lunes, 19 de julio de 2010

Biopolítica del clítoris: Análisis de un caso de protección jurídica del placer.


Biopolítica del clítoris: Análisis de un caso de protección jurídica del placer.
Autoras: Matilde de la Iglesia, Mariano Dupont, Leonor Silvestri, Gustavo Melera




Con diferente potencial llegan a la Criminología hombre y mujer. Él delinque por muchedumbre de razones, y de muchas maneras; comete delitos ella siempre por mujer y como mujer. Inequívoca, delatante aquí la Criminología sexual diríase que se personaliza. La mujer aparece como el ser representativo de la Sexología criminal. Quintiliano Saldaña, La sexología, Madrid, 1930.

Ni el crimen ni el criminal son objetos que se puedan concebir fuera de su referencia sociológica. Jacques Lacan, Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología, 1950.

Quisiera que nunca perdiéramos de vista el hecho de que nuestros debates sobre la biología del cuerpo siempre son debates simultáneamente morales, éticos, y políticos sobre la igualdad política y social y las posibilidades de cambio. Anne Fausto Sterling, Cuerpos sexuados, 2001.

Introducción

El estudio de este caso podría ser considerado el primer antecedente de protección jurídica del placer en Argentina. En los rastreos bibliográficos documentales no se han hallado otros casos anteriores que plantearan problemáticas afines. Asimismo, los fallos judiciales y la glosa tomada como referencia no citan jurisprudencia que permita suponer la existencia de un caso similar previo al analizado en este artículo en nuestro país.

La causa judicial que nos convoca no trajina en rigor un delito contra la integridad sexual en los términos de la ley 25087/99, o de su antecesora, sino una “lesión” corporal: ablación de clítoris. Las pericias solicitadas por los magistrados se han dirigido a establecer qué papel juega el clítoris en la posibilidad de satisfacción sexual para evaluar la gravedad de tal lesión. La mujer amputada declara una disminución notable de su capacidad orgásmica. Cabe señalar la imposibilidad del restitutium ad integrum desde una perspectiva fisiológica y psíquica en simultaneidad.


Corresponde aclarar que sólo hubo acceso a los fallos de 1º y 2º instancia –en 1959 y 1961 respectivamente-, publicados en La Ley (Tomo 110), junto a una glosa efectuada en 1963 por el Doctor Guillermo J. Ouviña (Profesor Adjunto de Derecho Penal por las facultades de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de La Plata), con el fin de ilustrar la temática del orgasmo como bien jurídicamente protegido, texto éste sobre el cual se ha efectuado una revisión crítica.
El Prof. Ouviña es relevante en tanto principio de agrupación de las significaciones del discurso, esto es, en tanto “función-autor” (Foucault, 1999c). En este sentido, su discurso no será tomado como producción individual sino como resultado de un complejo sistema de operaciones ideológicas legitimadoras y preponderantes propias de Buenos Aires de fines de 1950 y comienzos de 1960.[i] Pero, si bien las credenciales de Ouviña dan a la función-autor un peso considerable, el foco estará puesto sobre el discurso avalado y no sobre la función que lo avala: Es necesario concebir el discurso como una violencia que se ejerce sobre las cosas, en todo caso como una práctica que les imponemos; es en esta práctica donde los acontecimientos del discurso encuentran el principio de su regularidad. (…) no ir del discurso hacia su núcleo interior y oculto, hacia el corazón de un pensamiento o de una significación que se manifestarían en él; sino, a partir del discurso mismo, de su aparición y de su regularidad, ir hacia sus condiciones externas de posibilidad, hacia lo que da motivo a la serie aleatoria de esos acontecimientos y que fija los límites. (Foucault, 1999ª: 53) Así se justifica el uso del término “función-Ouviña”, en adelante f(O), para señalar el lugar de enunciación del discurso que será analizado y evitar apreciaciones dirigidas al individuo Ouviña.


Por otra parte, la relevancia de este caso estriba en que los fallos y, muy en especial, el texto de la f(O), establecen lo que se considera un “punto de partida” para el tratamiento de casos similares en relación al concepto de “placer”. Este aspecto puntual, que hará lugar a la labor arqueológica (en sentido foucaultiano), será complementado con otros dos aspectos: uno relativo al discurso de la f(O) y sus significaciones implícitas (para un análisis hermenéutico) y otro relativo al papel que ese discurso desempeña en el contexto social en que se inserta el escrito (para consideraciones biopolíticas). Estos aspectos se inscriben respectivamente en tres dimensiones que a la vez delimitan y extienden la soberanía del proyecto de investigación marco de este escrito: histórico-genealógica, simbólico-imaginaria e institucional-organizacional.
Más aún, esta comunicación continúa las indagaciones orientadas a enfatizar el papel irremplazable de la Psicología Jurídica.

En esta oportunidad, si bien se trata de un caso de lesiones, las consideraciones vertidas dan la posibilidad de establecer que una amputación genital sienta antecedente al momento de abordar los delitos contra la integridad sexual –ya que la amputación compromete indefectiblemente la integridad bio-psico-social de un individuo. Por otro lado, destaca el carácter irreductible de la singularidad, aquí en relación directa con la capacidad orgásmica de la mujer.

El caso

La perspectiva de análisis empleada está mediada por la interpretación de los recortes de las declaraciones hechas en los fallos en 1º y 2º instancia y la glosa, dado que no se ha podido acceder al expediente de forma directa por razones de inviabilidad institucional.


El caso involucra a una mujer (denunciante) y a un hombre (denunciado): “la Srta. A.” y “el doctor G.”. El doctor G., cirujano, extirpó el glande del clítoris de A. en una operación “clandestina” cuyo fin diverge según las dos versiones: A. declara que la intervención quirúrgica por parte de G. le iba a servir para corregir una desviación del útero que le impedía quedar embarazada; G. declara que la operación tenía como fin disminuir la excitación sexual permanente de A. El Dr. G. (casado, 40 años de edad) era amante de A. (soltera, 19 años). Esto explicaría la mutua anuencia para practicar la operación en su consultorio, sin asistentes, y sin que otras personas (tal como los padres de A) estuvieran informadas. Existe, además, un documento firmado por A. en el que da su consentimiento para la operación en los términos declarados por G.; aunque A. afirma, a su vez, haberlo firmado bajo amenaza de muerte y luego de la operación.
Dado que G. reconoció haber practicado la ablación de clítoris, lo que los fallos y la glosa quieren determinar es la gravedad y las consecuencias de la amputación.
El fallo en 1º instancia del 6/11/59 resulta en algunos aspectos, teniendo en cuenta el contexto histórico, instituyente. Descarta contundentemente las excusas del imputado para justificar su acción, y reprocha el carácter irregular de la operación así como los argumentos dados por G. para realizarla. Condena la supuesta autorización dada por A. para ser intervenida quirúrgicamente: “la más elemental lógica del conocimiento corriente del ser humano, nos indican que la víctima jamás pudo aceptar la mutilación practicada para los fines confesados por G. porque no existe ninguna persona normal que permita la disminución gratuita de su capacidad orgásmica” (611-2).

Considera impertinente e inverosímil tanto el supuesto hipererotismo como la condición de prostituta de A.: “Estamos ante un profesional que procedió de mala fe con un acto médico sin justificación legal, científica ni moral, y con desprecio absoluto de la persona humana, su libertad y sus derechos, mediante una operación mutilante de consecuencias psicosexuales definitivas para la víctima, aunque después pueda obtener por repetidos ensayos el orgasmo vaginal que será, sin duda, durante muchísimos años, retardado y débil” (620). Que se trata de “lo que Pellegrini llama ‘métodos ofensivos para la personalidad del sujeto’” (620). La condena resulta ejemplar: el juez Bernardo de Quirós condena a G. autor responsable del delito de lesiones graves calificadas por alevosía, a cumplir la pena de cinco años de prisión, con accesorias legales y costas.
El fallo en 2º instancia del 17/11/ 61 centra sus argumentos en el consentimiento de A. Los jueces Argibay Molina y Frías Caballero consideran que faltan pruebas objetivas de que aquél fuera realizado bajo coacción. Por tanto deducen que A. conocía el carácter de la intervención que le sería efectuada por G., aunque no se considere legalmente válida la autorización otorgada por escrito.
El conocimiento de A. de la situación justifica descartar la alevosía como agravante de la acción de G. Finalmente, no está probada la lesión grave (debilitación permanente de un órgano), “sino, en principio, a lo más, el tipo básico de lesiones simples” (623), según el art. 89 del Cód. Penal. Descartadas la impotencia y la capacidad de concebir, sólo queda “una alteración cuantitativa de la aptitud de goce sexual (disminución de la libido)” (623), lo cual tampoco está suficientemente probado. De este modo, la condena se reduce a dos a años de prisión en suspenso con costas. Nada se dice de la licencia para ejercer la medicina por parte de G., quien es calificado apenas como “un médico torpe”.
En cuanto a la glosa, que consta de los siguientes apartados: El hecho, La Clitoroctomía[ii], La Clitoroctomía como pauta cultural, El erotismo como bien de consumo, El erotismo como bien jurídico. Conclusiones, resulta significativa institucionalmente por la jerarquización que por un lado realiza en cuanto a la temática, y paradójicamente en tanto soporte teórico- académico del fallo en 2º instancia.

