Las brujas que somos

Las brujas que somos
La vida está en gran parte compuesta por sueños. Hay que unirlos a la acción: Anaís Nin

martes, 18 de marzo de 2008

EL POLIAMOR COMO NUEVA POSIBILIDAD DE ACCIÓN Y RESISTENCIA EN LOS CAMINOS DE LA DIFERENCIA


EL ‘POLIAMOR’ COMO NUEVA POSIBILIDAD DE ACCIÓN Y RESISTENCIA EN LOS CAMINOS DE LA DIFERENCIA

DIANA MARINA NERI ARRIAGA.


Por un amor me desvelo y vivo apasionado,
tengo un amor
en mi vida dejó para siempre amargo dolor.
Pobre de mí, esta vida mejor que se acabe,
no es para mí, pobre de mí (ay corazón)
pobre de mi (no sufras más)
cuanto sufre mi pecho que late, tan sólo por ti.
Por un amor,
he llorado gotitas de sangre del corazón,
me has dejado con el alma herida, sin compasión.
Pobre de mí....[1]


Resumen. El amor es: miles de sensaciones, significaciones, canciones y malentendidos. No hay palabra, mas significativa como insignificante que el amor. El sentimiento universal que despierta el “Estar enamorado” dista de las construciones sociales en las que occidente basa el “amor”. Constitutiva de nuestra sociedad, decir “te amo” ha dejado de implicar un sacrificio corporal y emocional y se ha empaquetado, se ha vuelto parte de la alineación, sin embargo hay otros modos de relacionarnos en planos de libertad, donde nos despojamos de las mascaras sociales y nos abirmos en nuestra finitud ante el otro, una posiblidad es el poliamor (La no monogamia responsable) y todas las implicaciones del amor libertario, donde las relaciones se llevan a cabo a partir del consenso, la colectividad, la equidad, horizontalidad y sobre todo los caminos de la honestidad.

Palabras clave: Amor, libertad, Alienación, reificación, poliamor, consenso, horizontalidad, equidad, honestidad.


Carajo! Amor, nos viniste a joder nuestra vida racional en el universo.
¿Qué es el amor: éxtasis, posibilidad, sensibilidad, voluntad, o toda entidad óntica que constituye al ser humano?
A veces parece que el amor es un amplísimo cuarto vacío donde dos desconocidos se vuelcan, donde la pasión o la búsqueda frenética de reflejarse en algún otro, se apodera de los sentidos y tales sujetos se violentan en la soledad, sin preguntarse sus nombres, sin pasado, sin querer mirar al futuro para así evitar el tedio.
¿Será el amor al estilo de aquella magnifica película filmada en 1973 donde a la hermosa Maria Schneider le entra por el culo lleno de mantequilla, todo su presente, toda la palabra que quiere saber a palpo de amor, toda la fuerza de un sombrío Marlon Brando que pretende intoxicarse de una sombra velluda que sabe a libertad pero que no cabe en ese encuentro que pretende ser amoroso?[2]

¿Amor y libertad, son dos categorías que pueden estar abrazadas, que pueden convivir sin riesgo de ser sanguijuelas que busquen total independencia?
Tal vez las palabras “amor” y “libertad” sean los dos vocablos más prostituidos, mistificados, fingidos y alterados en nuestra sociedad.

¿Que le pasaba a Meryl Streep en los puentes de Madison cuando tuvo que renunciar a Clint Eastwood? pues estaba en el dilema de continuar con su vida familiar en el campo del amor de lo cotidiano o “ser libre” con un viajero fotógrafo que masticaba al amor con otras alas.
¿Podríamos mirar al amor a través de Los puentes de Madison, o los amantes de circulo polar[3], o la película mexicana Demasiado amor[4], o la obra francesa de los amantes del siglo[5], el último tango en Paris o la hermosa pieza argentina el lado oscuro del corazón[6], donde el común denominador de tales cintas es la tragedia que por diversas razones siempre separa a los amantes y pone al descubierto el difícil enhebrar del amor y la libertad?

