerpo libertino, Ediciones destino, Barcelona, 1980, p, 15.
[2] Foucault Michel, “Nietzsche, genealogía, Historia” en Lenguaje, Contramemoria, Práctica: Ensayos selectos y entrevistas, Ed, Donald Bouchard, Itaca, Cornell, University Press, 1977, p, 148.
[3] Horkheimer Max, Adorno W. Theodor, Dialéctica del Iluminismo, ed, cit, p, 274-275
[4] Bataille Georges, El erotismo, Tusquets, México, 1997, p, 22.
[5] De Beauvoir Simone, El Marques de Sade, Siglo XX, Buenos Aires, 1975, p, 50.
[6] García Ponce Juan, “El libro” en Novelas Breves, Alfaguara, México, 1996, p 333.
[7] Finkielkraut Alain, La sabiduría del amor, Generosidad y posesión, Gedisa, Barcelona, 1999, p, 22.
[8] Hénaff Marcel, Sade: La invención del cuerpo libertino, p, 23.
[9] Idem
[10] González Vidaña Braulio, Georges Bataille y la transgresión de la mirada, s.d.
[11] Sontang Susan, “Sade y Bataille” en Revista de la Universidad de México, Literatura y pornografía, Volumen XXXII, número tres y cuatro, noviembre- diciembre de 1977, p, 86.
[12] Glanz Margo, “Poesía y erotismo” en Bataille George Lo imposible, Premia editores, México, 1989.
[13] Bataille Georges, Madame Edwarda,, Tusquets, Barcelona, 1988, pp.48-49
[14] Barthes Roland, Sade, Fourier, Loyola, Ediciones Cátedra, Madrid 1997, p, 144.
[15] El orden es necesario para la lujuria, es decir, para la transgresión; el orden es precisamente lo que separa la transgresión del cuestionamiento. La razón es que la lujuria es un espacio de intercambio: una práctica contra un placer; los “desbordamientos” deben ser rentables; hay que someterlos por lo tanto a una economía, y esta economía debe planificarse en Barthes Roland, Sade, Fourier, Loyola, p, 156.
[16] Marques de Sade, Juliette, en Obras Selectas, Edimat, España, 1992, p, 123
[17] Horkheimer Max, Adorno W. Theodor “Juliette o Iluminismo y Moral” en Dialéctica del iluminismo, Sudamericana, Buenos Aires, 1980.
[18] Gaitán Duran Jorge, Sade Contemporáneo s.d.
[19] Hénaff Marcel, Sade: La invención del cuerpo libertino, p, 31.
[20] Idem
[21] Sade, Juliette, p, 136.
[22] Volleve Michel ed, El hombre de la ilustración, Alianza Editorial, p. 14.
[23] Bataille Georges, “Sade” en La Invención del Sadismo, Litoral, número 32, Ediciones de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, México, 1996, p, 67.
[24] Ibidem, p, 72.
[25] Ibidem, p, 74
[26] Bloch Iwan, Sade y su tiempo, Juan Pablos Editor, p, 22
[27] Sade, Juliette p, 12
[28] Ibidem, 13
[29] Hénaff Marcel, Sade: La invención del cuerpo libertino, p, 23.
[30] Marques de Sade, “Los ciento vente días de Sodoma”, en Obras completas, Tomo Segundo, Ed, Edasa, México, 1985, p, 264.
[31] Constante Alberto, La obscenidad de lo transparente, p.33
[32] Ibidem, p, 35
[33] Foucault Michel, Microfísica del poder, La piqueta ediciones, Madrid, 1992 p, 104
[34] Idem
[35] Bersani Leo, ¿El recto es una tumba? En Cuadernos del litoral Ediciones de la école lacanienne de psychanalyse, Córdoba, Argentina, 1999, p, 56
[36] Ibidem, p, 59.

martes, 18 de marzo de 2008

LA LITERATURA FRANCESA, MI CUERPO Y EL LIBRO DE MIS GANAS

La literatura francesa, mi cuerpo y el libro de mis ganas

Presenta: Diana Marina Neri Arriaga.