Infinitud de la realidad vital

En la “Introducción” de la glosa se lee: “La situación que analizamos demuestra la estrechez de la previsibilidad jurídica frente a la infinitud de la realidad vital” (602). Esta advertencia señala la existencia de una dimensión siempre excedente en relación al orden jurídico. Sin embargo, en la indagación del grado de daño causado por G. en el cuerpo de A., la f(O) eclipsa esa premisa en tanto que el discurso jurídico persigue constantemente alcanzar cierta “uniformidad” relativa a la “naturaleza (humana)” que menoscaba la singularidad individual de A. Esta búsqueda de uniformidad se orienta a determinar la “función del clítoris”. Las diversas trayectorias de análisis de la f(O) oscilan entre lo irreductible de la vida y las estrategias normalizadoras de los procesos de singularización subjetiva.
La “infinitud de la realidad vital” parece perder peso significativo cuando de lo que se trata es de un individuo y, correlativamente, parece colocar todo el peso en las regularidades estadísticas que proveen lo que la f(O) denomina “una pauta real” (604). La pauta real es provista por los grandes conjuntos numéricos y ofrece los parámetros comparativos de valoración del “ámbito de la intimidad” para casos individuales en desmedro de lo que pudieran decir, pensar y sentir los individuos de cada caso contabilizado.[iii] Resulta entonces que la “estrechez de la previsibilidad jurídica” retorna en su propio discurso bajo la forma de una concepción estadística para la provisión de pautas que determinen el valor de las prácticas sexuales. La “infinitud de la realidad vital” se ve así reducida al conjunto de los casos que, sumados, proveen “una uniformidad observable por la experiencia” (604, cursivas originales).
En este contexto, es pertinente establecer inicialmente la función antropológica del Derecho, siguiendo los desarrollos de Supiot.

La importancia decisiva de dicha función radica en que: Convertir en “homo juridicus” a cada uno de nosotros es la manera occidental de vincular las dimensiones biológica y simbólica que constituyen al ser humano.
El derecho reúne la infinitud de nuestro universo mental con la finitud de nuestra experiencia física y cumple así en nosotros una función antropológica de instauración de la razón. La locura acecha en cuanto se niega una u otra de las dimensiones del ser humano, sea por tratarlo como un animal o sea por tratarlo como un espíritu puro, libre de todo límite salvo los que él mismo se pone. (2007: 12) El lenguaje sería para él la primera operación antropológica de inclusión del individuo en una sociedad determinada. Desde antes del nacimiento, la palabra otorga un nombre y asigna un lugar en una cadena de filiación.

Es así que el Derecho, en tanto discurso, liga al individuo en un enjambre de vínculos que permiten su acceso a la humanidad y otorga a cada nueva vida una significación. La razón que posibilita al hombre devenir racional supone una serie de procesos de subjetivación que –desde una regulación exterior socialmente aceptada– reconoce al individuo como único e irrepetible a la vez que igual a todos sus semejantes, pasible por tanto de los mismos derechos y obligaciones. No hay para Supiot el dilema entre la “infinitud de la realidad vital” y “la estrechez de la previsibilidad jurídica”. Por el contrario, la multiplicidad de regulaciones –entre las cuales la del lenguaje ocupa un lugar central– producirían las condiciones para el acceso y la inclusión en dicha infinitud. El autor apela a las advertencias de Hanna Arendt (2003) respecto del peligro de la supresión de la persona jurídica en el Hombre, herramienta de los regímenes totalitarios que en su versión más siniestra reduce a la persona a un objeto.

En el mismo sentido, este autor repudia la hegemonía de la perspectiva economicista de mercado, que reduce igualmente a la persona a una mera unidad de cuenta intercambiable y sustituible, como un nuevo dispositivo de supresión del componente humano, excluyéndolo de sus derechos inalienables.

La operación efectuada por la f(O), a través de un extenso rastreo multidisciplinario, subsume el cuerpo de A. en la suma de todos los cuerpos femeninos que deberían obtener placer sexual de una misma manera. Apoyado en el discurso jurídico, la f(O) opera negando los derechos de la demandante: Negar la función antropológica del derecho en nombre de un supuesto realismo biológico, político o económico es un punto en común de todos los proyectos totalitarios. (…) Por ello es que se sintió la necesidad, luego del horror nazi, de garantizar la personalidad jurídica a todo hombre y en todo lugar[iv]. (Supiot, 2007: 13) La “infinitud de la realidad vital” no plantea pues un obstáculo intrínseco a la previsibilidad jurídica, como sostiene la f(O). En tanto el discurso jurídico –desde Pierre Legendre (1999; 2001)– ha visibilizado su faceta dogmática como regulación de los vínculos sociales, la función antropológica del Derecho consiste menos en iluminar una supuesta infinitud que en establecer finitas posibilidades de ser y estar en una sociedad. En el mismo sentido, es necesario diferenciar las leyes de la naturaleza de las regularidades sociales:

El derecho no es revelado por Dios ni es descubierto por la ciencia, es una obra plenamente humana en la que participan quienes se dedican a estudiarlo y que no pueden interpretarlo sin tomar en cuenta los valores que transmite (…) Las concepciones de la justicia evidentemente cambian de una época a otra y de un país a otro, pero la necesidad de una representación común de la justicia en un país y en un época dados no cambia. El derecho es la sede de dicha representación, que puede ser desmentida por los hechos, pero que le da un sentido común a la acción de los hombres. (Supiot, 2007: 26)


Resulta fértil en este punto introducir una apreciación conceptual: La institución de la sociedad y las significaciones imaginarias sociales incorporadas en ella se despliegan siempre en dos dimensiones indisociables: la dimensión conjuntista-identitaria (‘lógica’) y la dimensión estrictamente o propiamente imaginaria. (Castoriadis, 1981: 71)

Esta última –que guarda a su vez una faz “radical” correspondiente a la psique del sujeto y una faz “social” propia del anónimo histórico-social– es la fuente de las significaciones que instituyen relaciones sociales. Las relaciones sociales se establecen simbólicamente en virtud de un “imaginario instituyente” que asedia de manera incesante el orden de lo instituido, no en el sentido de una oposición entre instituyente e instituido sino en el sentido de que lo instituido es la forma relativamente estable de presentificación de lo instituyente. El ser de lo instituyente se manifiesta como fijeza instituida y transitoria, mientras que el ser de lo instituido es su misma autoalteración perpetua (Castoriadis, 1993)

Este “imaginario instituido” o “imaginario segundo” está formado por significaciones imaginarias sociales que pueden ser imágenes, representaciones, discursos y, condensados en estos discursos, creencias, esperanzas y miedos colectivos.[v] Así, las relaciones sociales, los usos y las costumbres, son también instituciones aunque no estén registradas en el plano del Derecho.[vi]

Desde esta perspectiva, hay en este caso dos órdenes de lo instituido que coexisten: el jurídico y su previsibilidad, por una parte; y el de las significaciones que cargan los usos y las costumbres, por otra. Este segundo orden distintivo, regulador social de los pensamientos, sentimientos y acciones de los individuos, es tan determinante como el primero. El 1º fallo sorprende felizmente porque el juez introduce un movimiento que apunta a la protección jurídica del placer, y reconoce la singularidad de A. y sus posibilidades de satisfacción en los intercambios sexuales. Sin embargo, ese germen innovador de la norma establecida es acallado por el 2º fallo, y por la f(O) en tanto representantes de los imaginarios instituidos de la época, para quienes la joven de 19 años ha violentado las normas sociales al mantener una relación afectiva y adúltera con un hombre casado que la dobla en edad.
Cabe señalar que los delitos sexuales figuraban en el Código Penal, hasta 1999, bajo la forma de delitos “contra la honestidad”, bien jurídico protegido en general, organizados en capítulos como los tipos penales que parecían además proteger otros bienes: La fidelidad (adulterio), la libertad sexual (violación), el pudor (abuso deshonesto), la moral pública y la libertad (estupro) En esta línea, Soler (1973) definió la “honestidad” como una exigencia de corrección y respeto impuesta por las buenas costumbres en las relaciones sexuales. La ley 25087/99 reemplaza el título “Delitos contra la honestidad”, atendiendo a la fuerte carga ideológica del mismo, por el de “Delitos contra la integridad sexual”. Este reemplazo intenta superar los prejuicios de género[vii] y las valoraciones morales subyacentes a la noción de “honestidad”, que: (1) condena todo ejercicio de la sexualidad que se desvíe de la norma y (2) deriva en la “culpabilización” de las víctimas. Si bien la noción de “honestidad” ha perdido estatus jurídico, sigue operando con vigor en virtud de los imaginarios que condicionan las emociones, las prácticas, y los pensamientos del conjunto social (Castoriadis, 2007).

Recíprocamente, la noción de “integridad sexual” ha ganado estatus jurídico, universalizándose, pero no ha sido internalizada por el conjunto social: convive un universal que hace al “uso y la costumbre” con un universal que responde al ordenamiento jurídico.

Biopolítica del clítoris

Foucault (2003) introduce un concepto clave para explicar las transformaciones políticas y sociales operadas desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Una multiplicidad de dispositivos y mecanismos de poder sufren una mutación: Ya no se trata de doblegar o reprimir fuerzas en pugna –como sostienen las teorías clásicas “libertarias” sobre la represión de la sexualidad– sino de producir, fomentar, instituir y hasta exacerbar las fuerzas de la vida. Desde una perspectiva jurídica como discurso y arte de la gubernamentalidad, se estaría en presencia de un pasaje del derecho del soberano hacia el poder de los Estados.

Proceso complejo y multidimensional de los dispositivos de poder sobre la vida que a partir del siglo XVIII puede situarse en dos configuraciones permanentemente vinculadas entre sí: La primera, sustentada en las disciplinas de domesticación y extracción energética de los cuerpos como unidades de producción, que Foucault define como anatomopolítica; la segunda, desarrollada y establecida posteriormente, consiste en un poder sobre el cuerpo, ya no como unidad sino como especie que comporta toda una serie de controles y regulaciones de poblaciones enteras.

