Las brujas que somos

Las brujas que somos
La vida está en gran parte compuesta por sueños. Hay que unirlos a la acción: Anaís Nin

viernes, 19 de agosto de 2011

UN ACTO DE COHERENCIA: RENUNCIA COMO JEFA DE MATERIA DE LA ACADEMIA DE FILOSOFÍA, PLANTEL 10



El hombre más peligroso para cualquier gobierno es el hombre que tiene la habilidad
de pensar las cosas por sí mismo, sin que le importen las supersticiones o tabúes.
Henry-Louis Mencken.

A quien corresponda:
(Es decir a todos los involucrados en el Colegio de Bachilleres)

PROFRA. DIANA MARINA NERI ARRIAGA.[1]

Pareciera –dice Eduardo Galeano- que de la inmensa lista de derechos humanos, los efectivos y realizables son los de oír, ver y callar,  dado que estamos en un mundo globalizado donde se rinde honor al poder y al control elegante sobre el pensamiento, de ahí que apela -nuestro autor- al derecho a soñar, y agrego para el asunto que hoy me ocupa, el derecho a disentir.

La historia de Colegio de Bachilleres sigue la ruta de otras tantas instituciones educativas y por supuesto que en el contexto nacional obedece también a diversos intereses.[2] En este sentido, de unas semanas para acá se han tomado una serie de decisiones que desestabiliza de manera importante la dignidad y el respeto hacia nuestro trabajo.

Son muchísimos los datos sobre los que se pueden abundar, pero para el tintero basta recordar las dinámicas de emergencia a la que se nos somete desde el área central en términos de peticiones, los cambios de opinión y diversas contradicciones entre funcionarios de diversos planos del colegio,  la falta de planeación para la ejecución de proyectos y los ajustes de última hora que pretender ahora tratar a los profesores no como seres humanos, sino como meros recursos que pueden ser intercambiables, sustituidos, desplazados… desechables.

¿Quién provoco el desfalco financiero? Los profesores no, sin embargo son a los que se les pasa la factura.

Se habla de un exceso de contrataciones  que repercute en un sobrante de 600 profesores en los veinte planteles además de un sin fin de horas de actividad académica no aprovechadas adecuadamente. ¿Es éticamente posible que para pretender remediar dichas situaciones se destituya profesores de tiempo determinado e interinos y a los de base se les cargue un horario con más de 16 grupos por ejemplo de dos horas, atendiendo en consecuencia a más de 700 estudiantes? 

Posible por supuesto, ético de ningún modo. 

 ¿Cómo explicarle a un profesor que se le despide porque no tiene compromiso laboral si fue contratado en el 2009 en lugar de recordarle las bonanzas de la reforma que precisamente se implementa desde tal fecha? ¿No se supone que con la reforma la promesa incluía el aumento de horas en donde se podía lograr hasta 40? ¿Pero ahora qué decirle a un profesor que se encuentra contratado por 30 horas y que solía trabajar 9 grupos y cuando de pronto por economía se le convierten en 15?  

¿Cómo garantizar que sea logrado el aprendizaje significativo basado en un enfoque de competencias cuando precisamente gracias a la reforma se suprime una hora de materia de trabajo (particularmente en área de humanidades y ciencias sociales ¿mera coincidencia?) y con ejes temáticos ambiciosos se pretende que en dos horas frente a grupo se logre una efectiva incidencia académica?

¿Y que pasaron con los acuerdos que la dirección general del Colegio de Bachilleres sostuvo con el observatorio filosófico en términos de respetar el área de humanidades e incorporar una asignatura filosófica, acuerdos tales que se desprendieron de la firma de la subsecretaria de educación con el observatorio y que se respalda en los acuerdos secretariales 484 y 488? 

La respuesta es sólo la asignatura de CULTURA MEXICANA Y SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO, que de filosofía no tiene nada y en donde muchos planteles ni siquiera se abre, además y si esto sucede, en algunos casos se ofertará para la academia de Ciencias Sociales.

Ahora bien, con el recorte de horas que no es responsabilidad del profesor (de nueva cuenta el ejemplo de filosofía en primer y segundo semestre) y convirtiéndose ahora en actividad académica (para la cual no ha exisitido un proyecto sólido de trabajo) se imponen funciones y acciones que no se consensan, como la indicación de saturarlo de grupos o hacerlo participe de un proyecto que éste no decide.

El poder, como un hedor desolador, contamina cualquier cosa que toca, y la obediencia, enemiga de toda genialidad, virtud, libertad, verdad, hace esclavos de los hombres, y, del cuerpo humano, un autómata mecanizado.
      Percy Bysshe Shelley
  
Por otra parte, los jefes de materia somos estoicos peones que bajo el argumento de tener un puesto de confianza  somos colocados en un tablero donde las piezas se juegan a discreción y de acuerdo a la administración central en turno se responde a las actividades inherentes a la institución, de ahí que nuestra labor va desde cuidar la puerta, correr a los porros, supervisar pasillos, fungir como prefecto, profesor sustituto, organizador de eventos, repartidor de citatorios, edecán o maestro de ceremonias, hasta ser un IBM de alto nivel que entre la vorágine administrativa y la política de pasillos se aleja cada vez más del quid de nuestra función: el quehacer académico.

