Las brujas que somos

Las brujas que somos
La vida está en gran parte compuesta por sueños. Hay que unirlos a la acción: Anaís Nin

lunes, 5 de mayo de 2014

La vida secreta de las palabras... las nuestras





Toca ahora a la cuarta película/canción
y poema de ésta noche, tomado de la película: La vida secreta de las palabras, una
cinta profundamente estremecedora:


y un “poema” que escribí hace casi
un año…


¿Muñeca terminal
o egoísta androide?


Estoy formada en la inmensa fila de los que sobreviven a
un duelo  o por lo menos lo intentan.
Mi historia es como la de todos, tal vez un poco más de
rabia, salpicados de un menos nunca y el promedio requerido de lágrimas.
No es la primera vez que conozco la fuerza avasallante de la palabra ADIOS en
la boca del prójimo, en mi boca maltrecha; ni tampoco la primera ocasión en que
oscilo entre negación y la euforia. Sin embargo, es el dolor la huella
permanente que me permite entender que por más que huya  e intente barrer
hasta en los más tremendos huecos, es -la primera vez- que asumo que el dolor
se quedará ahí, entre la memoria y el cuerpo, entre los pies de futuro.
Descripción: http://3.bp.blogspot.com/-uzMRHpNY43g/UenytYiyxII/AAAAAAAABFY/j839yffir5Y/s1600/ATRAPADA.jpg
Me siento como perra herida, con un tumor en la matriz que
no para de sangrar. Y la perra es atrapada por el reflejo, y su tumor se hace
tan grande, que entonces huye de los otrxs para no contagiarlos, para que
aquellas miradas tiernas que sobreviven al hartazgo no sean atrapadas por la
desgarradura.
Y entonces recuerdo como se desvelaba
por verme dormir, y como ahora lo hace por verla a ella, no solo me causa
espanto sino aborrezco la tendencia mundana a la repetición.  
Sí, mi sonrisa ha cambiado y apenas queda una mueca, tengo tetas
ajenas y rostro duro. No por siempre, no por hoy, sino mientras dure este
respiro de rabia y hechizo roto.

¿Muñeca terminal o egoísta androide? Un poco de ambas en lo
que aprendo a dormir y decido salir de la fila, en lo que recobro alguna
inocencia para arrancar las cuchillas de madrugada, entre tanto, escucho
quedito las cenizas de lo que ayer respiraba.  Gracias por éste duelo,
siempre se aprende tanto del germen de la orfandad.



DIANA MARINA NERI ARRIAGA

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