Las brujas que somos

Las brujas que somos
La vida está en gran parte compuesta por sueños. Hay que unirlos a la acción: Anaís Nin

domingo, 25 de mayo de 2008

LA NOCIÓN DEL CUERPO ERÓTICO EN BATAILLE EN



Buena vida:

Les comparto entre los choritos de la vida y la disidencia, un texto que recién el miércoles 21 de mayo leí en el XXV encuentro nacional de estudiantes de filosofía en la BUAP en la Ciudad de Puebla, abierta pa' los jitomatazos y las palabras, Vale.


LA NOCIÓN DEL CUERPO ERÓTICO EN BATAILLE EN
CONTRAPOSICIÓN CON EL CUERPO MÁQUINA SADIANO:
LA PROPUESTA DE UN CUERPO POÉTICO


DIANA MARINA NERI ARRIAGA.

El cuerpo como un texto en fuga, el espacio del sentido y la aproximación del sin sentido, nuestro mayor signo ante el mundo, el lugar de todos los “riesgos que regulan el reparto de las fuerzas, los poderes y los códigos”.[1]


Considero que no solo es pertinente sino necesarisimo revisar las categorías fundamentales en torno al cuerpo y el modo en el que lo asumimos modernamente en occidente, en particular con relación a nuestra aproximación erótica, para ello establezco que Sade representa el paradigma de cómo los humanos utilizamos y cosificamos al otro, dándole la dimensión de existencia solo para la satisfacción de nuestras “parvedades” de contacto, uso y posesión. Al cuerpo entonces, se le ha vuelto preso, se le mecaniza, lo que implica una nueva forma de colocar al poder en el ámbito disciplina / docilidad, donde se corresponde una relación jerárquica sobre lo que fuese el cuerpo activo, constituyendo una anatomía política que coloca a los poderes como un ejercicio cotidiano que habita nuestros días.


El cuerpo es una superficie inscrita de eventos (delineados por el lenguaje y delineados y disueltos por las ideas), el lugar de la personalidad disociada (que adopta una ilusión de unidad sustancial) y un volumen de desintegración. La genealogía, como análisis de la decadencia, está situada así dentro de la articulación del cuerpo y la historia. Su tarea es exponer un cuerpo totalmente impreso por la historia y por el proceso de destrucción histórica del cuerpo.[2]

De ahí parto para desentrañar en el cuerpo los diversos lenguajes que lo habitan. Creo firmemente en Horkheimer y Adorno cuando apuntan que es el odio-amor hacia el cuerpo, lo que tiñe toda la civilización moderna. El cuerpo como lo que es inferior, es objeto de burla y maltrato, y a la vez se lo desea, como lo prohibido, reificado, extrañado.


...Sólo la civilización conoce el cuerpo como una cosa que se puede poseer, solo en la civilización el cuerpo se ha separado del espíritu como objeto, como cosa muerta, corpus. Con la auto degradación del hombre a la categoría de corpus la naturaleza se venga del hecho de que el hombre la degradó convirtiéndola en objeto de dominio, en materia prima.[3]

En este dominio, en estos modos nuevos de acceder al cuerpo, se ha permitido la manipulación de la naturaleza hasta el punto de moldearla acorde a los propósitos de uso, medios y fines. La pregunta Kantiana, siempre vigente, siempre incesante, sobre ¿Qué es el hombre? Nos lleva otra vez, irremediablemente a la apertura enigmática del saber del cuerpo, cuerpo en tanto ser de lo humano, cuerpo en tanto razón y objeto de estudio, cuerpo en tanto escritura, cuerpo subjetivable.


Un cuerpo que de acuerdo al modelo del Marqués de Sade –tan vilipendiado pero venerado al fin-, se le instituirá en la noción de docilidad, un cuerpo que puede ser tomado, utilizado, sometido, transformado, seccionado. La realización sexual deviene de la participación de órganos; los falos son fuelles, tubos o piedras que se clavan incesantemente, y las vulvas, coños, y anos, simplemente orificios que desfloran nuevas y cada vez más osadas emociones.


