Las brujas que somos

Las brujas que somos
La vida está en gran parte compuesta por sueños. Hay que unirlos a la acción: Anaís Nin

lunes, 14 de julio de 2008

Una vez que mis manos tocaron tu cadáver…empezó el festín



Una vez que mis manos tocaron tu cadáver…empezó el festín


Al principio la mano temblaba un poco; jamás había visto a nadie muerto, y menos aún a mi amado, desnudo y en nuestra cama, con nuestras sabanas y una vez más con nuestra felina Safo como testigo.


Pensé que sería más rápido pero entendí que es un proceso lentito y delicioso, dar un toque preciso y seco, un corte que no solo hundiera tú carne y me permitiera ver todos tus surcos henchidos de brillante liquido, sino que además abriera campo a ver un último esbozo de tú sonrisa, que aunque ahora serena, tenía la suavidad de tú última crueldad.
La cuchilla se mostro en un primer momento muy reacia, pero una vez que rechino un poquito el hueso, vino una untable mantequilla que antojaba a carnicería, sin embargo, me contuve, quería que llegáramos juntos a nuestro último orgasmo.
…También estoy desnuda y solo después de los primeros cortes, he ceñido muy cerca de los senos, una correa que me permite jugar una danza de cuchillos con tú cuerpo.
Yo, muy húmeda, Tú… ya estas abierto en canal desde tú gloriosa manzana de Adán hasta el primer pelito de tú pubis.


Tu verga está soberbia y henchida, y mientras jugueteo con tu pelvis, te escribo muchos nombres en los intestinos y lo que ahora descubro que es el hígado, estómago, y ufff!! Todo un salpicón de nuevos colores que jamás imagine que te habitara. No puedo esperar más…..


…..Me monto y a horcajadas, descubro que solo tenemos mucho vómito, sangre y nueva lucidez en el goce de nuestro purpura, de nuestra tormenta sin mañanas.
Amo tanto tú humanidad, tú ser mundano y destazado, tú expresión profunda de muerto de dos días.


Amo tú culo que ahora tengo lejos, amo tu figura inédita de enunciación.


¿Has probado la sangre? ¿Te has vertido en homenaje a la vida y sus vibraciones?


Ahora estoy inmersa en una nueva música, en un nuevo delirio, en el vaivén de un nuevo descubrimiento gourmet: los ríos de la concupiscencia me llevan a clavar los dientes y con fuerza, comenzar a saborearte.


Esto es la locura….


Con los ojos en blanco… me llamo Diana.
Diana Marina Neri Arriaga

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