El amor, puede mirarse desde diferentes ópticas y tradiciones, desde la filosofía hasta las diferentes caras del arte, pasando por la antropología o el psicoanálisis, pero en toda disciplina se coincide que como dijese el español Ortega y Gasset, “los hombres más capaces de pensar sobre el amor son lo que menos han vivido, y los que lo han vivido suelen ser incapaces de meditar sobre él”, por lo que en el presente documento sin meternos en agudas cavernas solo intentaremos discernirlo brevemente a través del modo occidental de cómo nos han enseñado a amar y que va más allá de lo señalado por Erich Fromm, quien expone que el amor es:
(…) un arte que como tal requiere ser practicado, a él hay que consagrar tiempo y esfuerzos, de forma que uno pueda encontrarse a sí mismo y poder amar, de forma que se supere el fetichismo que nos reduce a las personas y a sus características en mercancías, las relaciones en consumismo.[7]

¿Pero es cierto que al amar, rompemos dichas relaciones de consumo, dejamos de estar “reificados” al supuestamente “soltar la alineación”? o ¿no será más bien que el amor dicho en este sentido, -se trata sencillamente- ya de un anacronismo?

Sabemos que nuestra alienación no es sólo económica, sino alcanza todos los planos del sujeto tal y como lo subrayo Carlos Marx en sus Manuscritos sobre Filosofía y Economía de 1844. Al cuerpo, a los sentidos entonces, se les ha vuelto presos, se les mecaniza, lo que implica una nueva forma de colocar al poder en el ámbito disciplina / docilidad, donde se corresponde una relación jerárquica sobre lo que fuese el cuerpo activo, constituyendo una anatomía política que coloca a los poderes como un ejercicio cotidiano que habita nuestros días.

Tales coordenadas políticas se encuentran desarrolladas en el acto amoroso que se ha pretendido y en algunos casos, se institucionalizado: Y hablo de la heteronormatividad, los juegos del activo/pasivo, del matrimonio, la monogamia, los roles del penetrador/penetrado, los caminos del patriarcado, la familia como “núcleo social” etc. En fin, el juego binario del opresor/oprimido, roles que se resignifican y cambian a cada momento, y en donde ya hay una moral “valorada”, un establecimiento del nexo de conexión de “unos sobre los otros” y “los otros sobre los unos”, por que sin duda, no hay que perder de vista que de acuerdo a Michael Foucault en las:
(…) relaciones de poder, se encuentra uno ante fenómenos complejos que no obedecen a la forma hegeliana de la dialéctica, siendo claro que uno de los puntos de expansión del poder es precisamente lo corporal, “...El poder se ha introducido en el cuerpo, se encuentra expuesto en el cuerpo mismo.[8]

Por ello al amor se la ha domesticado como parte del paradigma mediático, donde se opta por el canibalismo del fragmento; de ahí que nos volvamos adictos a la descomposición/recomposición corporal que representa un cuerpo contemporáneo, cuerpo inconcluso, pero al mismo tiempo con limites que lo colocan en el flujo inagotable de la producción.

En este amor contemporáneo se juegan así los conceptos de relación, compañía, cariño, apoyo, inercia, rutina que también suplanta a la costumbre, vinculo aleatorio entre dos seres distintos donde se confirma la soledad de cada quien y que se confirma precisamente a través de “estar” acompañado, contar con alguien, es decir a modo de Paúl Auguez, el Amor es “(…) el intercambio de dos fantasías y el contacto de dos egoísmos”[9]
De nada servirá una revolución de ningún tipo o un movimiento social de profunda matriz si no tenemos claro y más allá de esto, si no podemos superar la alienación que además pervive en cada uno de nosotros. Nos pretenden saturar el cuerpo, fragmentarlo y venderlo a los mejores postores del mercado, un gadget, una ideología de lo consumible, como dijese Raoul Vanengein: “Romperemos todas las porcelanas del mundo para transformar la vida. Amáis demasiado a las cosas y demasiado poco a los hombres…Amáis demasiado a los hombres como cosas y no lo suficiente al hombre”[10] Y lo más grave aún, en algunos es claro ese consentir del capitalismo de consumo.