Baste una radiografía actual del contrato sexual, para subrayar como los cuerpos se ponen a prueba en “el reino del paraíso sexual”. Pirámides y composiciones corporales que son marcadas por un ritmo, un tiempo y espacio en donde el cuerpo casi enjuto, es penetrado, golpeado, excretado, fornicado.


Cuerpos que reflejan la forma de relacionarnos con/en el mundo y con/en el otro. Espacio y dimensión de la existencia que pudiese analizarse desde un momento histórico y un entramado cultural donde desde el arte, la ciencia y la filosofía, se hace evidente el cuerpo como posible objeto de reflexión; o desde el psicoanálisis con la conceptualización de un cuerpo-pulsión; con el marxismo desde la teoría de la plusvalía y el hombre como fuerza de reproducción, o bien desde las nuevas corrientes históricas, la lingüística, el estructuralismo y sus variantes “post”; la poesía, la danza, o el teatro contemporáneos, des-atan al cuerpo del campo de la biología y facilitan verlo como una realidad dinámica y compleja, siempre inasible; desnaturalizan el cuerpo y lo relacionan con otro orden, orden de cultura, de poder, de discurso. O verlo desde una escena política y social donde se identifica la relación entre cuerpo y horror: el cuerpo de las guerras y del holocausto, de la mutilación, el cuerpo de la imposición de un sexo sobre otro; el cuerpo de la dictadura en Latinoamérica, los cuerpos de nuestras muertas todas las de Juárez donde la tortura y la desaparición, la mutilación y el desamparo hacen de telón de fondo para el dominio sutil y/o terminante de los cuerpos.


Ahora bien, ¿Para qué estudiar al cuerpo desde la reflexión especifica de Sade y contraponerlo con un cuerpo abierto a la disolución de la que habla Bataille? ¿Qué importancia tiene esto en nuestros días, mientras otros cuerpos se tecnifican, o vegetan en el olvido de millones, o mueren en guerras, en el hambre o en la indiferencia que es más que una muerte lenta?


Hablo del Cuerpo con la avidez abrevada y tranquila, de la humedad cifrada, de sus selvas untosas y sus vertientes, hablo del erotismo, de las ciénega viva como el pilar de la expresión y vida con/en el humano. Hablo de la entrega radical, como la posibilidad de alcanzar “al ser en lo más intimo, hasta el punto del desfallecimiento”[4].


Sostengo que nuestro cuerpo es el vínculo que se abre a la continuidad, a un estado de comunicación que sobrepasa los límites del yo, un ser obsceno que se perturba con la alteración de todos los territorios trazados; un ser que muere con y a partir del otro, un ser que refunda, renueva su historia a cada instante.


Sencillamente un humano que en la entrega puede disolver el poder, reconfigura su modo de significarse y de estar, de ahí que se considera que tales elementos deben tomarse como sumo necesarios para una valoración de las formas de convivencia política.


La propuesta de una alternativa para ser pensada, es estar en la conciencia de esa fusión erótica que rompe individualidades, que desplaza al sujeto y que se abre sin más a cuestionarse en la trasgresión, posibilitando una transformación en el modo de participarse y de estar con el otro. Preocupación nodal de nuestro tiempo.


Permítanme agregar además, que estoy convencida que en el juego o rejuego en el que se ejerce el poder, la dicotomía sexo&poder, tiene sus ámbitos de expansión y contracción perfectamente identificables en los modos de asumir occidentalmente nuestro cuerpo y el ejercicio de éste, a través de renovados contratos sexuales.


Por eso Sade, por eso la pregunta que inquietó a Beauvoir y que sigue ahora permanentemente vigente. “Las verdaderas relaciones del hombre con el hombre”.[5]


Desanudar entonces esa jerarquía, ese constante reacomodo de fuerzas y dominio que se abren en lo sexual, nos permitirá identificar que no será posible luchar en el mero terreno de lo social, en la arena del campo político y comunitario, sino se revisan primero y/o paralelamente las formas de convivencia erótica. Revisar estos mecanismos, subvertirlos, abrirse a la visión Batailleana, pudiese darnos elementos para estar listos a la fragua del gozo, del dolor lo mismo que a la muerte, o más allá de estas, para vislumbrar el éxtasis, y con la conciencia de está, intentar una convivencia diferente, no de utilización, cosificación, sino de identificación, reconocimiento al otro. Una relación entre continuos y que se abre a la comunicación del compartir. Bordes profundos que pueden volverse practicas de libertad.