Hoy tengo el cuerpo libre, las alas abiertas y el sexo relajado, algunas palabras, algunos murmullos lentitos y sin prisa, marcan sus ecos en los pliegues de mi ombligo.

A modo del maestro Michel Foucault diré: “Mas que tomar la palabra hubiera preferido verme envuelto en ella, transportado más allá de todo posible inicio”.[1]

Y es que ahora las palabras me susurran de manera distinta, se niegan a “organizarse en un discurso” o a tejer disertaciones esas… que van marinadas de alguna frase celebre y/o la conmemoración de algún autor.

Es sencillamente la risa de recuerdo la que me colma y me permite compartir esta desnudez, las ganas de aquellos bailes cargados de opio, de un cafecito chiapaneco o de algún alipuz que seguramente me bebí y les robe a algunos literatos franceses que no solo leí, sino que ellos, -algunos cautelosos, algunos como bandidos en fuga- se insertaron en mis retozos y en mis ansias contándome, tantas historias de mi misma.

¿Por qué no hacer de la locura un canto?

De pronto la lectura de algún texto corre por mi cuerpo cadenciosamente y como agua rebelde me dibuja paisajes en el terreno de alguna evocación que juguetea entre mis senos. Con Gilles de Rais, mi cabeza rodó entre los palacios y las llagas abiertas de mi vientre se lamieron hasta el éxtasis; con el Marqués de Sade tuve que acceder a vivirme como cuerpo maquina, cuerpo excretado, desacralizado y extrañamente atornillado a una cabeza impasible que programa sus actividades y monopoliza su goce, por ello cuando llego a mi vida Pauline Reage y la historia de su O, fueron el paso de mis días dedicados a Rene y al implacable Sir Sthepen, quienes nos enseñaron que Roissy es mucho más que un espacio para los procaces jugueteos, sino una revelación que nos permite entender las extremaduras del amor, donde el goce va más allá del dolor de la carne, sino de la dolorosa complicidad del deseo.

Ya con Catherine Millet, ser empalmada y frotada con una pala enhiesta fue delicioso siempre y cuando hubiera un buen lubricante.

Leer es tocar espacios incognoscibles del lenguaje, aventurarse a vivir en el silencio más pleno, en el ruido más claro, en la palabra colmada.

Hace frío y tengo el cabello suelto, tengo un peso mayor que mis fuerzas y siento claramente que mi boca me habla, me habita como sombra viscosa haciéndome ver entre los desiertos a Anais Nin, porque compañera, yo también estuve cuando amaste a tu padre y le dijimos no a tú hijo, juntas revolvimos cenizas y con el belfo de nuestros fantasmas lamimos la pena, explorando con Miller el amor libre y el delirio de una June que provoco el suicidio de mis hormigas.

Lo lúdico y lo trágico, la superficie y su profundidad, son siempre bordes que me tocan y se me antojan como abismos donde Lautremont, Baudelaire, Rimbaud, Blanchot y Mallarmé me encontraron como madeja de voces que se desparraman ante la volcadura en el asomo del otro; esos subversivos de la lengua que como faunos insaciables se devoran los fragmentos del mundo sin saborearlos siquiera; por ello, así juntos clamamos por el caos, hacemos de la carne nuestra nueva resurrección.

Con Artaud requiero la posibilidad ritual de hablar con nuestro cuerpo y con ello sublevar al principio del sujeto, contar con otra voz que traspase el lenguaje y así intentar insubordinar al propio código de la lengua. ¿Será posible?