El mayo francés rezaba en una de sus lúdicas consignas: “¡Mata al policía que hay en ti!”, pero esto, hoy no es suficiente, antes debemos matar el hombre civilizado, domesticado, reificado que habita en nosotros como una pesada carga o como un cómodo subvenir.

El amor como elemento vital de la cultura, brota –desde este contexto- a partir de la idea de posesión, propiedad privada y de “un tener a un otro” para ser y estar; este es el triste modo en que nos han enseñado amar: la presa del otro ante nuestras ciernes, por ende, es muy común parafrasear de mil modos, el rezo popular que cantara uno de los arquetipos del patriarca, Jorge Negrete que dice: “Me he de comer esa tuna, aunque me espine la mano”.

Siguiendo a Fromm, vivir el amor posesivamente, de la forma del “Tener” (contraria a la forma empática de “Ser”), tal y como nos lo han enseñado, implica “encerrar, aprisionar y dominar el objeto ‘amado”, que es así cosificado (vuelto cosa, sujeto de posesión). Esta forma anti-libre convierte el supuesto ‘amor’ en algo “sofocante, debilitador, mortal, no dador de vida”, de tal forma diría -nuestro autor- que “(…) lo que la gente llama amor la mayoría de las veces es un mal uso de la palabra, para ocultar que en realidad no se ama”.[11]
Además como una lógica del orden social que se impuso sobre la naturaleza de los instintos, los siglos XVIII y XIX -son fundamentales- en cuanto a la organización de los deseos; por ejemplo se “legaliza” el matrimonio como —principio de la reproducción— de desarrollo económico y creencia religiosa.
La pareja como base del matrimonio, tiene razones históricas ligadas a cuestiones económicas como el carácter hereditario de la propiedad privada. Así, el Estado se ha encargado de darle forma jurídica y junto con el catolicismo y otras creencias religiosas defienden su constitución como única forma de organización de la familia. Para amar entonces en la continuidad de este lazo social, hay que “formalizar” a través del matrimonio y formar en consecuencia “una bonita familia” ¡OH, que terrible ironía!

El resultado ideológico implica entonces la “búsqueda” de la cenicienta y príncipe azul, mediante el cual se expresa la preferencia cultural por un emparejamiento asimétrico, donde el masculino es “natural” y socialmente superior a la mujer en alguna medida o grado visible –dígase- por la edad, el nivel de estudios o ingresos, estatus, la clase social, el modo de ejercer el poder, etc., lo que el matrimonio supone en consecuencia para la mujer una magnifica oportunidad de “ascenso social”.

Que pena que nos cobijemos en esta forma de amar para “cómodamente” para darle “sentido a nuestra vida”, y creer que así establecemos “relaciones para toda la vida” que nos permiten ocultar la dependencia y el querer aferrarse a alguien que, cosificándolo, es así convertido e interpretado como la anhelada mercancía que nos libre de la agonía de la soledad, “un seguro de sexo y compañía de por vida” y algo con lo que afrontar la temida vejez preparatoria de la no asimilada muerte.
Por ello el amor y la libertad, suenan ajenos y distantes a través de los caminos ya trazados del amor cosificado y alienado. Por lo que abrirnos esta importante interrogante: ¿Podríamos vivir, amar de otra forma? ¿Podemos amar y ser libres, es decir, proclamar, el amor libertario?
En el mismo desarrollo histórico[12] del que hablábamos, también hay insertas, otras posibilidades de mirar y estar frente al otro, donde la alteridad es constitutivo esencial del sujeto, es decir “yo soy el otro” como dijera Octavio Paz en el Arco y la Lira.

El amor necesita quebrantar la ley del mundo, y por ende puede provocar escándalo, desorden, transgresión, el amor puede discurrir en una narración que no tiene objeto ni forma, y que si la tuviera seria solamente la del vacío, la del silencio de la copula extática de los amantes; pero estas posibilidades no son posibles a través de las cosas, pues es imposible el dialogo entre estas, pero si entre sujetos que al fluir en la transfiguración del sentido, en el calor de las lenguas que se mueven, pueden hablarse y comunicarse de otra forma, quiero decir, a través de la libertad y la autonomía.
En el intento de desnudar a cada momento, siempre y bajo una nueva circunstancia el poder que nos atraviesa, podríamos atrevernos a romper las estructuras binarias, despojarnos por un momento de los discursos de la parafernalia occidental y hacer también de la perdida de poder un goce, pues ya no se trata de la pura detentación de poder, sino del compartir, del mirarse en el otro, de la colectividad.