Por ello otra vez, la pregunta nos abraza de nuevo: ¿Podremos recuperar algún día nuestro cuerpo, enhebrar las historias sobre nuestros significantes corporales? ¿Liberarnos del ropaje de lo moderno en el sentido de funcionar de acuerdo a los preceptos de cuerpo cosa, cuerpo móvil, cuerpo de lo otro? ¿Cómo dejar de censurar el cuerpo, nuestra palabra, ese texto tan antiguo en que se nos inscribe la ruptura, ese cuerpo instrumento de disolución y desmoronamiento de los “limites” del yo, cuerpo del deseo abierto?


Su cuerpo pareció descubrirse con su desnudez, extendiéndose sobre sí mismo, nuevo, vivo e impersonal, como una frase nunca dicha, siendo la totalidad y cada una de las palabras, revelándose fuera de su ser dejando que Eduardo la tomara y acompañándola en su placer, para luego obligarla a seguirla en el suyo, hasta que uno y otro se confundía entre sí, extendiéndose sin limites, precipitándose de vacío en vacío, de plenitud en plenitud, en una serie de caídas interrumpidas hacia un espacio cada vez más amplio... tan inconmensurable dejo de existir, a pesar de que estaba más presente que nunca.[6]

De ahí que el proyecto que aquí se presenta, se encuentre estructurado a partir del amado y terrible cuerpo, las inscripciones e historia de éste campo lúdico y fértil desierto, de éste espacio de superficie y pliegue de profundidad. No cabe duda, que para “estar” frente a la “presencia” del otro, es el cuerpo el que me ha permitido ser mirado, escrutado o soslayado, llanamente “medido por una desdeñosa mirada o aún simplemente percibido por una mirada extraña”[7]


Siendo éste cuerpo como el colmo del mosaico de signos, como la enérgica voz simbólica que desde adentro me grita los susurros de la palabra, “...la piel, las manos, los ojos, la cara, no dejan de expresar, los gestos no dejan de significar, los vestidos no dejan de simbolizar y los propios silencios no dejan de hablar”[8]


Ahora bien, ¿como es que éste único punto posible de encuentro y de articulación “por el que puede pasar el hilo del relato o las metáforas de un poema”[9], se enlaza, comunica o conecta eróticamente con el otro? ¿Cómo es que este espacio abierto donde comparto la multiplicidad, esta cimiente de extensión puede desarrollarse con otro que me significa, y donde juntos, nos volvemos síntomas de tempestades, voces que se vuelven pieles, ojos que se plasman en expresiones que nos hablan, que nos callan?


Este es el punto central de nuestro texto, la hipótesis del cuerpo frente al desarrollo erótico con el otro, y la perspectiva desde las diferentes lecturas y modos de asumirse, por ello, Sade y Bataille nos han propuesto dos espacios de análisis para entender/entenderse distintos:


1) Entender la dimensión corporal y con ello, la relación erótica a partir de Bataille, siendo está una herramienta de la trasgresión, cada interdicto expresa así su cabal inutilidad ante la dentellada nauseabunda de la muerte o ante la exánime consecuencia del éxtasis amatorio.[10] Lo obsceno es decir, la extremosidad de la experiencia erótica, es la raíz de las energías vitales.[11]


Los seres humanos dice Bataille vivimos solo a través del exceso, por ello, hemos de estar abiertos, abiertos a la vida, y a la muerte.


El erotismo es un cuerpo que se escamotea a la materialidad aunque parta de ella, o mejor, es un cuerpo que se recrea o un cuerpo sobre el que se construye la poesía. Es por ello algo concreto, algo tangible, pero a la vez es un cuerpo inexistente en su concreción para detentarse en la concreción de la palabra. Cuerpo-texto que destruye el cuerpo - carne pero que se monta en él para transformarlo, para sustituirlo. Por ello es delito, es más, es perverso[12].