En este marco, desde una perspectiva biopolítica, el poder prolifera sobre la vida antes que suspenderla. La introducción de esta perspectiva ha disparado toda una serie de profundizaciones que generan nuevas aperturas conceptuales. En todas ellas, los cuerpos de las poblaciones aparecen como producciones determinadas por una multiplicidad de mecanismos de control y regulación. Sin embargo, estos dispositivos no se imponen por la vía represiva sino por la legitimidad científica, toda una serie de discursos, técnicas y especializaciones que a través del saber-poder de la ciencia producen “la verdad”.
En este caso, la f(O) apela a un conjunto de saberes legitimados para acceder a la verdad del placer del cuerpo de la Srta. A. Puesto que los modos singulares de erotización y sexualización de la joven aparecen descartados se puede estimar la emergencia de una operación biopolítica del clítoris, donde la infinitud de la realidad vital deviene una normalización del cuerpo y de sus potencialidades: “(…) la función del clítoris desde el punto de vista fisiológico debe ser una pauta real, esto es, una uniformidad observable “por la experiencia” (604, cursivas originales)


Como parte de dicha posición epistemológica, la f(O) apela a la Antropología para retomar los estudios de algunas poblaciones africanas; los orígenes de la Antropología se vinculan a la necesidad del colonizador de comprender la cultura del colonizado.

El principio por el cual la Antropología clásica constituye un discurso que da cuenta de una biopolítica de las poblaciones colonizadas es ignorado por la f(O), que se limita a tomar la clitoroctomía como pauta cultural para establecer un paralelismo que niegue la diferencia intercultural, y relativice así la gravedad del daño en el cuerpo de la Srta. A., enfatizando “la coincidencia del hecho biológicamente considerado” (608), aunque sin dejar de calificar como “simbolismo irracional” el hecho de que algunas culturas designen como femenino al hombre por su prepucio y masculina a la mujer por su clítoris. Cabe señalar como una inconsistencia significativa la equiparación en las culturas relevadas de los mitos, creencias y costumbres –la clitoroctomía entre otras prácticas– con sus sistemas jurídicos. Como señala Malinowsky: (…) en todas las sociedades debe haber una clase de reglas que son demasiado prácticas para ser apoyadas por las sanciones religiosas, demasiado gravosas para ser dejadas meramente a la buena voluntad y demasiado personalmente vitales para los individuos para que cualquier instancia abstracta pueda hacerlas cumplir. Éste es el terreno de las reglas jurídicas y me aventuro a predecir que se encontrará que la reciprocidad, la incidencia sistemática, la publicidad y la ambición serán los factores principales en el aparato vinculador del derecho primitivo. (1985:83) En una segunda operación homogeneizante, la f(O) afirma que: “(…) no resulta verosímil creer que tales sociedades vivan desde hace siglos practicando enfermedades incurables, a menos que renunciemos a darle a esta palabra un sentido biológico y universal.” (615, cursivas originales). Es decir que para la f(O) el hecho de que en culturas no occidentales las mujeres que “soportan” la extirpación del clítoris no se opongan a dicha práctica demostraría que no han perdido su capacidad orgásmica, y por ende, la clitoroctomía no implicaría un daño significativo para ninguna mujer de ninguna cultura.

En este sentido, la f(O) apela al relativismo antropológico para equiparar sistemas disímiles social, cultural y jurídicamente; minimizando así no solo la ablación del clítoris en general, sino también la posibilidad de satisfacción sexual testimoniada por la Srta. A. En el devenir del texto de la glosa se invisibiliza el hecho de que una cultura no consiste en una masa homogénea de aceptación pasiva de todo mandato, o que un ceremonial instituido no supone ignorar fuerzas de resistencia que impugnan la necesidad o permanencia de aquellos. Baste citar la institución del moolaadé (protección) en una comunidad musulmana de Senegal, que consiste en el derecho de toda mujer a desafiar la salindé (ritual de ablación del clítoris) como dispositivo de contrapoder frente a las fuerzas de lo instituido; en concordancia con el accionar de estas mujeres, El Comité Interafricano sobre Prácticas Tradicionales estableció el día 6 de febrero día de la Cero Tolerancia hacia la mutilación genital femenina en el continente africano.

Mujer no se nace, se hace… La f(O) recurre al discurso médico hegemónico a través de la Anatomía y la Fisiología, para ilustrar en qué casos resulta lícita la clitoroctomía. Con este fin, se refiere a las personas antiguamente denominadas como hermafroditas (actualmente, intersexos). De acuerdo a la comprensión biomédica endocrinológica inaugurada por T.A.E. Klebs en 1876, “hermafroditas” serían solamente aquellos individuos en los que el tejido ovárico y el tejido testicular se presentaban al mismo tiempo, sin importar la configuración externa de su cuerpo sexuado, que sitúa el sexo “verdadero” de cada persona en el interior invisible de su cuerpo. La presencia de ovarios y testículos establecía, más allá de cualquier variación morfológica de los genitales, su identidad sexual.

Klebs distinguió entre hermafroditas verdaderos y pseudo hermafroditas. La primera categoría corresponde a individuos con tejido ovárico y testicular juntos en su cuerpo. El resto de las anatomías mixtas (pene y ovarios, testículos y vagina, etc.) no son para él hermafroditas auténticos.

Como señala la bióloga Fausto-Sterling: En una época en que los derechos individuales eran objeto de debate político sobre la base de la igualdad humana, los científicos decían que algunos cuerpos por definición eran mejores y más merecedores de derechos que otros. (2001: 57) En el mismo sentido, William Blair Bell (1916) propone centrar la atención en el modo en el que aquellos individuos con cuerpos “ambiguos” se identificaban y eran identificados por otros y otras –los aspectos psicosociales del sexo, es decir “el género”.
Tal y como se plantea, si una mujer solicita atención profesional por esterilidad, y la búsqueda médica revela la existencia de testículos, su reasignación al sexo masculino tiene el extraño efecto de convertirla, a ella y a su esposo en homosexuales. Es mucho más lógico respetar tanto el modo en el que esta mujer se identifica a sí misma y es identificada, situando su identidad sexual en esta narrativa individual y social de sí, más que en una supuesta verdad gonádica invisible a los ojos. Luego, entre las décadas del 50’ y 60’, un conjunto de investigadores prioriza el sesgo psicosocial de la temática afirmando la centralidad de lo que hoy se conoce como proceso de generización, por el cual un individuo sexualmente “neutro” es introducido en la femineidad o la masculinidad a través de la socialización (sex of rearing, sexo de crianza), cualquiera fuera su corporalidad inicial.

Se concibe así la distinción entre géneros como construcción psicosocial, y la de sexo, como bioanatómica. Pese a la apariencia corporalmente emancipada de este paradigma, la dependencia respecto del cuerpo sexuado y su morfología sigue siendo determinante para el imaginario instituido, ya que la socialización (el proceso de generización) necesita indefectiblemente de un cuerpo material donde asentarse:

Hablar de sexualidad humana requiere una noción de lo material. Pero la idea de lo material nos llega ya teñida de ideas preexistentes sobre las diferencias sexuales. (Fausto-Sterling, 2006: 39)
El género se extiende a la proyección de prácticas fundantes de la femineidad y la masculinidad, tales como la penetrabilidad en las mujeres, o la capacidad de penetrar y orinar de pie en los varones; o como en el caso en que se está trabajando, el “recato” sexual de la Srta. A y el silencio significativo respecto de la sexualidad de G., quien podría haber padecido de escaso deseo sexual, problemas eyaculatorios y/o de impotencia sexual, o de problemas médicos corrientes condicionantes de una práctica sexual plena, y por tanto le habría resultado un exceso la demanda sexual de A. Asimismo, el uso y abuso de las drogas y el alcohol por lo general menoscaban el funcionamiento sexual. (Masters et al., 1996: 349)


A la asignación al género femenino o masculino debe seguir, de modo imprescindible, la intervención “normalizadora” sobre el cuerpo, capaz de situarlo inequívocamente en el estándar masculino o femenino, independientemente de la repercusión sobre el placer sexual y el potencial orgásmico de esa persona,[viii] donde cabe como ejemplo el caso del argentino Ariel Rojman y su hipospadia.[ix] La asistencia médica y psicológica, tanto en el ámbito público como en el privado, pareciera estar atravesada por un sesgo ideológico de la heterosexualidad como norma. A partir de allí, la “amenaza” que suponen los genitales que no responden a los estándares es conjurada mediante intervenciones que anulan la capacidad de orgasmo para el resto de la vida, según el informe de Masters & Johnson (1966), que concuerda con lo testimoniado por la Srta. A. Más aun, se instala en el debate de la causa la pregunta acerca del probable cuerpo “malformado” de A, contemplándolo como causa posible de su “mala” conducta –ninfomanía, prostitución, deshonestidad, atrofia del instinto materno[x]- en consonancia con los protocolos de género que le corresponden a su asignación “mujer” en su específico marco sociocultural. De hecho, tal como ilustra el mito de Hermafrodito y la ninfa Salmacis, de acuerdo al poeta latino Ovidio en Metamorfosis, la mujer hipersexual es una aberración monstruosa cuya agentividad la liga a lo masculino.
La intersexualidad está vinculada en el imaginario instituido al hermafroditismo y éste a un individuo de “ambos” sexos, es decir, literalmente, con pene y vagina (un individuo inexistente fuera de la mitología y el arte).