Y es cierto, lo dijeron muy claro desde el principio, aquí no hay horarios, ni descansos, estamos al servicio de la institución  y en pro de su beneficio gira el trabajo; sin embargo no entendí la cláusula entre líneas de “obediencia suprema” y sea cual sea la línea, es necesario acatarla. Las autoridades no se equivocan y si lo hacen, no resulta de importancia los errores  -nosotros- las autoridades intermedias debemos asumirlas, y siendo jefes de otros, siempre saber decir: Si señor, está bien, elemento fundamental para que la maquinaria de la estructura funcione en el status quo.

Sin embargo, los compromisos no son con las instituciones pues estas son entidades abstractas creadas ideológicamente para determinados fines; los proyectos y compromisos son con las personas y cuando a ellas se les vulnera sus derechos, no se respeta su trabajo y se le impone un modo univoco de actuar, entonces es momento de disentir. No seré farisaica, mejor como modo de protesta RENUNCIO COMO ENCARGADA DE LA ACADEMIA DE FILOSOFÍA. No quiero de ningún modo con la actuación profesional convalidar lo que no estoy de acuerdo.

El proceso de implementación de la reforma educativa para el nivel medio superior, ha sido sinuoso y sin duda nació con un gravísimo problema: La falta de consenso, la ausencia de participación de los profesores para conformar desde la base una propuesta sólida que repercutiera en directo beneficio de nuestros estudiantes, y por el contrario la directriz vertical ha ocasionado hasta el día de hoy, descontentos y en muchos casos apatía en diversos modos de participación.  Dicha desazón se muestra en el ejercicio cotidiano, la falta de entusiasmo para el trabajo colaborativo, etc., por ello es de vital importancia repensar los modos de organización y toma de decisiones.

De ahí que las transformaciones pueden hacerse desde los diversos campos de la vida cotidiana, incluyendo por supuesto el laboral; no es posible sólo formar parte del engranaje y acomodarnos silentes en nuestro papel en la historia. Ojala y desde la trinchera de nuestro ámbito reflexionemos sobre las potencialidades de nuestro ejercicio y logremos subvertir la inercia de obedecer sin pensar, criticar sin proponer, vociferar sin actuar.

No se trata de la conjugación retórica de verbos sino de la toma de decisiones que sobre todo en nuestro campo docente, resulta prioritario y siempre vigente.

Que no dice la misión del colegio de Bachilleres que nuestra esencia son los estudiantes. ¿Estamos siendo coherentes con ello?

Esta es una invitación al trabajo colectivo, a replantear los modos de  imposición en los que está anclado el Colegio de Bachilleres y que con nuestro mutismo  o mero enojo se fortalece.

Agradezco profundamente a los compañeros profesores(as) de la academia de filosofía del plantel 10 Aeropuerto, a los colegas jefes de materia que en azarosas discusiones encontramos nuestro vértice de encuentro, a los compañeros jefes de materia del propio plantel y por supuesto al Director y subdirector del mismo quienes no  ejercieron jamás represión contra mi  persona y que seguramente como autoridades miraran las espinas, pero como personas prestaran la escucha.

Alguna vez el Director del plantel dijo: “Los jefes de materia hacen revoluciones con los profesores, los profesores con sus estudiantes” A trabajar pues, que el camino es azaroso y apenas lo andamos.

Dialoguemos, consensemos y propongamos en consecuencia… Ojala las jerarquías como estructuras no tengan el desprecio como destino y la sordera como vocación, pero y sí es así entonces será al modo de Paulo Freire que niega que sea en la resignación donde nos afirmamos, sino más bien en la rebeldía frente a las injusticias. Momento pues de afirmarse.

Si supones que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza.
Si supones que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de
cambiar las cosas.
Noam Chomsky.



[1] Ex jefa de materia de la academia de Filosofía. Profesora del plantel 10 Aeropuerto. Documento a título personal que no enarbola movimiento social, “encubre” sectarismos ideológicos o tiene las manos del sindicato. Por aquello de alguna paranoia.
[2] En México "se nos está yendo de las manos el bono demográfico", ya que 19 millones 275 mil 600 jóvenes entre 15 y 29 años carecen de bachillerato, lo cual les impide acceder a empleos con mejores salarios y tener estabilidad laboral, según el Panorama educativo de México, elaborado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).
Pese al rezago, y a que en este nivel 16 de cada 100 alumnos desertan entre un ciclo y otro, el gasto educativo público por alumno como proporción del producto interno bruto (PIB) per cápita registró una caída de casi nueve puntos en la década reciente. Y es que de la generación de jóvenes de 15 a 17 años que ingresó hace tres años a preparatoria, un millón 872 mil abandonaron la escuela, lo que representa 48 por ciento del total de la matrícula, que fue de 3 millones 923 mil 822 alumnos. La tasa de deserción nacional se ubicó en 16.3 por ciento. Sin embargo, para los profesionales técnicos del Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep), la cifra aumentó a 25.7 por ciento, en tanto para el bachillerato tecnológico fue de 17 por ciento, y para el general de 14.7 por ciento. Las entidades donde se documenta mayor abandono escolar fueron el Distrito Federal (23 por ciento), Sonora (22.5 por ciento), Nuevo León (21 por ciento), Coahuila (19 por ciento), Michoacán (19.6 por ciento) y Morelos (19 por ciento)  En periódico La Jornada Martes 9 de agosto de 2011, p. 39 http://www.jornada.unam.mx/2011/08/09/sociedad/039n1soc

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