Así, su noción de cuerpo, abraza otros linderos, se bifurca en la noción de un cuerpo con huellas de persistencia, un goce que sobrepasa la experiencia y que marca el misterio del cuerpo que habla. Entiendo entonces, que el acto erótico puede hacernos trascender en el instante de la totalidad universal.


Éxtasis, es embriaguez, desdoblamiento, vacío, cambio, delirio. Para Bataille, el éxtasis es la única salida del no saber, al fusionarse y desaparecer en el instante el sujeto y el objeto, lo que permanece es el no saber, la noche. Por ello la experiencia interior es la ampliación de las posibilidades humanas hasta su límite. El cuerpo desnudo será la dimensión emblemática de la cancelación de la identidad.


-¿Quieres ver mis entresijos? -me dijo [Edwarda].


Con las manos agarradas a la mesa, me volví hacia ella. Sentada frente a mí, mantenía una pierna levantada y abierta; para mostrar mejor la ranura estiraba la piel con sus manos. Los "entresijos" de Edwarda me miraban, velludos y rosados, llenos de vida como un pulpo repugnante. Dije con voz entrecortada:


-¿Por qué haces eso?
-Ya ves, soy DIOS...
[...] Había guardado su postura provocante. Ordenó:
-¡Besa!
-Pero... ¿delante de todos?...
-¡Claro!
Temblaba; yo la miraba inmóvil; ella me sonreía tan dulcemente que me hacía estremecer. Al fin me arrodillé; titubeando puse mis labios sobre la llaga viva. Su muslo desnudo acariciaba mi oreja: me parecía escuchar un ruido de olas como el que se escucha en los caracoles marinos. En la insensatez del burdel y en medio de la confusión que reinaba a mi alrededor [...], yo permanecía extrañamente en suspenso, como si Edwarda y yo nos hubiéramos perdido en una noche de vendaval frente al mar[13].

La desnudez revela al cuerpo en su fragilidad, colocado en esa inminencia del derrumbe de todas las barreras de sí. El cuerpo desnudo, indefenso, es el cuerpo en su capacidad de entrega radical, despojado de otra máscara que no sea su espera. Es un cuerpo sometido a la presencia del otro, pero este sometimiento es la raíz de la intensidad que hace posible la voluntad de trasgresión. Los sujetos entregados a la desnudez experimentan esa intensidad ante el resplandor de la finitud escenificado y celebrado en la presencia del otro, pero esta intensidad tiene algo de oscuro, de incierto, de muerte.


Para Bataille, pensar el erotismo es pensar en la colindancia del don extremo y el despojamiento de sí mismo; es hablar de la celebración de la vida como derrame de la voluntad de disgregación, como desbordamiento de la intensidad. El cuerpo es el fundamento, el destino último y la potencia de la lucidez. El cuerpo entonces, es desmoronamiento de los límites, lugar donde la trasgresión tiene el espacio concreto, herida abierta que no es nada, si el otro no me conforma, el otro que me constituye y que en el nudo carnal se hace participe de lo imposible.


2) Nuestra segunda hipótesis se centra en la mirada a partir de los sentidos de la modernidad, en donde se ha enarbolado aún sin pensarlo o aceptarlo el discurso sadiano, un cuerpo que es relacionado como dijese Foucault con el orden, orden del placer, de poder, de discurso.