Sin embargo, tal como lo explica Mauro Cabral (2005), el concepto clave para comprender la intersexualidad es la variación: Intersexualidad refiere a todas aquellas situaciones en las que un cuerpo sexuado varía respecto al estándar de corporalidad femenina o masculina culturalmente vigente.[xi] La intersexualidad se inscribe, entonces, en los cuerpos a través de una operación biopolítica de generización. Por eso, es posible encontrar a varones y mujeres, cualquiera sea su orientación, expresión de género o prácticas sexuales, cuyos cuerpos pueden variar en mayor o menor medida del estándar, pero para quienes la intersexualidad es completamente ajena; porque la identidad intersex es un producto cruelmente paradójico de los procedimientos médicos destinados a erradicarla.[xii]
Puesto que en los casos de intersexualidad no se tiene en cuenta la pérdida de la capacidad de orgasmo y del libre desarrollo de una sexualidad satisfactoria por parte de las personas intervenidas, el fallo de 1º instancia de este caso resulta innovador en relación a la temática y un antecedente significativo con respecto al “orgasmo como bien jurídicamente protegido”. Por otra parte, se puede inferir a partir del caso y sus ramificaciones, que las intervenciones médicas de “normalización” de genitales podrían enmarcarse dentro de los delitos contra la integridad sexual, ya que la vivencia de las personas damnificadas adquiere el significado de una violación.[xiii] Fausto-Sterling es rotunda:

Hay que terminar con la cirugía genital. Protestamos por las prácticas de mutilación genital en otras culturas pero las nuestras nos parecen tolerables…la “cura” médica a la intersexualidad a menudo hace más mal que bien (…) (2006: 105) La mutilación genital intersex constituye uno de los procedimientos feminizantes más brutales de nuestra cultura. (Cabral, 2009) Por otra parte, la concepción del género que se tenga define el sexo, y esa concepción afecta el conocimiento sobre el sexo producido por los científicos, puesto que las nociones sobre masculinidad y femineidad son presunciones culturales donde la propia convicción de cómo funciona el mundo, la división sexual y las características sobre la sexualidad obliteran la diversidad.

(Pecheny et al., 2008) Cabe agregar que para Fausto-Sterling las “verdades” sobre la sexualidad humana creadas por los intelectuales en general y los biólogos en particular forman parte de los debates políticos, sociales y morales de nuestra cultura y economía, donde la ciencia esgrime todo el aparato de acceso especial a la verdad, es decir la pretensión de objetividad. Así, la intersexualidad sirve a la alianza médico-legal para extraer conclusiones y tejer realidades sobre el “desarrollo normal” de la masculinidad y la femineidad.[xiv] Más aun, desde una dimensión política, los intersex instalan la pregunta por la definición misma de humanidad sexuada que aportan el discurso y las prácticas de los derechos humanos.[xv]

La biología no es destino… Más allá de definiciones puramente anatómicas o biológicas, hombre, mujer e hijo son lo que son en virtud de las significaciones imaginarias sociales que los hacen ser eso (Castoriadis, 1981: 68) Sin embargo, la f(O) sostiene la existencia de una predestinación del cuerpo femenino para cierta función social: la función materna. Ya que ésta no ha sido afectada por la clitoroctomía, el grado de la lesión resultaría insignificante. Concomitantemente, mediante la apelación a una lectura inacabada y parcializada del psicoanálisis freudiano, sostiene que la hipersensibilidad del clítoris implica “la negación de la evolución femenina” (605), siendo su máxima expresión sintomática la atrofia del “instinto maternal”, que se apoya en el supuesto familiarista de la predestinación anatómica del cuerpo femenino. La mujer “hogareña” según la f(O) es una mujer “honesta”, capaz de desplegar sin escollos tanto su “instinto maternal” como su satisfacción sexual “normal”, desestimando el clítoris como zona erógena para investir como tal exclusivamente la vagina.

El carácter “disfuncional” de “la fijación clitoridiana” adjudicado por la f(O) se inscribiría no sólo en la totalidad del complejo anatómico sino en la totalidad del “organismo social”. Cabe señalar que los desarrollos del psicoanálisis con niños contemporáneos a la glosa superaban de modo irreversible la perspectiva sexista y evolucionista de principios de siglo XX. Los estudios y la práctica clínica de autoras kleinianas daban cuenta de la masturbación clitoridiana en las niñas desde muy temprana edad, sin que esto significara fijación alguna y por lo tanto ninguna necesidad de movilización libidinal para explorar la vagina como espacio de satisfacción sexual. Pero, aun desde una visión biologisista a ultranza, nadie se ha interrogado en el devenir de esta causa si las limitaciones en la capacidad de engendrar de la Srta. A no serían en realidad una incapacidad reproductiva de G. La ausencia de tal interrogación podría ligarse a que el orden médico hegemónico no prescinde de marcadas ideologías sexistas.
La misma distorsión presenta la f(O) cuando recurre incluso a perspectivas positivistas como la del informe Kinsey, que distingue el placer del orgasmo y socava la significación de éste último en proporción inversa al porcentaje estadístico: si hay una mayoría estadística de mujeres que puede prescindir de hecho del orgasmo para obtener placer, entonces –concluye la f(O)– el orgasmo no debe ser muy importante para ninguna mujer. Cuando cita “textualmente” dicho informe interpreta clausurando el horizonte de posibilidades que éste deja abierto: “(…) no conocemos de manera suficiente la anatomía y fisiología de las respuestas sexuales para poder comprender los orígenes exactos de la variación individual (…)” (606). Desde la perspectiva positivista de Kinsey ese margen de incomprensión no se debía tanto a “la infinitud de la realidad vital” como a la insuficiencia de datos empíricos que permitieran concluir rotundamente en una demostración válida. Pero al menos en dicho Informe se guarda esa cautela positivista, mientras que el discurso de la f(O) sostiene la imprudencia determinada por los imaginarios instituidos de la cultura occidental.

La cultura contemporánea está sexualizada… como lo sostiene la f(O). Imposible disentir con tal enunciado. Sin embargo, resulta inconcebible la afirmación que caracteriza a la cultura del siglo XX en particular como “sexualizada”, tal como señala la glosa.

Téngase presente que la vida en comunidad se organiza en función de cuatro elementos básicos que se denominan instituciones basales, más allá del tiempo histórico y del espacio antropológico, todo conjunto humano se ordena en función del lenguaje, el sistema de creencias, el sistema de producción y el sistema de parentesco (es decir la posibilidad de intercambios sexuales). En consecuencia, no existe posibilidad de pensar una cultura sin sexualización. Las formas y/o contenidos que adquieren estas instituciones básicas varían sociohistóricamente, pero en todos los casos, gobiernan las interacciones cotidianas de los individuos, aún la de aquellos que están por venir. Ahora bien, una definición socioantropológica de cultura debería abarcar aspectos tales como costumbres, valores, opiniones y creaciones a lo largo de la evolución de cada pueblo o grupo humano que los diferencia de lo que pertenece a la naturaleza. Levi-Strauss en su trabajo Las estructuras elementales de parentesco (1993), pregunta: ¿Dónde termina la naturaleza? ¿Dónde comienza la cultura? De ese modo, desestima como respuesta la existencia de comportamientos preculturales en el hombre:
Para él no existen comportamientos naturales de la especie humana a los cuales retornar por vía regresiva, como algunos autores han sostenido en los casos de niños lobos. Su postura consiste en elegir, como único criterio válido para reconocer la existencia de una cultura, una regla, es decir, que en todas partes donde esta regla se presente se esté frente a una cultura. Así la prohibición del incesto inaugura el campo de la cultura, en otros términos, de lo simbólico ya que su función alude a un intercambio social que se transmite generacionalmente. Lo simbólico se traduce mediante el orden social como producto de la cultura, e inicia el pasaje entre la naturaleza y la cultura. Al hombre inserto en ella le está vedado llevar a cabo ciertas conductas configuradas como transgresoras.

En este punto se puede hacer una relación con el Derecho, es decir con la legalidad vigente en una sociedad determinada. Cuales quieran fuesen las leyes y costumbres de una comunidad, siempre quedan elementos prohibidos. Entonces, desde ese mismo pasaje que plantea Levi-Strauss se sientan las bases de un ordenamiento jurídico legal.
El planteo enunciado desde una perspectiva antropológica es solidario con el planteo freudiano establecido en Tótem y Tabú (1913) La cultura se edifica sobre la base de una renuncia pulsional, precisamente, en la no-satisfacción directa –mediante sofocación, represión, sublimación- de poderosas pulsiones. La instauración de una ley, a la que todos quedan sometidos, implica la sustitución del poder del individuo por el de la comunidad. Su esencia consiste en que los miembros de la comunidad se limitan en sus posibilidades de satisfacción, en tanto que, en el mundo de la naturaleza, no se conocía tal limitación. La mencionada imposibilidad gobierna el vasto ámbito de los vínculos sociales y es la causa de la hostilidad contra las que se ven precisadas a luchar las diversas culturas. El malestar en la cultura (Freud, 1930), refiere al irremediable antagonismo entre las exigencias pulsionales y las restricciones impuestas por la cultura, las cuales en primer instancia son impuestas al individuo desde fuera y luego internalizadas y perpetuadas por medio del súper-yo. El universo de lo institucional designa la suma de operaciones y normas que distancian la vida del ser humano de la de los antepasados animales, y sirve a dos fines: La protección del ser humano frente a la naturaleza, y la regulación de los vínculos sociales. He aquí la doble faceta del contrato entre los individuos y la comunidad: La cultura conforma prácticas, instituciones, signos y configuraciones sociales múltiples que permitirían a sus sujetos la satisfacción –siempre indirecta e inacabada- de las pulsiones. Incluidas en dicho entramado institucional se encuentran las organizaciones que cumplirían la función específica de proteger a la comunidad de aquellos “desviados” o excluidos de la norma. Por cierto que dicho contrato entre el sujeto y la cultura no supone la desexualización de las sociedades, sino una sexualidad regulada.