Muchos autores han afirmado que es posible romper el cerco del sentido mediante la irrupción en los dominios prohibidos del sueño, el inconsciente y el sexo. Precisamente en el sexo, o dicho propiamente –en el erotismo- se liberan las vastas regiones de la experiencia exiladas en las profundidades de la realidad.[2]

Y es en este rompimiento cuando se accede al encuentro con el “otro”, con todas las posibilidades dialógicas y eróticas que de una y otra forma te conducen aún sin buscarlo ni desearlo (con toda la delicia que ello implica) al desbordamiento, al caos, y por supuesto fuera de todo dispositivo de orden y autocontrol. No puedo establecer rupturas epistemológicas que llenen de coherencia y racionalidad a mis acciones. De este modo, el universo que me posee, es un universo lleno de ritmos contrarios, que a veces se interpretan como disímbolos, alternantes y complementarios. Pero por ello clamó por la continua y ansiada recreación, invocación y convocación del tiempo original. Cada vez que los amantes se encuentran, se proclama por el retorno del tiempo original que permite conocer a un “otro” que probablemente no sea el de ayer, ni el de hace cinco minutos, pero es un “otro” que desea estar ahí, que pone su universo abierto, que se desnuda.

Y con el otro también viene la pérdida, de ahí que intento comprender el concepto de: “sólo el dolor hace consciente la pasión y por ello se ama el sufrimiento” frase que nos ha heredado el romanticismo de occidente y que con Roland Barthes sostengo que donde hay herida hay sujeto y cuanto más abierta la herida, en el centro del cuerpo (en el corazón) más sujeto deviene el sujeto: porque el sujeto es la intimidad.

Me atrevo también a nombrar a Kristeva, y postular que lo íntimo es lo más profundo y lo más singular de la experiencia humana.

Al intentar verbalizar el discurso amoroso, pudiésemos coincidir que se trata de uno de los estados emocionales más profundos y enigmáticos de la vida de cualquier ser humano. Hoy sabemos que el amor –visto desde nuestra mirada occidental- va más allá de un fenómeno que se entrelaza de manera muy profunda con todas las instancias del psiquismo, que constituye me atrevería a decir una de las categorías ontologicas del sujeto.

Dice Barthes:
Tal es la herida de amor: una apertura radical (en las raíces del ser), que no llega a cerrarse y por la que el sujeto fluye, constituyéndose como sujeto en este fluir mismo. Cada amor posee su propia historia (lo que no significa, forzosamente que tenga que ser una historia individual, única e incomparable). Deberá tener, eso sí, un principio y un fin, y entre ellos el transcurrir de un proceso con momentos de elevación y retroceso, en el cual cambia la relevancia del esquema diferencial.[3]

Por ello me la paso inquiriendo, rascando, desplegando interrogantes: ¿por qué soy?, ¿qué presencia significante establezco en el cuerpo de la lengua?, ¿que significa mi presencia en la presencia/ausencia del otro? Interrogantes que son historias amorosas enhebradas sobre la costra del cuerpo, y tengo muchas laceraciones en el alma.

Este es uno de los argumentos entonces por el que soy desborde, palabra en movimiento, estado de ánimo variante. Creo que en toda historia lo deseemos o no, sea el tiempo o no, hay momentos de heridas, de corte, de esa cosa dolorosa que somos “yo y el otro”, uno y otra cosa, uno y otro sujeto.

Para Bataille el amor, el goce desemboca en la muerte, y es la muerte lo que nos permite volver a nacer. Así, el amor es simultáneamente revelación del ser y de la nada, no una revelación pasiva que se hace y deshace ante nuestros ojos, sino que se construye como posibilidad, como significado y significante, como símbolo, creación y rito, como mito de lo sagrado.

Entonces, como parte del rito, me ofrendo al otro, totalmente sangrante, con una vulva expuesta, adolorida y vulnerable.

La creación es una resurrección amorosa, la escritura del cuerpo y el cuerpo de la escritura es desde mi parecer una comunicación profunda con el otro. Por ello, en la experiencia amorosa, podemos en el instante desgarrar la noción de un cuerpo cerrado y quedar abiertos, indefensos, poniendo en juego la existencia misma.