El poder, el saber y el placer son tres conceptos que se enlazan siempre en el discurso sexual Sadiano, en donde los libertinos infiltran y controlan nuestros cuerpos a través del placer. El otro solo existe en la medida de la necesidad del libertino, es una maquina ejecutante que debe recomponerse y operar de acuerdo a la composición de la obra, actúan como orquestadores, cómplices o victimas. La actuación sexual es un acto de equilibrio entre la pasión y razón, donde no hay desborde, no vértigo, en lo absoluto, desorden o experiencia de límite sino autoritarismo y represión. Y bajo condiciones tales, la concepción y el proyecto sobre el otro, está negada. De ahí que diga Batrhes: “La práctica sadiana está dominada por una gran idea de orden: los “desarreglos” se organizan enérgicamente, la lujuria no tiene freno, pero sí orden”[14]


A Sade tal y como paradigma de lo moderno, le preocupa el orden[15], el tiempo y la acción, se interesa por la particular coherencia del libertino, quien soberbiamente desempeña su papel de orquestador, y donde precisamente, todas las escenas lubricas están compuestas con sumo cuidado; sus personajes siempre bien diferenciados, nunca son mediocres, o representan lugares comunes, sino tienen una causa específica de existencia: libertinos que aceptaron el vicio como modo de vida (Dolmance etc), libertinos que se esfuerzan por crecer en el ámbito (Norceuil), virtuosos a los que se impulsa o se les obliga a vivir en el vicio (Sophie, Justine, Aline y Valcour, Eugene etc), y el pueblo, a quien desprecia y son objetos indispensables para decorar la escena, maquinas bien dotadas en el caso masculino, y bellos traseros dispuestos a ser profanados en el caso femenino. Solo eso. Desprecio. Dice Sade en un dialogo entre Norceuil y Juliette después de la celebración de una orgía: “-¡Qué imbéciles son estos seres - Dice Norceuil-; son las máquinas de nuestras voluptuosidades, y eso es demasiado poco para sentir nada. Tu espíritu más sutil me capta, me entiende, me adivina; Juliette, lo veo, amas el mal”[16].


Así, el esquema de la actividad es más importante que el contenido mismo[17], elementos que se conjugan con la virtud y vicio en su más grado extremo, son los que se comunican, sin comunicación en sí,


Los héroes de Sade no comunican con la carne que zajan, no le dan al otro el placer, se niegan a fundirse en el nudo carnal; están perpetuamente aparte, tensos dentro de un proyecto que los desplaza. En su aislamiento magnífico parecen afirmar que el negocio es entre ellos y una trascendencia que no alcanzan, pero tampoco rechazan. La gran flaqueza de Sade es su incapacidad de asumir el vacío[18].

A partir del texto Sadiano, hemos considerado la manifestación latente de la modernidad a partir del cuerpo recortado, inventariado. Un cuerpo maquina que está comprometido al “destino de las pulsiones”. Pareciera entonces que “el prójimo es antes que nada un dispositivo que empalmar al suyo”.[19] Lo que me interesa entonces en el cuerpo de lo otro, es aquello que permita una adecuada regulación de mi goce, “la mejor conexión de los dispositivos”[20].


Tomaré lo que más me apetezca de la maquina de fornicar, culos, tetas, coños, sujetaré brazos y alzaré piernas. Entraré en trance con una absoluta despersonalización, no es mi cuerpo como frontera o régimen de experiencia, es la reducción maquínica, el imperio de la productividad máxima.


Inmediatamente mi cuerpo fue utilizado con un acerico de vergas de toda especie y tipo, que se clavaron en él, una, dos, tres, cuatro, cinco, seis...Hasta que perdí la cuenta. El asalto no se interrumpía, cubo tras cubo de esperma hirviente se vaciaba dentro de mi, miembro tras miembro penetraba en mi boca, en mi culo, en mi coño.[21]

Lo erótico entonces, es reducido por la modernidad al reducto de una maquina humana gobernada por el placer[22], el cuerpo es el depositario donde se enumeran el “agotamiento de las posibilidades de destruir a los seres humanos, de destruirlos y gozar con el pensamiento de su muerte y de su sufrimiento”.[23]


Claro es, que Sade es el primero en darle a la razón, el sentido de frenesí, sobre la negación de los cuales la conciencia fundó el edificio social y la imagen del hombre[24]. De tal modo, nos representamos “a nosotros mismos como entidades bien definidas y nada nos parece más seguro que el YO que funda el pensamiento, y cuando alcanza los “objetos” es para modificarlo para su uso: nunca es igual a lo que no es él”.[25]