Conclusiones

Las diferentes perspectivas de análisis del caso trabajado –diagramadas en las dimensiones histórico-genealógica, simbólico-imaginaria e institucional-organizacional– desembocan en una serie de convergencias que impugnan el conjunto de verdades instituidas por el fallo de 2º instancia y el texto de la glosa que lo presenta. Más aun, al descomponer los axiomas postulados por dichos textos, se los ha interpelado para descubrir que se trataba de un conjunto de ideas que se debaten, en términos de Spinoza, entre la moral y la ética.


Una de ellas consiste en la imposibilidad de articular lo universal del discurso del Derecho con la singularidad de cada sujeto de derecho determinada por aquél. Así se habilita un proceso de intervención, como el del discurso de la f(O) que relativiza, desde una perspectiva biopolítica, la función del clítoris en base a la distorsión de múltiples discursos para omitir la palabra del sujeto en cuestión (la Srta. A.). En la búsqueda de presupuesto científico objetivo, se desestiman las investiduras libidinales y de sentido que un sujeto pueda dar(se) a su cuerpo, considerando el testimonio de la Srta. A irrelevante para la resolución del caso, tanto como su “experiencia personal” a favor de la “uniformidad”. A tal grado llega dicha “vocación homogeneizante” que podría estimarse que el Dr. G. le hizo un “bien” a la Srta. A. con la ablación del clítoris, en tanto que habilitó la posibilidad de que la joven corrigiera su conducta “deshonesta”, reeducando su capacidad de satisfacción sexual y permitiéndole el desarrollo de la función materna.
En ese marco, se podría pensar que la única opción es apelar a las “generales de la ley”, como defensa frente al supuesto “caos” que representaría, para la f(O), que cada individuo testimonie acerca de su propia satisfacción sexual de manera singular. Resulta impensable, entonces, una relación de mutua complementariedad entre lo universal del Derecho y lo singular subjetivo. Dicha imposibilidad remite a un dispositivo de poder legitimado en una lectura político-ideológica parcializada de saberes científicos independientes. De este modo, la obliteración de la singularidad en el discurso del Derecho constituiría parte de un régimen totalitario incluso dentro de una democracia. Aunque cabe destacar la acción del juez de 1º instancia en relación al “orgasmo como bien jurídicamente protegido”, es decir el respeto a los derechos singulares de la Srta. A.
Asimismo, a partir de los desarrollos efectuados en el devenir de la producción de este texto, se puede inferir que sería lícito enmarcar las intervenciones médicas de “normalización” de genitales dentro de los delitos contra la integridad sexual, ya que la vivencia de las personas damnificadas puede adquirir el peso subjetivo de una violación propiamente dicha.
En el marco de los derechos sexuales cabría también incluir la necesidad de proteger las posibilidades de satisfacción sexual orgásmica de todo individuo. En este sentido, las intervenciones médicas de personas intersex, como de cualquier otra persona, deberían contemplar la capacidad de satisfacción sexual singular y su libre desarrollo.
Por estas razones, el caso reseñado estima necesaria la incorporación y el afianzamiento de nuevas perspectivas para aquellos que trabajan en el marco de la Psicología en general y de la Psicología Jurídica en particular y así poder realizar una práctica con nuevas herramientas que actúen como líneas de fuga de los instituidos. Asimismo, los desarrollos en temas de género y sexualidad exigen una actualización permanente debido a la emergencia de problemáticas inéditas, o habitualmente ignoradas.
No hay aquí un anacronismo sino un posicionamiento político concreto en relación al discurso jurídico y su materialización en la práctica judicial que funciona sin cambios cualitativos en términos generales hasta la actualidad. Cabe preguntarse en este sentido si un caso similar al estudiado derivaría en un fallo sustancialmente divergente en la actualidad teniendo en cuenta que todos los actores involucrados en la causa judicial de referencia han sostenido que si se hubiese tratado de un caso de “hermafroditismo” la intervención hubiera sido correcta.

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[i] “El nombre de autor no va, como el nombre propio, del interior del discurso al individuo real y exterior que lo ha producido, sino que corre, en algún modo, en el límite de los textos (…) Manifiesta el acontecimiento de un cierto número de discursos, y se refiere al estatuto de este discurso en el interior de una sociedad y en el interior de una cultura.” (Foucault, 1999c: 338)
[ii] Utilizaremos este término por ser el que se encuentra en los documentos originales.
[iii] “Es frecuente el enfoque basado en la propia conducta, para el análisis de la problemática sexual. Sin descartar el valor apreciable que revisten tales aportes, sin los cuales difícilmente podría arribarse al conocimiento de situaciones críticas agotadas en el ámbito de la intimidad, el análisis quedaría peligrosamente parcializado si se limitara al estrecho territorio de la vida individual”. (605) El problema que vemos en el tratamiento que la f(O) realiza del caso es que para evitar limitarse “al estrecho territorio de la vida individual” subsume por completo este territorio bajo el peso de la abstracción estadística que regencia, desatendiendo así el discurso de la señorita A en relación a su placer y sentidos.
[iv] El autor refiere a la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, por lo visto omitida por la f(O).
[v] Las categorías castoridianas de “imaginario segundo” y de “imaginario instituyente/instituido” integran el espacio de la “materialidad” para todo análisis e interpretación, ya sea hermenéutico, sociológico, psicoanalítico o semiótico. Pero cabe dejar constancia aquí de que esas categorías dependen, en la obra de Castoriadis, de –al menos– tres conceptos filosóficos sin los cuales aquellas resultan incomprensibles. Detenerse a establecer esta constelación desviaría el propósito de este trabajo. De todas formas, el mismo se refiere a los conceptos de “imaginario radical” (flujo permanente de representaciones, afectos y deseos, dimensión de la psique y clave para la interpretación del sujeto), de “imaginario social” (dimensión fontanal de lo histórico-social, imaginación no psicológica, colectiva y anónima) y de “magma” (categoría lógica y ontológica con la que se intenta abrir paso a lo que se da antes de toda imposición de la lógica identitaria o de conjuntos; se trata del modo de ser de lo que hay, en tanto siempre guarda un resto indeterminado e indeterminable). A estos tres conceptos genéricos se podrían agregar dos que son propios de la especificidad humana: “autonomía” y “creación” (Cabrera, 2008ª: 27 y ss.; 2008b: 29 y ss.).
[vi] “Las ‘relaciones sociales reales’ de las que se trata son siempre instituidas, no porque lleven un revestimiento jurídico (pueden muy bien no llevarlo en ciertos casos), sino porque fueron planteadas como maneras de hacer universales, simbolizadas y sancionadas. Esto vale, está claro también, quizás incluso sobre todo, para las ‘infraestructuras’, las relaciones de producción. La relación amo-esclavo, siervo-señor, proletario-capitalista, asalariados-Burocracia es ya una institución y no puede surgir como relación social sin institucionalizarse enseguida” (Castoriadis, 1993: 215).
[vii] Téngase presente que la ley anterior no penalizaba la violación ni al interior del matrimonio ni del concubinato.
[viii] Si bien este no era el caso de A, tal como todos coincidían en adjudicarle una irrefutable femineidad, barriendo con la tesis de la defensa, resulta importante introducir estos conceptos y reubicarlos fuera del tratamiento que la f(O) hace de ellos. Más aun, todos coinciden en que de haberse tratado de “un hermafrodita”, su clitoroctomía irreparable hubiera sido correcta para su desarrollo.
[ix] Lo que le dijeron a mi mamá y mi papá es que mi pene debía ser corregido, y debía ser corregido cuanto antes. Antes de que los otros chicos en la escuela se rieran de mí porque orinaba sentado. Antes de que orinar sentado afectara para siempre mi masculinidad (¡si hay algo que un hombre NO hace es orinar sentado!). Antes de que otras personas me vieran desnudo y se horrorizaran. Antes de que mi personalidad se viera perturbada por las burlas, la vergüenza de tener un cuerpo diferente. Casi no recuerdo nada de la primera cirugía, excepto el hecho de que le siguió una segunda. Y luego una tercera, y así hasta una novena. Cuando cumplí 13 años mis médicos finalmente parecieron satisfechos con lo que habían logrado: un amasijo de carne con cicatrices, pero con una abertura para orinar en la punta, que debía cada tanto abrir con un catéter. A veces hasta orinaba parado. (www.degeneradxs.com.ar)
[x] Atributos éstos adjudicados a la querellante a través de los diversos derroteros de la causa.
[xi] Tales como mosaicos cromosómicos (XXY, XX0), configuraciones y localizaciones particulares de las gónadas (coexistencia de tejido testicular y ovárico, testículos no descendidos, etc.), variaciones genital-estéticas, uretra desplazada de la punta del pene a uno de sus costados o a la base del mismo, cuerpos sin vagina, etc.
[xii] (…) también es necesario hacer visible esa otra diferencia, la verdadera, la que no reside entre nuestras piernas. Esa que se produce y se instala cuando, en nombre de la diferencia sexual, invocando ciertos derechos de lo humano y de lo idéntico y movido por las mejores intenciones, alguien dice: hay que cortar. Y corta. (Cabral, 2009: 111)
[xiii] Mi experiencia es más oscura, mucho más oscura, que la de quienes no vivieron sus vaginoplastias como una violación repetida al infinito, primero por la invasión quirúrgica, y luego por aquella otra, la de las dilataciones forzosas. La mía se parece más a las de esas y esos que tuvieron que acostarse, dejarse dormir y dejarse abrir –primero por un bisturí y luego, y tantas veces, por dedos y por bujías. Mi experiencia es como la de quienes no se sacan del cuerpo la certeza de que les fue implantado un dispositivo perpetuo de invasión, destinado a transformarnos en mujeres a través de la transformación coextensiva de todo hombre en un penetrador. (Cabral, 2009: 115)
[xiv] Sentado frente a ese médico yo no sabía nada. No sabía quién era, ni quién podía ser, ni cuáles eran mis posibilidades de ser deseado, ni cómo, ni por quién. Aquello que creía mi saber se deshacía ante el suyo. Los modos en los que la masculinidad se encarnaba en mi identidad, en mi cuerpo y en mi deseo –él los sabía, los declaraba, los sentenciaba imposibles. Que yo dijera “este soy yo, y este es mi cuerpo” era, para él, la expresión delirante de un cuerpo fallado que precisaba compostura urgente, paso primero y primordial para que el delirio encarnado también terminara por componerse. El estaba seguro, sabía, que una intervención quirúrgica instalaría inicialmente la femineidad entre mis piernas, para que años de dilataciones y algún señor (o varios señores) con ganas de penetrarme acabaran por fin de instalarla. (Cabral, 2009: 105)
[xv] Es preciso incluir hoy las clitoridectomías y otras prácticas “normalizadoras” de cuerpos intersex en la lucha contra la mutilación genital femenina; pero para que otro mundo tenga lugar es preciso que la intersexualidad encuentre también espacio en la imaginación deseante de nuestra cultura, en la recóndita humedad de nuestros sueños. (Cabral, 2009: 104)

