Las brujas que somos

Las brujas que somos
La vida está en gran parte compuesta por sueños. Hay que unirlos a la acción: Anaís Nin

sábado, 29 de abril de 2017

Tres películas: Diferentes formas de ver cine y arrancar la tristeza pegada a la piel.

Tres historias muy distintas, absolutamente dispares, pero que esta semana me han dejado con reflexiones abiertas y muchos suspiros que aspiran a comprender un poquito de los pliegues de los mundos.
En las primeras dos películas, mujeres que tienes que lidiar con su contexto juvenil y militar respectivamente, y que desde su narrativa sobreviven a la hostilidad de un mundo patriarcal que siempre acecha. En la primera hay canibalismo, en la segunda una paradójica amistad.

En “Voraz” (Grave/Raw, 2016) Justine no es depredadora prototípica, la compa directora Julia Ducournau es cuidadosa y sobria. En Camp X-Ray (Campo de Rayos X o Atrapada en Guantanamo, 2014), Peter Sattler, no nos muestra a una Amy Cole sádica que termina como los “otros” (sus colegas) tratando al semejante (¿será acaso un semejante?) como basura, e intenta todo el tiempo (aunque no sé qué tanto lo haya logrado) salir del maniqueísmo melodramático.




Me causan pasmo los escenarios: No es una escuela para estudiar veterinaria sino otro reducto de violencia normalizada que se pone el traje de adaptación.  

Tampoco es una cárcel sino un campo de concentración, además un infierno que nos deja muy clara la metáfora del mito del sisífo.




Rituales de paso que te pretenden convertir a las mujeres en lo que un sistema quiere de ellas. En ambos casos, ese intento fracasa.

En la primera hay sangre (aunque no demasiada) y una excelente metáfora de iniciación sexual, en Camp un ambiente de desolación que deja tristeza pegada en la piel.

Ambas mujeres buscan su identidad: una de ellas se une de interesante forma con su hermana mayor, en la otra, se establece una peculiar relación amistosa, que nos permite saber de la alteridad en otra de sus tremendas formas.

Justin le da fuerza a su momento, sus pelitos en las axilas, su frenesí, su ética, nos coloca frente a una pieza compleja y estéticamente brillante.

Amy Cole abandona la ronda de vigilancia en el sentido del pasmoso rutinario y se atreve a mirar a Ali, no como un supuesto terrorista, no como el malo, sino descubre a un humano que busca desesperadamente leer el último tomo de la saga de Harry Potter.

“Voraz” (Grave/Raw) y Camp X-Ray (Atrapada en Guantanamo), me ha permitido aprender, empatizar, me han enseñado (otra vez) a indignarme.

No hablaré por el momento de la tercera, “Guardianes de la Galaxia” seguramente esto ya se hace a raudales, pero me ayudo en un viernes cansadisisimo a reír, a saberme Groot y ahora también Mantís, a escuchar música que me encanta y entender la fortaleza de la amistad, la importancia de matar simbólicamente del padre y reconocer a nuestras madres.

Si quieren fortalecer su vida de adentro, que enseña a mirar distinto su vida de afuera. Vean cine, vivan cine.





DIANA MARINA NERI ARRIAGA. 

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