¿Qué pasaría si nuestra pareja, no solo fuera el compañero(a) de vida, sino además un delicioso cómplice de nuestros deseos? ¿Qué pasaría si reconociéramos que como seres diversos nuestra capacidad de relación en el amor va más allá de las normativas que implican el “prejuicio” de que es solo posible de enamorarse de una persona? ¿Qué pasaría si me abriera a la desgarradura del viento y con ánimos de pavor que yacen en mis profundas soledades, reconociera que cuando el otro me colma, solo me muestra la desnuda falta? ¿Pudiese entender que en las personas nunca hay un mismo silencio, nunca un mismo tiempo y una misma distancia? ¿y que siempre en el amor quedaran aún... tantas preguntas abiertas, tantas vidas lejanas, pero sobre todo... tantas ganas...?

Con el amor pudiese ahora morir de ganas.... hermosa desesperación que me toca las sienes y me dasgarra el coño, tierno palpitar de escuchar tu voz de gestos y marañas, de fuerza y voluntades, agonía de tenerte y no matarte, morir en la niebla de tu carne.
Tus brazos me alejan de los fantasmas del horror, o más bien, me acercan más a él. Los brazos del amor pueden entonces, extenderse más allá de los limites de los cuerpos y la palabra, puede también instaurarse en nuevas condiciones de posibilidad de los discursos, posibilidades transgresoras y disruptoras en su manera de vivir y vivirse ante y con el otro, los otros.

Y aquí cabe precisamente el POLIAMOR, termino que fue acuñado a finales de la década de los 80s por una sacerdotisa pagana: Morning Glory Zell y que define una gama amplísima de inéditas formas de relacionarse amorosamente con los otros, otras; un proyecto de vida que implica el involucramiento amoroso y sexual con más de una persona, en el respeto de la plena autonomía y libertad del sujeto.
Es sinónimo del poliamor la no monogamia responsable, ética e intencional. [13]

El poliamor es una nueva manera de mirar y estar con el otro/ otra, una nueva forma de entender la convivencialidad, es decir, el desarrollo de comprender en un primer momento, nuestra capacidad de amar y compartir con más de una persona a la vez, y posteriormente de vivir estas relaciones amorosas en un plano de honestidad, autonomía, equidad y libertad, premisas básicas de vivir estas extremaduras en el amor. Este concepto toma forma en las relaciones que conocemos como parejas o matrimonios abiertos, redes íntimas, polifidelidad, triadas, entre otros.

¿Fabulosa utopía? Sencillamente arriesgue, apuesta a desparramar la vida, posibilidad latente de vomitarnos en y con los otros, con nuestras faltas que saborean éxtasis, con nuevas habitaciones del sin sentido que tocan las ventanas abiertas, que palpan un nuevo desbarato a la desesperanza.

La concepción del otro y su pleno reconocimiento que implica un nuevo respeto al sujeto, es indispensable para la vida poliamorosa, por ello subvertimos las relaciones de doble moral, de mentira, de engaño a la que están tan acostumbradas las sociedades actuales, precisamente América latina se ha distinguido por la doble moral —que significa tener familias alternas a la oficial— donde el varón domina la escena sexual, reproductiva y afectiva.
Pero no venimos hoy a vender algún nuevo gadget, no hay panaceas, ni formulas mágicas que nos curen el cielo, con el amor libertario, con lo que hoy hemos llamado “poliamor” también se sangra, se complejizan las relaciones, pero el amor queda en riesgo latente de perder su carácter alienante, siendo que la soberanía de estos amores compartidos, no implican división, sino que va más allá de cualquier ramo de la utilidad, implica un gozo del tiempo actual, que no espera mañanas pero que tampoco se pelea por no construirlos. Gozo que está dado cuando las emociones quiebran el instante de ruptura. Es un más allá de la utilidad porque el humano no tiene hambre de pan o acumulación, sino de quimera. En este amor, en estos amores, el fundamento último es “(...) el sinsentido, que abarca en su estudio no solamente la energía espumeante y en ebullición del universo sino que aborda también la utilización y perdida de recursos realizados por el hombre”.[14]