El reino de Silvio



El reino de Silvio
JAIME DE LA HOZ SIMANCA
2010-07-13

tomado de:




Hace algunas semanas lo vi en Valledupar, sentado en la misma maríapalito de hace un año, y también vestido de blanco; pero, ahora con una guayabera de pliegues franceses y un pantalón que parecía de dril cubano.

Y, en verdad, sigue dando la impresión que se alista para salir de cacería. Entonces, además de recordar los viejos diálogos que tuvimos en tardes inolvidables, me ocurrió lo mismo: imaginarlo con la escopeta apuntando a la víctima de turno. Podría estar oculto tras un árbol centenario esperando el movimiento fácil de su presa. O agazapado, listo para el último disparo de la noche.

Uno lo imagina así cuando habla de sus caminatas en medio de la penumbra en busca del animal perdido entre el ramaje.


Y es posible creerle y pensar que se trata de un cazador profesional que aprendió los secretos del arte de la captura en los tiempos en que, adolescente, crecía con el recuerdo de su padre, Silvio como él, y Brito, como sus antepasados extraviados en la jungla de un árbol genealógico que pudo tener sus raíces en Portugal, allá en el borde de Europa, o en Brasil, tierra de otros Brito, cazadores, tal vez, o percusionistas negros de tambores de guerra.
Cuando dice que canta con una voz que es sólo suya, sin imitaciones lejanas ni influencias directas, es posible imaginarlo sobre una tarima diseminando al viento versos rimados, estrofas románticas y metáforas encendidas.
Y si dicen que sí, que es una de las mejores voces del vallenato, entonces usted empieza a tomar en serio a este hombre que mueve sus ojillos mientras recuerda trozos de la canción que aún hoy, seis lustros después, interpreta con el mismo sentimiento de aquellos años: Hace tiempo conocí/ una mujer muy sencilla/ de bonita condición/ que siendo mi gran amiga/ me contaba y me contaba/ cualquiera preocupación. Fueron pasando los días/ y el cariño persistía (bis)/ como los rayos del sol/ al atravesar las nubes/ para brindarnos calor.

Uno no puede más que embelesarse y acompañarlo en silencio, evocando los tiempos en que la canción calaba los huesos de los adolescentes, removía el sentimiento de los adultos y alborotaba los recuerdos de los más viejos. Su entonación es la misma, con altos y bajos y esa nitidez de agua clara que matiza con un toque de romanticismo moderno.
Han pasado treinta y dos años y todavía esos versos entrañables envueltos con el acordeón de los hermanos Meriño se escuchan y se bailan y se cantan a coro en las tabernas de Valledupar, en los bares de Barranquilla, en las discotecas de Bogotá, en las parrandas de fin de semana animadas con el sonido estridente de las toyotas que abren sus cuatro puertas para que la voz de Brito sobrevuele la atmósfera en medio de una tenue brisa que la va apagando lentamente en la lejanía.

Silvio Brito se arrellana en la maríapalito tejida en mimbre, cruza sus piernas y entrecruza los dedos para proyectar la imagen de aquel cazador que duerme en su interior y que en ocasiones es su otro yo. Usted lo puede imaginar siempre como el descendiente lejano de un emperador negro perteneciente a la Mina de Maranhão que usaba su halcón de cetrería para cazar aves y pequeños cuadrúpedos.
Está vestido de blanco, como si fuera a partir dentro de poco a un culto afro-brasileño donde él podría oficiar de cantante lírico que calma con sus versos el llanto por la pérdida de las preciosas aves soltadas minutos antes de su llegada triunfal.

El sabe que sobrelleva una fama que a veces pesa como hierro sobre sus espaldas. Sabe, además, que afuera discuten ardorosamente si su canto es mejor que el de Jorge Oñate o si supera al de Poncho Zuleta.

Es consciente, eso sí, que figura entre los grandes y que, a la hora de los escalafones entre vallenatólogos desaforados, siempre está entre los tres primeros lugares. El ascenso lo fue logrando –un vuelo como el de las aves de cetrería– desde que grabó Llegaste a mí, esa composición de Roberto Calderón que marcaría el comienzo de una fulgurante carrera musical.En el año 73, Silvio Brito se fue a Bogotá con la esperanza de iniciar estudios universitarios.
Llevaba la semilla del canto vallenato y el recuerdo de las parrandas interminables de su padre, junto a Toño Salas, el viejo Emilianito y Chico Bolaños, tres músicos emblemáticos de aquellos tiempos. Sabía que era necesario alcanzar los más altos estudios y por eso había decidido sumergirse en aquella ciudad que parecía de ensueños.

No importó el frío sobrecogedor de los días sin final ni la bruma perpetua que le cubría los ojos, ni los infinitos paraguas negros que se desplegaban en las calles para amortiguar la lluvia.Poco a poco fue adentrándose en aquella especie de selva cruzada por cemento y casas tristes a lado y lado de las avenidas. Primero llegaron los amigos, todos costeños, alegres y bullangueros, amantes y cultores de esos cantos vallenatos que iniciaban una invasión musical sin precedentes en la historia de la capital.
Eran jóvenes como él, provincianos del Caribe remoto, estudiantes de todo y de nada, cantantes por necesidad, algunos; guacharaqueros sin ritmo, tocadores de caja y casanovas que buscaban abrirse paso en medio de un anonimato casi irremediable, otros.Después vinieron sus canciones y la esquiva fama. Hoy goza de ésta, de la buena: su interpretación del tema “Ausencia Sentimental”, de la autoría del compositor guajiro Rafael Manjarrés, fue declarado himno del Festival de La Leyenda Vallenata en su más reciente versión. Y eso, poco se sabe. Tampoco se sabe –o se sabe poco – que sus canciones se escuchan en México, Venezuela y Panamá, entre otros países.

Entrevista con el cantautor Silvio Rodríguez


-------------ENTREVISTA CON SILVIO RODRIGUEZ(tomado de Milenio, 15 de julio de 2010)http://www.milenio.com/node/487637 “


La libertad a presos, parte de la Evolución”Ocupado en los asuntos del arte tanto como en la política, el artista Silvio Rodríguez habló desde Cuba con MILENIO sobre la coyuntura en la isla; “un paso –dice– que cambia la visión de todo”. Ciudad de México.- Con una marcada vocación hacia la música, pero también a tocar asuntos delicados y difíciles porque, dice, “si nosotros mismos no indagamos en nuestras contradicciones, ¿qué vamos a esperar de los que no nos quieren”, el cantante, guitarrista y compositor Silvio Rodríguez (1946), fundador en los años 60 de la Nueva Trova, junto con Pablo Milanés, no duda cuando le preguntamos si las excarcelaciones de los presos políticos que tienen lugar en la isla son parte de la “evolución” que él alienta, como ha reiterado en los últimos meses dentro y fuera de Cuba, y también en su más reciente disco, Segunda cita (2010) con temas como “Sea señora” (2008) que, en palabras de Silvio, “salió como un exabrupto.