Percibida con deleite, la carne humana es mórbida, dúctil, húmeda, elástica, afelpada y aromática; pero es también el reino de los placeres efímeros, de las sensaciones inciertas, de poderosos estímulos que al mismo tiempo que nos exaltan, nos afligen o desconciertan. De ahí el temor ante sus apetitos y dolencias, así como ante sus súbitos raptos y derrumbes: en la carne bulle la vida y se fermenta la muerte.

Baudelaire afirmó que era indispensable que imagináramos todo, especialmente lo prohibido, para librarnos de las ataduras de la ignorancia, pues no podemos permitirnos (al menos eso creo) ignorar la vida, obviar nuestra propia existencia.

El ojo de Bataille nos observa desde la mirilla de la puerta de nuestra reposada conciencia moderna; cada acto, gesticulación, palabra o reflexión son objeto de la inquisitiva mirada del bibliotecario de Orléans. Así, ante la voyeurista delectación por la masturbación ajena, asistimos a las nupcias de lo abyecto y lo absurdo, por eso el no saber asistemático y genial de Bataille se ríe en nuestra cara de todas nuestras cartesianas certezas.

Hoy solo me queda el escarceo doloroso de unos dientes fugitivos sobre mi nalga.

Breton, Bataille, Lacan, Klossowski, Anais Nin, Barthes, Artaud, Genet, Sastre, Foucault, con ellos cuestione, señale, me rebele y como respuesta lasciva me llegó una noche sin piernas, y narró presurosa el rumor que clama la rebeldía del Mayo de aquél 68 del prohibido / prohibir, o los girasoles cercenando los tréboles del noviembre de hoy, con esos jóvenes de abrazo a la utopía, que se organizan y horizontal y colectivamente nos enseñan que aún es posible la imaginación al poder. Se saben libres y en resistencia, poseen un cuerpo con ganas que huye siempre de la desolladura de un tiempo siniestro que nos quiere volver a todos viejos.

Nos pretender saturar el cuerpo, fragmentarlo y venderlo a los mejores postores del mercado, un gadget, una ideología de lo consumible, como dijese Raoul Vanengein: “Romperemos todas las porcelanas del mundo para transformar la vida. Amáis demasiado a las cosas y demasiado poco a los hombres…Amáis demasiado a los hombres como cosas y no lo suficiente al hombre”[4], pero también contra eso podemos resistir y rebelarnos, precisamente con un cuerpo que se trastorna y perturba con la ternura del espanto, para adivinar en la oscuridad, un pedacito de miedo y espuma, una luciérnaga perdida en el amor.

Con esos autores franceses vivo frágil tocando el abismo, con esas lecturas mis manos oscilan ante el viento de la luna para reencontrarme, con estas ganas hoy estoy aquí abriéndoles mis poros, mostrando como me entierro espinas de arena.



Bibliografía:
Barthes, Roland, Fragmentos de un discurso amoroso, Siglo XXI Editores, México, 1999.
Foucault Michel, El orden del discurso, Siglo XXI editores, México, 1988.
Vaneigem Raoul, Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, Anagrama, 2001.


[1] Foucault Michel, El orden del discurso, Siglo XXI editores, México, 1988, p, 56,
[2] Y esto sucede aún cuando en momentos la palabra y el dialogo se reinterpretan con diversos mecanismos y diversas formas según estados de ánimo y experiencias, provocando en el otro malestares o desconciertos, pero el sexo, sigue siendo en sí mismo discurso revelador, discurso que vinculado con el encuentro erótico, se pierde como discurso y me llena por el instante la existencia.
[3] Barthes, Roland, Fragmentos de un discurso amoroso, Siglo XXI Editores, México 1987, p, 45.
[4] Vaneigem Raoul, Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, Anagrama, p, 286

PROBADITAS DE CONTRA AMOR.

  Tiene mucho que no hablo de contra amor, y ya es urgente retomarlo en términos de la palabra escrita y hablada para compartir, ya que en l...