Las brujas que somos

Las brujas que somos
La vida está en gran parte compuesta por sueños. Hay que unirlos a la acción: Anaís Nin

sábado, 17 de septiembre de 2011

DE COMO LLEGO A MI VIDA LA BEAUVOIR O SOBRE EL CUERPO DOLIENTE AL CUERPO GOZOSO.

DE COMO LLEGO A MI VIDA LA BEAUVOIR O SOBRE EL CUERPO DOLIENTE AL CUERPO GOZOSO.

DIANA MARINA NERI ARRIAGA.

Los temas sobre el cuerpo siempre me han apasionado y como cualquier niña, las primeras observaciones que hice fueron a partir de “mi misma”. Debo compartir que no tengo un cuerpo estereotipo de acuerdo a los cánones sociales, y esta trampa me permitió estar enclaustrada en los temores del rechazo, de mirarme “con asco” ante el espejo y decir una y otra vez: ¿por qué a mí? pero al mismo tiempo “esa condición” me permitió cavilar largamente y en lugar de jugar y acariciar a las “barbies dotadas de poderes mágicos por estar delgadas” mejor, todo lo escribía en un reluciente cuadernillo forrado por muchos cuerpos de hombres y mujeres entrelazados donde frenética anotaba: ¿con que criterios se cataloga que un cuerpo es bello o feo? ¿Quién coloca estos cánones estéticos? ¿Soy bonita por el mero hecho de “tener” un cuerpo delgado? ¿Por qué particularmente las mujeres hemos de estar preocupadas por “agradar” a los otros a partir de nuestra apariencia física? Y de ahí pase a reflexiones más prácticas: ¿Qué le pasa a mi cuerpo que a diferencia de los otros, se acumula rápidamente más grasa? ¿Tendré cuarenta años y pesaré cien kilos?

Estas divagaciones se acentuaron cuando entre a la secundaria y los cuerpos de mis compañeras crecían ya algunas de ellas con sus voluptuosidades y con el volumen, también nuestras inquietudes, miedos y despistes. Para colmo era muy, pero muy enamoradiza y con una clásica historia amarilla, es decir, sin príncipes ni besos de cuento, sino sólo una chica “llenita” con muchos granitos y amplia sonrisa. Pero eso sí, muy preguntona.

Debido a ese masoquismo adolescente, busque refugiarme en predicciones fatales y llegar a importantes conclusiones tipo tragedias de Juan Gabriel de... “yo no nací para amar” y otras parafernalias mediáticas. Sin embargo en tercero de secundaria a través de una profesora de Biología de rostro adusto pero ojos chispeantes soltó una predicción única: “Jóvenes para entender por que somos obesos es necesario que no sólo hablemos de las adiposidades (término muy dominguero para mí en aquel tiempo) sino entendamos las bases neuronales y las variaciones genéticas que predisponen a una persona a alimentarse de más”.

Atónita, pregunte: -¿La gordura está en mi cerebro maestra?

A lo que congraciada contesto: -Sí Diana, apenas hay algunos estudios gringos por ahora, pero mejor preocúpate por cerrar la boca y pensar más.

Ante las risas burlonas de los compañeros vino la revelación de mi vida: ¿Por qué estoy tan preocupada en como veo físicamente y mejor de manera sencilla cierro al cerebro ante las criticas y abro la boca para compartir las experiencias, los enojos ante está situación? Fue así como llegue a través de un búsqueda desesperada a los quince años, a la Simone de Beauvoir y el “Segundo sexo”, donde particularmente y a través de los estudios culturales de la época, pero sobre todo con la reflexión filosófica, me enseño: La mujer no nace, se hace.

Aún sigo luchando con una que otra dieta y leyendo artículos sobre “comer bien para vivir mejor”, pero aún con más ahínco, leo y comparto ideas sobre el placer, el goce, y la maravillosa posibilidad de saberse en un territorio donde comienzan mis primeras batallas, y tal como dice Bergson: "Nuestro cuerpo es un instrumento de acción", una trinchera abierta y pensante, que más allá de medidas y pesos, gustos y desagrados que en la alteridad se juegan, éste se sabe cuerpo, “res extensa”, “res cogitans”, en fin, se sabe cuerpo de vida.



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