En este caso, pudiésemos pensar en un ideal tal vez para algunos aún muy lejano, pero que implica afirmar que el amar según lo dicho por Wilhelm von Leibniz consiste en encontrar en la felicidad de otro la propia felicidad, ¿podremos desembarazarnos alguna vez de nuestro profundo egoísmo, ese cáncer que sabe bien germinar tanto que según el maestro Cioran “(…) si uno pudiera completarse con los ojos de los demás, desaparecería al instante”?[15]

La respuesta tiene muchos belfos y múltiples interpretaciones, hoy prefiero vivir en la resistencia, proclamarme en el derecho de saberme y sabernos en las ganas y amores de los otros, más allá de un formulismo de cómo y a quien amar, apostarle con Xavier Villaurrutia a vivir conforme a mis ansias: “...amarte cada vez que tu piel, tu boca busquen mi piel opaca, mi boca dispuesta”, crear un espacio que rebase solo el campo de lo imaginario, sino que efectivamente sea follada por la confianza, la comunicación y por supuesto la honestidad, que tanto enoja a los detentadores típicos de poder, pues con ésta, tenemos relaciones horizontales, colectivas, de consenso, donde todos los involucrados deciden, no necesariamente en conjunto (juntos pero no revueltos) o en un solo momento, pero si respetando a fondo la voz, los sentidos, los mundos que cada uno a dispuesto en la entrega del amor cobijado por su ejercicio de autonomía, donde cuestionamos los modos en que se teje el poder y lo enfrentamos.

Los poliamorosos creemos que las primeras relaciones de poder se tejen desde el ámbito de lo privado, y llegan a lo público a través del patriarcado, de la heterosexualidad obligatoria, de la concepción tradicional de la familia y el matrimonio y la monogamia impuesta, que cuando no son seguidas en tales parámetros, entonces los sujetos disidentes se vuelven objetos de persecución y señalamiento social, por ello, somos rebeldes y disidentes que hemos decidido vivir nuestro proyecto de vida amatoria, de modo distinto a los cánones tradicionales; estamos incidiendo también en la posibilidad de nuevas visiones, nuevos compartires que se resisten, siempre en la diferencia activa a la homogenización cultural y social, que se pretende sobre nuestros cuerpos y corazones.

No será posible luchar en lo público, por una sociedad equitativa, y por el reconocimiento a la diferencia, sino también desde lo privado se discute la organización impuesta en la que se mueven las relaciones amorosas y familiares.

Los poliamorosos tenemos un proyecto lúdico que se inscribe en la carne, y nuestra máxima experiencia es el campo soberano del no-saber, del éxtasis; en la medida en que se ha transgredido el mundo de la razón no es posible saber NADA, la espera se ha resuelto en NADA (como en la muerte), se ha hecho el vacío de pensamiento en el espíritu; nos hemos escindido de la actividad útil, se ha producido el advenimiento del milagro, la fusión del objeto y del sujeto, transfigurándose el sujeto en no-saber y el objeto en lo desconocido; nos alojamos en el plano del sí mismo, un lugar de comunicación entre sujetos.[16] Estamos en el sitio de la conciencia que es una fisura en la indeterminación del ser, en la apertura del ser. Estamos intentando comunicarnos.

Regresamos al cuarto vacío del que en un principio hablábamos pero ahora lo encontramos con esbozos de amores libertarios, proyectos subversivos, necios adictos al éxtasis; sujetos que se comunican en el desdoblamiento, en el vacío, en el delirio. Seres poliamorosos que para colmo, creen firmente en los proyectos horizontales, colectivos, consensuados, equitativos, donde los participantes de esta comuna amorosa juegan a vivir –aún en la contradicción y sin apostarle al didactismo de la panacea, aún en el marasmo de la razón- a la honestidad, autonomía, equidad y el complejísimo concepto de libertad.

