En un domingo en el metro de la Ciudad de México me voy a poner un poquito metafísica.
Agradezco profundamente a la vida y a la buena toma de decisiones (qué es también, consecuencia de un trabajo de sentipensar de muchos años, y que reconozco se ha vuelto un privilegio) por encontrar y tejer afectos muy intensos y de largo plazo con personas que en reciprocidad me valoran y respetan, de una manera profundamente tierna.
Como ustedes saben yo no le apuesto al amor como un masacote unívoco que acomode todos los afectos, esto sería injusto e imposible, por toda la carga tremenda de idealización y expectativas que conlleva.
Más bien prefiero pensar en la amorosidad como un caleidoscopio que se siente y expresa desde diversos lugares y emociones específicos, Y que además lleva múltiples apellidos que son más que sustantivos.
Y todos estas afirmaciones me quieren llevar a decir que en las últimas semanas, he recibido unos obsequios de libros, profundamente atinados para mi momento actual, es tan chulo que conozcan a una y que intuyan exactamente lo que estoy urgida de leer. Estoy tan encorazonada.
Gracias Guadalupe, Gracias Israel. Esos libros que se traducen en atenciones y cuidados me dan alegría en medio de tantas dificultades. Y bueno no es solo se trata de libros
, sino su accionar cotidiano, es la llama 
intensa que arde en mi vida.



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