Las brujas que somos

Las brujas que somos
La vida está en gran parte compuesta por sueños. Hay que unirlos a la acción: Anaís Nin

domingo, 9 de mayo de 2010

Deseo a esa mujer...


Hoy quiero compartir algunas de mis ganas…



En el campo de los ideales afectivos es factible Muchas, muchísimas chaquetitas mentales y te cuento que desde muy chavita he querido encontrar una mujer, de esas bellas y empoderadas que saben con llanto en mano decir si a la vida, y que la reafirmación de su paso la hacen desde muchas trincheras.


Una mujer con la que además pudiera compartir amistad de esa íntima que significa todo, muchos encuentros eróticos de los mil posibles y además muchos, muchos planos diferentes de encuentro y coincidencia de la vida, y que pueden ser desde una peli que a las dos nos lleve a la carcajada, desde acariciar nuestros vellitos y darnos largas chupadas hasta caer exhaustas, o andar corriendo por las calles en las marchas, en la huelga, departiendo activismos, besos y desnudeces.

Una mujer de senos que amamanten posibilidades sin constreñirse o sujetarse, que de lo ella quiera dar, que me pida lo que el universo le alcance, que nos sepamos compañeras.


Una mujer que grite su nombre y cuando lo escuchemos… se escuche el de ella y el mío, pero también se escuche un canto colectivo. Una mujer como esta hada de la que habla el Silvio en la pequeña serenata diurna: “amo a una mujer clara (o morena o trigueña o de cientos de colores) que amo y me ama sin pedir nada —o casi nada, que no es lo mismo pero es igual—.”


¿Mucho pedir? Ufff, un ideal afectivo qué ojala no se quedará en el debraye ansioso. ¿Ideal o posible? Insisto: el deseo es de quien lo trabaja.

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