El amor es como Don quijote, dice Jacinto Benavente ya que cuando recobra el juicio es que está por morir; por ello los poliamorosos aunque morimos a cada rato también nos volvemos a engendrar en el infinito de ese instante, donde sabemos que el amor es “(…) un sentimiento alegre pero angustiado de una estupidez desmesurada”.[17]

Estúpidos, desmesurados y otra vez, ¡Carajo! Ay Amor, nos viniste a joder nuestra vida racional en el universo. El buen William Shakespeare, tenia razón, el amor es simplemente una locura.

Referencias.
Bibliografía

Bataille Georges, La experiencia interior, Taurus, España, 1989
Cioran, Del inconveniente de haber nacido, Taurus, España, 1989
De la Fuente Lora Gerardo y Flores Farfán Leticia, “El erotismo y la constitución de agentes transformadores”, Tesis de Licenciatura en Filosofía, UNAM, México, 1984
Foucault Michel, Microfísica del poder, La piqueta ediciones, Madrid, 1992
Fromm Erich, El arte de amar, Buenos Aires, Paidos 1968,
Rosa Novalbos Francisco, “Acumulación y gasto: lo trágico en Georges Bataille” Conferencia pronunciada en el XXXVI Congreso de Filósofos Jóvenes celebrado en Madrid, abril de 1999.

Vaneigem Raoul, Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, Anagrama

Referencias filmográficas
Bertolucci Bernardo, El último tango en Paris, Francia, Italia, 1973, 126´, drama

Kurys Diana, Los amantes del siglo, Francia, 1999, 108´, drama.

Mendem Julio, Los amantes del circulo polar, España, 1999, 99´, drama.

Rimoch Ernesto, Demasiado Amor, México, España, 2002, 100´, drama

Subiela Eliseo, El lado oscuro del corazón, Argentina, 2000


Referencias musicales

Parra Gilberto, canción Por un amor, interpretada por Lucha Reyes



[1] Parra Gilberto, canción Por un amor, interpretada por Lucha Reyes
[2] Bertolucci Bernardo, El último tango en Paris, Francia, Italia, 1973, 126´, Drama.
[3] Mendem Julio, Los amantes del circulo polar, España, 1999, 99´, drama.
[4] Rimoch Ernesto, Demasiado Amor, México, España, 2002, 100´, Drama.
[5] Kurys Diana, Los amantes del siglo, Francia, 1999, 108´, drama.
[6] Subiela Eliseo, El lado oscuro del corazón, Argentina
[7] Fromm Erich, El arte de amar, 1968,
[8] Foucault Michel, Microfísica del poder, La piqueta ediciones, Madrid, 1992 p, 104.
[9] Auguez Paúl,
[10] Vaneigem Raoul, Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, Anagrama, p, 286
[11] Fromm Erich, Tener o ser, 1975
[12] También en Europa en el siglo XIX, mientras el Estado institucionalizaba el matrimonio, muchas familias constituidas bajo el modelo tradicional se disgregaron para construir otros modelos de comuna, los cuales rompían los estereotipos matrimoniales: un documento no condiciona el deseo ni siquiera se requiere casarse para la procreación.

[13] Han existido diversas comunidades poliamorosas y comunas, siendo tal vez la más famosa la comunidad de Oneida en el estado de Nueva York a mediados de los años 1800. Sin embargo han sido experiencias aisladas y semi clandestinas por el clima moral prevalente en la época.
[14] De la Fuente Lora Gerardo y Flores Farfán Leticia, “El erotismo y la constitución de agentes transformadores”, Tesis de Licenciatura en Filosofía, UNAM, México, 1984., p, 45.
[15] Cioran, Del inconveniente de haber nacido, Taurus, España, 1989, p, 15.
[16] Rosa Novalbos Francisco, “Acumulación y gasto: lo trágico en Georges Bataille” Conferencia pronunciada en el XXXVI Congreso de Filósofos Jóvenes celebrado en Madrid, abril de 1999.
[17] Bataille Georges, La experiencia interior, Taurus, España, 1989, p,183

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