Las brujas que somos

Las brujas que somos
La vida está en gran parte compuesta por sueños. Hay que unirlos a la acción: Anaís Nin

domingo, 25 de abril de 2010

sobre mis faltas...


¿De veras estamos completos?




En realidad mi cuerpo no tiene vestigios de completitud y mis oquedades me lo demuestran, de mis oídos, culo, boca, vagina y ojos entran y salen cuerpos, objetos, líquidos y huellas que hablan de mi falta, de no entender donde termina mi cuerpo y empieza el otro, ¿qué tan unida estoy a lo que en un breve momento en el espacio habita? (no en sentido de pertenencia, sino de un equilibrio complejo de explicar) ¿hasta donde sé que la puntita la llama de los dedos es mi límite? ¿No somos en ocasiones masas multiformes que tienen cierta coherencia, cierto andamiaje, sólo cuando entran en contacto con otros ojos, bocas… faltas?
Somos un proyecto, apenas un cristal que no tiene fondo.
Probablemente hay búsqueda, pero esta no es para hallar nada, para poseer nada, ni siquiera para sentirse parte de algo o alguien, sino solo la confirmación de la orfandad, ese estado de angustia existencial que nos aclara nuestra condición de finitud, de intrascendencia, de ese dolor que conforma el deseo.
Pero por favor, no vendamos simulacros de dolor de telenovela, no es el dolor de la caída del cabello o de la sangre en el dedo, sino hablo de ese dolor/estructura con el que se goza (en el sentido amplio del término) Ahora mismo, por ejemplo, soy o por lo menos un pedazo de mí es una llaga que deliciosamente se pudre en el contacto.
Hoy, me sé como una persona incompleta, inacabada, trazada apenas en el escupitajo de una obra que sea crea/recrea constantemente; o más allá de esto, se transforma a cada ratito, pues como dijese el Borges…”Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones”, es decir, me renuevo y deconstruyo, y no sé, no entiendo cómo podría hacerse esto siendo “completo/ta” precisamente esa falta que está en la estructura de mi ser es la que me conduce al deseo.
Y reitero: Este deseo no un deposito que espera ser llenado, ¡para nada! Y tal vez lo máximo que puede suceder es que esos otros/as en falta como yo, acompañen la ilusión de medio minuto de no “creerse en falta” paradigma importante de la modernidad, pues estamos en una insistencia de completitud, de creernos maravillosos en el secreto de nuestro todo. Uy, pero el medio minuto, se pierde rápido.
Insisto mi incompletitud no requiere complemento, llenado, posesión, seguridad, ¡no! No busco certezas o medias naranjas, mi incompletutud se regocija en su falta, no busca, no encuentra, se despliega y al final no obtiene (no le interesa) las recompensas.
Y probablemente sí, sea una persona completa que se siente incompleta.
Pero esta no es mi voz, es el reducto de mi vulva quien toma estas manos y teclea.

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