domingo, 30 de diciembre de 2018

No me gusta la navidad

No me gusta la navidad, pero… amo la forma en que mi mamá se ríe cuando a la hora de cantar su letanía, nosotras le decimos: “Ora por donde”. A la hora de arrullar el chavito nacido (sabiendo que también hay otros importantes arquetipos nacidos en la misma fecha) le da un besito tierno y se conmueve, pidiendo (y accionando) por otras personas. La amo.
No me gusta la navidad, pero… es para mi papá todo un acontecimiento. En esta ocasión, preparó “romeritos veganos”, que ya para sus modos es toda una osadía, y aunque se moría de sueño, (la desvelada no es lo suyo) estaba vivaz e intentaba adaptarse a unas hijas y a una ex tan alejado de su victoriano pensamiento.
No me gusta la navidad, pero… no me quiero perder en la vida el modo en que mi hermana chulita, prepara regalos. Es meticulosamente detallista y no pierde oportunidad para compartir, pone la mesa, ambienta el espacio, es generosa es sus procederes.
No me gusta la navidad, pero... siempre esperamos con ansia su comunicación, no nos emociona mucho saberla tan lejos, pero sí tan artista, tan entera. Amamos mucho, muchísimo a nuestra elsita.
No me gusta la navidad, pero… gracias a que nos alejamos de esa familia violenta, ya estamos les cuatro (o cinco) y a nuestro modo, nos organizamos, platicamos y fluimos sin necesidad de responder a dinámicas cargadas de todo eso que no nos gusta e incómoda, pero que durante muchos años en la infancia “tuvimos” que vivir,  pero ya no más. Maravilloso alivio.
No me gusta la navidad, pero… me fascina el momento de preparar la comida, sí esa deliciosa y libre de crueldad que lleva su ratito e involucramiento. Es un acto de arte efímero que implica emociones, técnica, tiempo y una ejecución que se disuelve en el paladar, no sin antes darte un regalo de vida, un agradecer a la mamá tierra por sus bonanzas. ¡ah! Que rico es comer.
No me gusta la navidad, pero… el relajo de los tres compitas perris es alegre y maravilloso. Están muy co-participadores de cualquier movimiento, se resguardan entre nosotras cuando tienen miedo de los jodidos cuetes de los vecinos, están atentos a cada movimiento, a cada abrazo y piden siempre su dosis amorosa, se desvelan, nos acompañan, se sonrojan. Saturno, Luna y Reidar, son parte importante de esta familia.
No me gusta la navidad, pero… me gusta disfrutar de abrazos y acontecimientos. No me significa la fecha, pero sí los buenos deseos, me importan los pretextos que además buscamos, no se formen en el contexto de sólo un año, sino en los movimientos constantes de mostrar afecto. Esas personas me afectan, me construyen, son las que me impulsan a ser un proyecto en cambio. Desde hace años decidí con les compañeres de cariños (es un término bien bonito de Guadalupe) que cada quien viviría las experiencias de estas fechas con quien deseara, sin necesidad de forzar formalidades sociales, lo que me ha llevado, a querer estar siempre con estas personas de sangre, que más allá de los “lazos” son personas favoritas para la vida y consciente y claramente lo he decidido así.
No me gusta la navidad y seguiré en los poquitos días que le quedan en la formalidad a este 2018, con las 25 razones de porque estas fechas socialmente me parecen bastante cuestionables, sin embargo, en el abanico de las decisiones y en esos episodios breves de actos de libertad que cada una de nosotras tenemos, es que me gusta y elijo descansar los días 25 y en pijama vemos pelis, comemos recalentado y le damos más y más amor a los perris.
Sencillez ante la vorágine de acontecimientos que nos rebasan, pero que por un día le doy pausa en mis emociones.
Felices encuentros y paciencia con los desencuentros, que la pauta de la reflexión sea ojalá un pan cotidiano de estos días.
¡Que así sea

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