Se trata del reflejo del hombre contemporáneo, de usar al cuerpo como conducto del “placer a todo precio”,[26] lo que facilita la valorización de las partes corporales y particularmente en la exigencia de las posibilidades sexuales que determinan al individuo, medidas estas en cuanto a la forma y el tamaño; la “estética” está contemplada a partir de la medida exterior y el funcionamiento. Sade, siendo ahora vivido en cualquier encuentro o aspiración de hombres y mujeres modernos, gusta de pieles blanquísimas, senos firmes, culos redondos y compactos, pequeñas cinturas, expresiones como “ostentaba la figura flexible y firme de una muchacha de diez años menos”[27] o “tenía puesta una enagua casi transparente que permitiría contemplar con ventaja los globos llenos y redondos de sus pechos y una cinturita de avispa que se ensanchaba en la magnificencia abombada y admirable de sus caderas”[28], son recurrentes y dan forma al cuerpo sadiano, cuerpo que se cerca a partir de sus contornos físicos, que se plastifica e inventaría a partir de los elementos anatómicos que se le trabajen y moldeen. Un cuerpo que es ahora “terriblemente ostentado, desacralizado, maquinizado, parcelado, contabilizado y unido extrañamente a una cabeza impasible que programa sus actividades y monopoliza su goce”.[29]


Precisamente está manera Sadiana de vivir y asumir el cuerpo, es el reflejo, y aquí la parte nodal del planteamiento, es la forma en que se establece la relación no solo en el campo de lo erótico sino en todos los renglones de la vida comunitaria.


¿Cómo asumir las implicaciones con/en mi cuerpo? ¿Cómo intentar siquiera modificar las formas de convivencia política si no cambian la manera de concebir, de vivenciar las relaciones eróticas?
Por ello, ahora nos preguntamos como se organiza “un cuerpo” en un orden social de exclusión, cuál es el correlato corporal de “consumidor” como figura que ha ido desplazando a la de ciudadano de sus derechos. ¿Cómo se vivencian ahora los límites del cuerpo, el afuera y el adentro, cuando lo público y lo privado cambian de escenarios? ¿Qué impacto en la vivencia de un cuerpo propio tiene esta globalización salvaje, donde hasta las funciones biológicas más primarias como la procreación y el embarazo están regidas por la precariedad del empleo, la desocupación, la inseguridad? ¿Cómo comprender, es decir, interpretar, la posibilidad de la disolución del yo, la cancelación de la identidad, la desintegración del sujeto, cuando existe un hombre como Sade fiel representante ilustrado que nos recuerda que somos maquinas de la voluptuosidad, arrebato del placer, que hay que romper el cuello, “torcer la cabeza para contemplar a la vez, la cara y el culo”[30], para utilizar, destruir?


La apuesta y en este sentido creemos firmemente en Bataille es entender el cuerpo como sustrato, como sostén de la experiencia, la condición de arraigo en el ámbito de la existencia, y que posibilita formular el sin sentido cuando accedemos al rompimiento de los limites corporales, y alcanzamos con ello, la entera desnudez, la entrega radical a quien me dio plena existencia: el otro. El erotismo como trasgresión, como juego extático, elevación, tensión que irresistiblemente conoce a la “alegría hasta en la muerte”[31], tocar fondo, habitar al modo de Nietzsche, el abismo, esa especie de vértigo en el que el yo no le pertenece a nadie sino que es esa fuerza de la sensualidad la que crea ese despliegue de imágenes y metáforas, esa corriente vital que crea la luminosidad de lo erótico”.[32]


Y a partir de está premisa a la manera de lo señalado por Leo Bersaní, podríamos reconocer que a través de nuestro cuerpo se juegan los más elaborados mecanismos de poder y sujeción, pero si precisamente reconocemos todos estos ámbitos de control, que circundan y abrazan a muestro cuerpo, podremos entonces desenmascarar, denunciar, desnudar, esa coordenadas políticas que se encuentran desarrolladas en el acto erótico: heterenormatividad, activo/pasivo, penetrador/penetrado, etc. En fin, el juego binario del opresor/oprimido, roles que se resignifican y cambian a cada momento, y en donde ya hay una moral “valorada”, un establecimiento del nexo de conexión de “unos sobre los otros” y “los otros sobre los unos”, por que sin duda, no hay que perder de vista que en las “relaciones de poder, se encuentra uno ante fenómenos complejos que no obedecen a la forma hegeliana de la dialéctica”[33], siendo claro que uno de los puntos de expansión del poder es precisamente lo corporal, “...El poder se ha introducido en el cuerpo, se encuentra expuesto en el cuerpo mismo”.[34]