Es como un voto a la evolución política de Cuba, sin olvidar a dos pilares de nuestra historia, los próceres Maceo y Martí”.La conversación incluye su opinión sobre la nueva disidencia y el paso dado por el presidente Raúl Castro ante las excarcelaciones que, según Silvio, “es tan trascendente que cambia la visión de todo”.¿Consideras las liberaciones de presos políticos como parte de la “evolución” que alientas en la isla?Me parece que sí, es un paso que necesitaba nuestra nación para salir de una especie de punto muerto en que se hallaba.¿Por qué ahora y no antes? ¿Hubo una preocupación real de que Guillermo Fariñas muriera y se valoró que lo mejor era enfrentar el problema con una excarcelación masiva?Yo no sé por qué sucedió precisamente ahora, pero desde hace tiempo tenía la impresión de que esta era la voluntad del gobierno, o de la parte del gobierno con la que más me identifico.
Supongo que se estaba trabajando en esa dirección, buscando el modo de hacerlo.Guillermo Fariñas calificó de “importantísimo y esencial” que el ex presidente Fidel Castro haya reaparecido estos días en público “para que los más recalcitrantes” en el gobierno “no puedan acusar a Raúl Castro y a los que quieren los cambios, de traidores al líder”. ¿Compartes esta opinión?
No niego que pueda verse de esa manera aunque, desde que la enfermedad lo separó del gobierno hace cuatro años, Fidel sólo se ha pronunciado sobre aspectos de la política internacional. Para mí esa es una señal de que no está gobernando el país. Por otra parte, me parece que el peso moral de Fidel lo va a sobrevivir. Su trayectoria ha creado una imantación sólo comparable a la de Martí en la historia de Cuba.¿Por qué ahora sí la Iglesia católica local fue un buen interlocutor?
Las relaciones Iglesia-gobierno han madurado mucho, en una dirección positiva. Gracias a eso el gobierno ha tenido el mediador idóneo y por eso la Iglesia ha podido jugar este excelente papel en función de la nación de la que es parte.
¿En qué medida influye la grave crisis económica que enfrenta la isla a que el diálogo con la Iglesia y España haya prosperado?

De hecho, falta saber qué hará la Unión Europea con su “posición común”, que desde 2003 condicionó el comercio y la cooperación con Cuba a la puesta en libertad de 75 presos “de conciencia”, como los llama Amnistía Internacional?
La economía suele ser un motor que jala en una dirección o en otra. La situación económica es delicada pero, viendo otros lugares, incluso países desarrollados, pudiera pensar que estamos mejor preparados para ciertas eventualidades. Cuba ha sufrido el bloqueo más largo de la historia. Los seres más racionales del planeta han coincidido en que se trata de una agresión “injustificable” e “inmoral”, como dijo el papa Juan Pablo II. Hace mucho que debió terminar.

La llamada “posición común” no es más que un eslabón de la injusticia. Europa tiene la oportunidad de dar un buen mazazo a esa cadena.¿Qué sigue y qué falta dentro de la “evolución”?

¿Es posible pensar en una disidencia interna legalizada, con un medio de prensa propio?
Hace algunos años, en México, en un panel público durante una feria del libro, un cubano residente en el exterior me preguntó algo similar. Recuerdo que le dije que el papel que pretendía la oposición le llegaría en su momento. No sabría decir si es ahora, pero hoy estamos más cerca que entonces de que pueda haber una oposición permitida y a la vez permisible —porque esa es una moneda, como todas, de dos caras—. Por otra parte, la evolución de la que he hablado no es sólo política, es también económica.
¿Cambió la posición de la revolución frente a la disidencia, a la que siempre calificó de “mercenaria”, o cambió el perfil?de la disidencia?
El paso dado es tan trascendente que cambia la visión de todo, nos sitúa en una nueva realidad donde el próximo movimiento le corresponde al otro. La situación anterior era muy curiosa, porque todas las partes estaban de acuerdo en que había que superarla.
Después del paso, esa coincidencia se ha animado.Por último, hacía 30 años que no viajabas a Estados Unidos porque se te impedía hacerlo.
¿Por qué crees que se levantó la restricción, y qué país y qué gente hallaste?
El país que vi, antes que nada, es enorme. Y muy rico.
Lo digo consciente de que el mundo es mucho más grande que un solo país, por grande y rico que éste sea. Donde más tiempo estuve fue en la fabulosa ciudad de Nueva York, donde ya había estado un par de veces. Es un lugar espléndido que por supuesto arroja sombras, porque toda magnificencia tiene un precio.En todas partes encontré gente maravillosa, muy trabajadora y también acostumbrada a disfrutar de la vida, como debe ser.

La gira tuvo que ser muy improvisada, porque todavía existía la improbabilidad de la visa y los teatros no esperan por esas cosas.
La gira no hubiera sido un éxito sin el apoyo constante del público, mayoritariamente latinoamericano y cubano, aunque en todos los conciertos hubo estadunidenses, algunos que ni hablaban español.
Me fue entrañable que Pete Seeger asistiera al segundo concierto en el Carnegie. Su presencia fue como una batería moral.
Otro buen amigo, Benicio del Toro, viajó desde Puerto Rico, su tierra natal, para vernos, y después estuvo en el concierto de Los Ángeles. En Oakland, en San Francisco, me conmovieron mucho las combativas palabras de una alcaldesa de la zona del puerto, que subió al escenario a darnos la bienvenida.
En Washington pedí al presidente Obama que liberara a nuestros cinco héroes, gesto que el pueblo cubano le va a agradecer, él no se imagina cuánto. En Orlando me reencontré con familiares y amigos muy queridos.
Fue un concierto donde la mayoría eran cubanos, pese a la coacción que algunos medios miamenses ejercen sobre nuestra comunidad.Cierto que hacía 30 años que no me daban visa y que yo sentía curiosidad por volver a EU, de viajar al oeste del país, donde nunca había estado. Cierto también que a Obama no le deben ser fáciles muchas cosas, muy especialmente las relacionadas con Cuba y el bloqueo.
Pero el paso que ha dado Cuba no se puede ignorar, aunque la ultraderecha cubana se oponga.
Irene Selser


--------------------MOVIMIENTO MEXICANO DE SOLIDARIDAD CON CUBAnuestra página web:http://www.unidad.org.mx/mmsc/ nuestro blog (información sobre actividades del movimiento de solidaridad, resolutivos del encuentro nacional e invitaciones a eventos en México y Cuba: http://mmscuba.blogspot.com/ página web de la Embajada de Cuba en México: http://www.embacuba.com.mx/ ------------------------------------

jueves, 1 de julio de 2010

LIBERTAD







Á NOCHE SÍ SALDRA EL SOL

ESTÁ NOCHE SÍ SALDRA EL SOL

Diana Marina Neri Arriaga.

No he decirlo desde un análisis político o la importante profundidad teórica (que de todos modos carezco) sino desde lo más hondo de mis poros exaltados: ¡ESTOY FELIZ! ¡PROFUNDAMENTE CONTENTA! Y la razón atónita que me convoca: LA LIBERTAD DE LOS PRESOS POLÍTICOS DE ATENCO.

Miles de días de movilizaciones, actos políticos, conjuras, volateos, gritos, fundamentaciones, claridades de no culpabilidad, concientización, convicción compartida, solidaridad, trasnochadas, amores de plantón, cartas y firmas de Elsa, Ernesto, Sergio o los premios noveles, tocadas y tamborazos, boteos y discusiones. Una que otra división y muchos malos entendidos; lágrimas, impotencia, rabia y otra vez la furia anti sistémica, la presencia de grandes narradores constructores de la resistencia y uno que otro panfleto; poesía en las calles y cantos desde la celda, profunda entrega, debates y bloqueos mediáticos, frustración y millones de mexicanos sólo viendo el futbol (como dice Galeano un espectáculo con pocos protagonistas y muchos espectadores) berenjenas y soledad, años y parecía siempre cárcel.

Sin embargo este jueves 30 de junio a las 15 horas, desde los patios solemnes y extraviados de La suprema corte se grito: libertad y la LIBERTAD se abrió.

Metafísica o en abstracto pero la libertad abraza, conmueve, revitaliza, y lo más importante que ahora Óscar Hernández, Inés Rodolfo Cuéllar, Julio César Espinoza, Juan Carlos Estrada, Edgar Morales, Jorge Ordóñez, Narciso Arellano, Alejandro Pilón, Román Ordóñez, Ignacio del Valle Medina, Felipe Álvarez y Héctor Galindo pueden mirar otros ojos de lucha, saberse entre sus amigos, familia, anónimos solidarios, compas y camaradas.

En cuanto supe corrí…. Y lo primero que se me ocurrió fue ir a la suprema corte y… nada; pregunte a los compas del SME y… nada; ¿ángel de la independencia y millones de humanos saltando de gozo? No, tampoco…nada. Hasta que una bella rebelde me aviso y lo lógico…¡zaz! Muchos pasos se apresuran al altiplano, otros a Molino de Flores y nomás no puedo (ahhh… que desesperación por ello) ir.

Entonces en el Zócalo llega la marcha del SME y… “De norte a sur, de este a oeste, ganaremos esta lucha, cueste lo que cueste”, acá están muchas luchas más, y unos volantes improvisados me acompañan mientras a mi modo también celebro: Una rica torta vegana, porque la LIBERTAD es aún una palabra lejana para nuestros otros compas animales.

Con entusiasmo y frenesí.

DIANA


Hoy luce el sol, pero también se ve la luna
El día es claro, y aún se aprecian tus destellos
Muestra la esperanza de una lucha que aún perdura
Y habrá un día que el sol salga de noche
Una noche saldrá el sol--cualquier noche

Y el pueblo encenderá una hoguera
La hoguera encenderá una mecha
Y esa mecha arderá y hará explotar
Hará explotar a la clase obrera

Revolución del proletariado, la solución anarquismo
Organización, autogestión, milicia, sindicato,
Emancipación--cualquier noche saldrá el sol.

Y al patrón nunca verás trabajando en esta tierra cuando aprieta el sol
Y al patrón nunca verás trabajando en esta tierra siempre de sol a sol
Sonoris Kausa… “cualquier noche”

domingo, 13 de junio de 2010

El mito del amor romántico


El mito del amor romántico


Mayo 19, 2010

CORAL HERRERA GÓMEZ

"En los cuentos los hombres representan lo positivo, el progreso, la superaciónde obstáculos; las mujeres son recompensas a esos triunfos, piezas de caza".

