Las brujas que somos

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La vida está en gran parte compuesta por sueños. Hay que unirlos a la acción: Anaís Nin

lunes, 28 de febrero de 2011

Las mujeres también eyaculan




Por Miren Ayesa
VITORIA-GASTEIZ, PAÍS VASCO- En el siglo XXI el cuerpo de la mujer, y su sexualidad, continúa siendo un tabú y por lo tanto, un misterio para la ciencia.

Existen poco estudios serios sobre la eyaculación femenina y aún hoy, los científicos continúan con sus debates sobre el tema, mientras que algunas científicas eyaculan en la cara de sus amantes.
En 1950 Ernst Gräfenberg quiso demostrar la presencia de una área, llamada hoy en día punto G, cuya estimulación podría provocar la emisión de un fluido diferente al flujo vaginal. Tras décadas de silencio, en los años 80 volvió a retomarse el tema y se demostró que la eyaculación femenina responde a una cantidad de glándulas uretrales, parauletrales y las de Skene, llamada a su conjunto “próstata femenina”, y que drenan una cantidad de líquido a la uretra durante las contracciones orgásmicas.
Cuando una mujer se excita, las glándulas se llenan de líquido, y como en el orgasmo, la pelvis se contrae apretando diferentes órganos. Así, dependiendo de cada mujer, puede surgir un líquido lechoso de la vagina. Éste puede expulsarse pero también puede ser dirigido hacia la vejiga, (eyaculación retrógrada).

Las mujeres a las que les ha ocurrido dicen que es una sensación parecida a la de orinar. De hecho, la cantidad suele ser poca, pero si el orgasmo se prolonga provocando contracciones vaginales, puede segregar una cantidad mayor, ya que las glándulas tienen una gran capacidad de vaciarse y llenarse.

Entre los estudios más recientes sobre el tema está el realizado por la Florida State University, en el que se dice que el 82% de las mujeres declararon haber experimentado una liberación de fluido vaginal en el momento del orgasmo.
Estas glándulas no son iguales en todas las mujeres, por lo que algunas mujeres no pueden experimentar esta segregación. Las causas pueden ser físicas, pero también psicológicas, como por ejemplo, el miedo o vergüenza a producir demasiada humedad puede hacer que no se acumule suficiente líquido.

Las mujeres de glándula parauretral grande y las que se liberan sexualmente, se pueden “correr” a gusto porque las glándulas de Skene se relajan y expulsan todo lo que han ido acumulando. De todas maneras, cada persona es única y por lo tanto, segregará sustancia o no.
Como conseguirlo
Para empezar, se recomienda ejercitar los músculos de la pelvis para tener un mayor control sobre el cuerpo, y así poder eyacular más fácilmente. Si se abre y cierra la musculatura de la vagina a la hora de las contracciones del orgasmos, se facilitará la salida del líquido.

Normalmente se asocia la eyaculación femenina con el punto G, y aunque estimulándolo se puede llegar a conseguir, también se puede producir estimulando el clítoris o cualquier otro punto del cuerpo con el que se pueda llegar al orgasmo.



Así, algunas mujeres llegan a eyacular mediante la estimulación de la zona G, situada en la pared anterior de la vagina y que se puede presionar con la falange del dedo.





Es importante recalcar, que muchas mujeres en estado de excitación han tenido la sensación de tener ganas de orinar, y por lo tanto, han cortado esa estimulación, perdiendo así esa sensación. Cuando esto pase, es bueno relajarse y continuar, porque probablemente no se trate de orina, sino de una eyaculación.

Aristóteles ya habló de esta sustancia, e incluso Freud le llamó “Jugo de amor”, causante, según él, de la “histeria femenina”.
Hasta ahora no se ha comenzado a estudiar la eyaculación femenina seriamente y poco se sabe de su función. La ignorancia o la despreocupación ha llevado incluso a que algunas mujeres se hayan operado pensado que tenían perdidas de orina.



Aunque parezca mentira, la ciencia y sobre todo la medicina, continúan investigando en numerosas ocasiones sin tener en cuenta a las mujeres. A veces parece que el placer, sobre todo femenino, continua siendo algo causado por la “histeria”, relegando así el sexo a la función meramente reproductiva.







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