En el intento de desnudar a cada momento siempre bajo una nueva circunstancia el poder que nos atraviesa, podríamos atrevernos a romper las estructuras binarias, despojarnos por un momento de los discursos y hacer también de la perdida de poder un goce, es decir, es “(...)Casi imposible no asociar la dominación y la subordinación con la experiencia de nuestros placeres más inmensos”.[35] Lo que implicaría que más allá de asumir un texto pertinente sobre los fantasmas del poder y la subordinación corporal, podemos a través también de una apuesta política, romper los binarismos y apostarle al vértigo, asumir que alternativa y simultáneamente somos uno y potencialmente muchos, y siempre con una tensión perpetua y permanente en el campo de las posibilidades. Asumir un cuerpo dialogico, para después desmoronarlo, morir con el otro en el instante del paroxismo, apertura radical, creación de nuevas resistencias que nos permitirían, llevándolas al plano de la discontinuidad, a darle a cada momento, nuevos sentidos a nuestras relaciones de reconocimiento y convivencia con el otro. Desgarraduras que a cada momento se configuran, enlazan y reconvierten. Indispensable una trasgresión de las polaridades, que como Bataille ha propuesto, “podría ser el sentido profundo de ciertas experiencias místicas”.[36]


Lo que implicaría por ejemplo, una subversión del masoquismo, y de otras vías de comunicación erótica; cultivando también el placer en el reconocimiento de la perdida del poder, pero no para un amo, no para perpetuar binarismos y fragmentar la experiencia de la emergencia del vacío; sino precisamente para confirmar con claridad la liberación de uno mismo, posibilitar la disolución de sí, la ausencia de sí, la aproximación a la muerte, ser parte de todo para estar abiertos a todos. Una desidentidad liberadora, que permitiría sin más, la refundación de las formas de vida discontinuas, del separado y distinto por medio de la comunicación intima con el otro, esa comunicación que desgarra la crisálida protectora de su yo, para quedar abierto y desnudo ante la noche. Y desnudos y abiertos, recocernos, sabernos y posibilitar otras formas de comunicación.


He aquí la propuesta, ábrase la discusión.