Corla Herrera Gómez

La literatura y el cine han contribuido a imponer en Occidente el ideal del amor romántico, un modelo que reserva papeles distintos a hombres y mujeres.


CoralHerrera Gómez lleva años estudiando la configuración de ese modelo y está apunto de publicar el libro `La construcción sociocultural del amor romántico'.


Autora también de la página especialistaenamor.com, explica qué esperan del amorhombres y mujeres.¿El amor es una utopía?La posmodernidad es una etapa marcada por la insatisfacción permanente. Elhambre de emociones intensas nos condena a la frustración. El amor se nos vendecomo un estado permanente e ideal a través del cual llegar a la felicidad total.Es un refugio en el que mucha gente busca la "salvación" individual. Al ser unideal, la realidad no hace sino frustrarnos. Cuantas más expectativas noshacemos en torno a nuestra pareja ideal, más sufrimos y más nos desencantamos.Idealismo y realismo son polos opuestos.¿De dónde nace ese ideal?El romanticismo es un producto de la cultura patriarcal. Es un fenómeno quecomenzó en el XIX con la venta masiva de novelas románticas y que consolidó elcine de Hollywood, y ahora también la industria de Bollywood.


Se ha expandido por todo el planeta, como una epidemia cultural.
¿Qué rol asigna el amor romántico a los hombres?A los hombres jóvenes se les concede el rol de animal salvaje. Su función esvivir aventuras y tratar de huir del compromiso pero disfrutando de las mujeres.Una vez casado, al hombre se le asigna un rol protector con su familia, es lacabeza pensante.¿Y a las mujeres?Se nos asigna un papel doble. Por un lado están las cazadoras de hombres,representadas como voraces e insaciables porque sienten deseo propio y buscanformar una pareja con un hombre que las satisfaga y las mantenga. Por otro ladoestán las que ejercen un rol pasivo, encerradas en casa esperando a que llegueel príncipe azul que le otorgará una identidad y colmará su vacío existencial.
¿Siguen ellas soñando con el príncipe azul?
Las mujeres a menudo asumen que son menores de edad que precisan de cuidadosconstantes. Antiguamente las mujeres solo podíamos ascender en la escalasocioeconómica a través del matrimonio: las mujeres no podían abrir una cuentabancaria sin sus padres o maridos. Por eso siempre deseaban que un hombre lesotorgase el papel de adultas y les permitiese tener presencia social en losactos públicos de su esposo. Ese deseo mitifica la figura masculina a ojos delas mujeres, que buscan en ellos protección, placer y cariño, seguridad,estabilidad y sobre todo, felicidad. Aunque después su vida conyugal sea uninfierno.¿Y ellos, quieren ser príncipes azules?El amor es cada vez más importante para los hombres, pero han sido educados parano renunciar nunca a su libertad. Muchos de ellos huyen del amor porque tienenmiedo a ser dominados por la mujer. Si pensamos en la figura tragicómica delcalzonazos nos damos cuenta del terror masculino al poder femenino. Es lo queprobablemente impida a los hombres tener relaciones igualitarias.
Las mujereshemos sido representadas tradicionalmente como devoradoras insaciables.¿Quién sufre más por amor?
Todos sufrimos con la misma intensidad.
Las mujeres tenemos más herramientaspara expresarlo y comunicarlo: dominamos el lenguaje de los sentimientos y podemos desahogarnos con amigas y amigos.
El tradicional hermetismo de loshombres les lleva a padecer el sufrimiento en silencio, porque les cuesta mástener conversaciones íntimas en las que muestren su vulnerabilidad.¿Están los hombres desorientados ante la mayor independencia de la mujer?Hay autores que hablan de la crisis de la masculinidad. El macho ibérico está endecadencia y es ridiculizado en la televisión. Además, el proceso deindependencia de las mujeres está siendo arrasador para algunos: han sidoeducados para entender que el papel de las mujeres es cuidarlos y asistirlos;les choca que su compañera gane un sueldo superior al suyo.
Las técnicas dereproducción asistida también les quita su importancia, porque una mujer puedeprocrear sola gracias a la tecnología, sin necesidad de tener pareja.¿Cuál es el aspecto del amor romántico que más perjudica a los hombres?
La cultura patriarcal ha enseñado a los hombres a ser fuertes, valientes,violentos, protectores. Tienen que defender a su familia, trabajar deslomándosepara mantenerla y lograr el éxito en su vida profesional. Los hombres de verdadtienen que ser viriles, con un apetito sexual devorador, y se les reclama quecumplan en la cama siempre, como si fueran máquinas perfectas de erección yeyaculación. Hoy los hombres antipatriarcales quieren deshacerse de estosimperativos culturales y reclaman el derecho a ser sensibles, pacíficos, arelacionarse de otra forma con las mujeres, en un plano de igualdad, de respetomutuo, de generosidad y comunicación.
¿Transmiten los cuentos tradicionales un esquema machista basado en el ideal delamor romántico?La representación de las mujeres como seres inferiores, débiles, pasivos,miedosos, o malévolos (las madrastras de Blancanieves y de Cenicienta) que vivenesperando ser las elegidas, ha hecho mucho daño a la autoestima de las mujeres.Las mujeres de los cuentos se conforman y esperan. Los hombres representan lopositivo, el progreso, la mejora, la superación de obstáculos, la valentía, lacapacidad de luchar, la fuerza y la nobleza del espíritu, porque se embarcan enmisiones heroicas para restablecer la justicia, y eso les da sentido a su vida yun lugar en el mundo. Las mujeres son recompensas a esos triunfos, como lo sonlas piezas de caza.
¿Habría, entonces, que prohibir su lectura en las escuelas?Hay que empezar a crear contenidos en los que las mujeres sean protagonistas desu vida, donde se reflejen los valores positivos y las habilidades femeninas.

Se trataría de poner al revés esos cuentos, aprovecharlos para que el alumnadoanalice esos estereotipos sexistas, no sólo en los cuentos tradicionales, sinotambién en los anuncios publicitarios, los programas de televisión, losvideojuegos, las películas.

¿Se pude superar el modelo del amor romántico?

Va evolucionando, pero cada vez es más consumista, más cerrado en sí mismo, másidealizado. En la posmodernidad el ego es narcisista y miedoso. El amor entreestos egos está preñado de otros intereses que nada tienen que ver con el amor:acumular bienes, aparentar, pagar hipotecas a medias, vivir en sociedad. Elmodelo de amor ideal es aquel que no está basado en la necesidad ni el miedo ala soledad. Un amor exento de ansias de exclusividad, un amor libre en el que noexistiese el concepto de propiedad privada.

Tomado del blog



miércoles 9 de junio de 2010

¿ES POSIBLE UNA NUEVA SOCIEDAD DENTRO DE LA VIEJA?
La respuesta está en todos y cada uno de nosotros. ¿Qué queremos para nuestra vida? ¿Qué dejaremos a nuestros hijos, nietos y demás descendencia? ¿Cómo queremos vivir hoy mismo? Estas preguntas necesitan no sólo respuestas sino ACCIONES, y este blog está destinado a ello. Proponer, compartir y realizar ideas en la vida cotidiana, y llevarlas a cabo HOY, AQUÍ, donde quiera que cada quien se encuentre.Llámalo Nueva Economía, Economía Solidaria, Trueque, Ecología, Pacifismo, Comercio Justo, Sociedad Sustentable o como quieras, pero PONTE A HACER cosas en favor de este planeta, de tu país, de tu gente, de tu entorno, de tu familia, de tus hijos, DE TI MISM@, pues nadie vendrá a hacerlo por ti, y sí seguirá existiendo quien se aproveche precisamente de la inacción de la mayoría silenciosa para lucrar, explotar, vender, destruir, contaminar, asesinar y aprovecharse de mil maneras de lo que es de todos nosotros.No hay excusa, no hay a quién echarle la culpa de la miseria a la que se ha condenado a la humanidad por las grandes corporaciones, los gobiernos, los ejércitos, si no es a nosotros mismos, los silenciosos, los quietos, los que simplemente abrimos ojos, boca y oídos para tragar sin masticar ideologías, formas de vida, estatutos, limitaciones y reglas supuestamente inamovibles. Y somos nosotros quienes podemos cambiar esto, aunque no sea sino en nuestro pequeño microcosmos personal, familiar o de amistades, que ya sería mucho.¿Tienes muchos amigos o conocidos? Organízate. ¿Eres más bien solitario y antisocial? Haz algo por tu cuenta. Con que no destruyas e incluso llegues a producir algo bueno para el mundo hasta donde llegan tus brazos, ya es más que suficiente para este mundo atribulado. No se necesitan héroes, sino personas sencillas y con conciencia para cambiar el paradigma social de nuestro tiempo, marcado por el egoísmo, el lucro, el inmediatismo y el consumo ciego.Te invito, pues, a que logremos juntos, de uno en uno y cada quien en su parcela, que esto cambie, para nuestro bien e incluso para bien de quienes no piensan ni soñarán nunca con un mundo mejor, más libre, justo, solidario, vivo, limpio y pacífico. Por ellos, por quienes ni siquiera saben que se puede, nosotros haremos el trabajo.¿Quién se apunta?



PROBADITAS DE CONTRA AMOR.

  Tiene mucho que no hablo de contra amor, y ya es urgente retomarlo en términos de la palabra escrita y hablada para compartir, ya que en l...