[1] Hénaff Marcel, Sade: La invención del cuerpo libertino, Ediciones destino, Barcelona, 1980, p, 15.
[2] Foucault Michel, “Nietzsche, genealogía, Historia” en Lenguaje, Contramemoria, Práctica: Ensayos selectos y entrevistas, Ed, Donald Bouchard, Itaca, Cornell, University Press, 1977, p, 148.
[3] Horkheimer Max, Adorno W. Theodor, Dialéctica del Iluminismo, ed, cit, p, 274-275
[4] Bataille Georges, El erotismo, Tusquets, México, 1997, p, 22.
[5] De Beauvoir Simone, El Marques de Sade, Siglo XX, Buenos Aires, 1975, p, 50.
[6] García Ponce Juan, “El libro” en Novelas Breves, Alfaguara, México, 1996, p 333.
[7] Finkielkraut Alain, La sabiduría del amor, Generosidad y posesión, Gedisa, Barcelona, 1999, p, 22.
[8] Hénaff Marcel, Sade: La invención del cuerpo libertino, p, 23.
[9] Idem
[10] González Vidaña Braulio, Georges Bataille y la transgresión de la mirada, s.d.
[11] Sontang Susan, “Sade y Bataille” en Revista de la Universidad de México, Literatura y pornografía, Volumen XXXII, número tres y cuatro, noviembre- diciembre de 1977, p, 86.
[12] Glanz Margo, “Poesía y erotismo” en Bataille George Lo imposible, Premia editores, México, 1989.
[13] Bataille Georges, Madame Edwarda,, Tusquets, Barcelona, 1988, pp.48-49
[14] Barthes Roland, Sade, Fourier, Loyola, Ediciones Cátedra, Madrid 1997, p, 144.
[15] El orden es necesario para la lujuria, es decir, para la transgresión; el orden es precisamente lo que separa la transgresión del cuestionamiento. La razón es que la lujuria es un espacio de intercambio: una práctica contra un placer; los “desbordamientos” deben ser rentables; hay que someterlos por lo tanto a una economía, y esta economía debe planificarse en Barthes Roland, Sade, Fourier, Loyola, p, 156.
[16] Marques de Sade, Juliette, en Obras Selectas, Edimat, España, 1992, p, 123
[17] Horkheimer Max, Adorno W. Theodor “Juliette o Iluminismo y Moral” en Dialéctica del iluminismo, Sudamericana, Buenos Aires, 1980.
[18] Gaitán Duran Jorge, Sade Contemporáneo s.d.
[19] Hénaff Marcel, Sade: La invención del cuerpo libertino, p, 31.
[20] Idem
[21] Sade, Juliette, p, 136.
[22] Volleve Michel ed, El hombre de la ilustración, Alianza Editorial, p. 14.
[23] Bataille Georges, “Sade” en La Invención del Sadismo, Litoral, número 32, Ediciones de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, México, 1996, p, 67.
[24] Ibidem, p, 72.
[25] Ibidem, p, 74
[26] Bloch Iwan, Sade y su tiempo, Juan Pablos Editor, p, 22
[27] Sade, Juliette p, 12
[28] Ibidem, 13
[29] Hénaff Marcel, Sade: La invención del cuerpo libertino, p, 23.
[30] Marques de Sade, “Los ciento vente días de Sodoma”, en Obras completas, Tomo Segundo, Ed, Edasa, México, 1985, p, 264.
[31] Constante Alberto, La obscenidad de lo transparente, p.33
[32] Ibidem, p, 35
[33] Foucault Michel, Microfísica del poder, La piqueta ediciones, Madrid, 1992 p, 104
[34] Idem
[35] Bersani Leo, ¿El recto es una tumba? En Cuadernos del litoral Ediciones de la école lacanienne de psychanalyse, Córdoba, Argentina, 1999, p, 56
[36] Ibidem, p, 59.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Libertaria y feminista. Despues de unas vacaciones virtuales te doy lata. Que me puedes recomendar de erotismo, del estilo de Bataille? Escribes muy bonito

luna_zapatista_poliamorosa alias Diana dijo...

Gracias por tù comentario y comparto lo de las vacaciones virtuales, a veces es dificil estar vigente en estos caminos sinuosos de la virtualidad.

Uff!! hablar de Bataille, es tomar a un personaje que se le puede leer, tocar, gozar, desde muchos àmbitos, en particular desde su literatura y su filosofìa, que es siempre de transgresión, de violencia, de encuentros y otredades.

Pa empezar y solo con ànimos de hacer una recomendaciòn general, que merece una segunda vuelta, te recomiendo que le entres con:
El abad C
Lo imposible
Mandame Eduarda
Mi madre
El muerto
El azul del cielo y ohhhh
mi gran favorito: Historia del ojo.

Pero aguantame que en un próximo encuentro virtual, Bataille seguramente se asomara soberbio a relcamar sus letras.

Hasta pronto.
Diana

bisexualidad dijo...

Acabo de descubrir tu lindo blog.Tenemos causas comunes como el poliamor, la bisexualidad y la igualdad entre sexos. A ciertos hombres también nos interesa que no todos somos zoquetes machistas.
Saludos desde España.

luna_zapatista_poliamorosa alias Diana dijo...

Para la palabra no hay mares ni distancias, hay ánimos compartidos, hay ganas, gracias por el compartir, por la bisexualidad, el poliamor e intentar que los humanos, no solo los hombres seamos un poco menos zoquetes.